HAITÍ, un país cálido en las mentes frías de sus dirigentes, en el que vuelven los dictadores exiliados y mueren. Hoy “Baby Doc” a la edad de 63 años.

 ¡ ADIÓS A LAS ARMAS !..  SI TODAVÍA SE ESTÁ A TIEMPO EN HAITÍ

Se van las fuerzas armadas de Naciones Unidas, y Haití después de no recuperarse de ninguna manera, pese a los esfuerzos internacionales, decide remontar su vieja aspiración, volver a conformar su ejército. Una milicia que siempre ha servido para organizar golpes de estado, sangrientos estados de sitio esforzados en la humillación de no dar ninguna validez a los derechos humanos con un exceso de desfachatez, para no seguir ni diplomáticamente los consejos y advertencias que recibía sobre lo que es totalmente prioritario o no, vuelve a fomentarse en las ideas de los nuevos dirigentes haitianos.

Pocos recordarán lo sucedidó en este país caribeño en los años 50, en donde el Presidente del pais caribeño François “Papa Doc” Duvalier, y su hijo Jean Claude “Baby Doc”, fallecido hoy 21 de Noviembre 2017 a la edad de 63 años, “reinó a golpe de machete” durante 29 inamoviles años para la intranquilidad y la falta de sosiego de la población, infligido por la brutal milicia privada del dictador, refiriéndonos a los Tonton Macoutes como los causantes de las atrocidades que llevaron a la muerte a cerca de treinta mil personas. Una poblacion que por el simple hecho de discrepar del regimén en cualquier esquina, era capturada, torturada y eliminada,

En 1986, el temido “Baby Doc” tuvo que abandonar Haití forzado por el complot de los altos mandos del ejército, practicando similares horribles escenarios de represión. Abogado que ha gozado de impunidad tanto en el exilio francés como a su entrometida vuelta a Haití.

Posteriormente y ante la presión internacional, llega por elecciones democráticas Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote salesiano que a sus 38 años asume la presidencia en 1991, toda vez que no dura más de 7 meses en el ejercicio de la función, siendo derrocado por los militares y otro electos, aficionados a cometer las mayores atrocidades que acabaron con la vida de más de 4.000 personas. Posteriormente Aristide entre 1994 y 1996 y en el período entre 2001 y 2004, y ya en el poder, se sirve de la colaboración de Naciones Unidas, y muy especialmente de la intervención militar de los Estados Unidos para desmantelar a las fuerzas armadas.

Después de los desastres climáticos, terremotos y una incontinencia migratoria que navega a USA, asalta las fronteras con Rep. Dominicana en busca de trabajo, aunque en muchos casos también se traduzca con realizar los desmanes que provoca la envidia y la angustía por no hallar una mínima parte de ese estado de semi-bienestar del país vecino, los haitianos siguen aumentando en un número incalculable, con una presencia silenciosa, hacinada, mal pagada y con signos alarmantes de explosionar en algún momento. Y es en esas circunstancias cuando los cascos azules concluyen con su misión de pacificación, abandonando escalonadamente Haití, cuando el nuevo gobierno de la república semipresidencialista, encabezado por Jovenel Moïse y su Primer Ministro Jack Guy Lafontant, abren las puertas del reclutamiento voluntario para formar un nuevo ejército entre mujeres y hombres de 18 a 25 años de edad, que tras más de 22 años ha sido inexistente, insistiendo que el motivo es puro y simplemente alcanzar el indiscutible fin por recuperar la soberanía nacional, cuando lo más prudente hubiese sido, y esa es la opinión que transmitimos contrariamente, descartar esa opción por instaurar una herramienta peligrosa, que puede volver a producir reacciones inesperadas, cuestionadas por el mundo civilizado al reprobarla en la historia reciente, sustituyéndola por una policia motivada y entregada a combatir las muchas anomalías existentes en Haití.

Haití se independizó de Francia el uno de enero de 1804, hace 214 años, reconociéndola Estados Unidos en 1826. La superficie de 27.750,13 km2 ( 20.560 km2 menos que Rep. Dominicana ) que en teoría alberga a 10.995.182 habitantes, con casí idéntica densidad a la que física fronteriza de 376 km. compartida con Rep. Dominicana que tiene 48.310 km2 y una población de 10.766.998 ciuadanos. Mientras que en Haití hay desolación, deforestación y una fuerte atracción para recoger terremotos y tormentas huracanadas, lo que nos da una idea de la masificación y una desproporcionalidad y gigantesco descontrol demográfico que causa una problemática incierta para con la subsistencia.

Su capital Puerto Príncipe, con 36,04 km2. Alberga a casí un millón de habitantes, de los que más de 300.000 se hacinan en barrios peligrosos conocidos, como el célebre Cité Soléil, que contempla el encuadre perimetral de 34 barrios, con viviendas construídas de deshechos y que no son más grandes que el tamaño de una habitación de 16 m2 siendo generosos, en el que llegan a intimidar e intimidarse familias con más de 12 sujetos impasibles, cubriéndose con techos de zinc agujereados y sin más puerta que una cortina fina y rasgada. Pequeños recovecos que sirven para ocultar la droga, la desnutrición, la desesperanza, el paro, la prostitución, la organización de bandas violentísimas y la entronización del vuduismo que compagina sus ritos con otros procedentes de las religiones cristianas.

Así es Haití, en donde la inseguridad permanece segura para quienes la provocan, reinando el caos, la más absoluta miseria la falta de asistencia médica, el paro y una gran falta de interés por la cultura que intentan trasladar afanosas ONG-s.

Haití también es la caja blindada, protegida tras imponentes muros de piedra que rodean residenciales suntuosos, que aunque no sean muchos, son una provocación para los que desde los veinticinco metros de distancia no pueden acercarse a riesgo de que le partan la espalda. Bancos fantamas, anónimas asociaciones delictivas que atesoran valijas custodiadas las veinticuatro horas del día por un cuerpo de seguridad armados con automáticas, conteniendo mucha información reservada procedente de medio mundo que a niveles altos son motivo de chantaje y extorsión contínuada, y muchísimo dinero efectivo oculto procedente de los ílicitos negocios, el narcotráfico y la venta de armas principalmente, en el que se fraguan vendetas aplicando el terror inimaginable que practican ceremonialmente los criollos elegidos para sembrarlo cuando sea necesario, ordenado por cultos intermediarios de la misma raza que fue esclava, que utilizan cualquier medio o contacto para conseguir finiquitar un trabajo en donde sea, rechazando ser sicarios sino todo lo contrario, más bien la respuesta saneada que exige la cosmología, la magía y el “hechizo mal conceptuado” del vudú, un estigma que todo haitiano lleva dentro y que es más frío que el hielo.

Bastiones, los citados anteriormente, que la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) en sus recorridos para guardar el orden en todo el país no consiguieron en ellos jamás penetrar, por hallar siempre un frente de abogados en estado de alerta permanente e in situ, que abobinando del mal tampoco daban facilidades para comprobar si el demonio estaba dentro de los recintos que gestionaban, unos espacios caribeños decorados a la más suntuosidad yanqui-europea-colombiana.

Según el nuevo gobierno y no hay rubor alguno cuando así lo manifiestan, la función de las nuevas y modernizadas Fuerzas Armadas Haitianas será patrullar los mares.. (sin naves), vigiar la frontera con Dominicana, que es como darle la llave al preso de la celda en que está encerrado, dado que la corrupción por permitir la entrada, tanto de una parte como de la otra, es una generalidad nada encubierta ni disimulada, sin miedo a que exista alguna finalidad de descubrirla.

Habría de añadirse a tal disparidad de las presunciones que desea abordar el gobierno haitiano, que quedaría por resolver su “preocupación” derivado por el contrabando, cuando se sabe que el suministro de armas cortas y medio largas de calibre letal, es consentido, convenido y tramitado desde la frontera haitiana a la dominicana. Baste decir que en el 70% de los carros, pistolas y revólveres se acunan en las guanteras de vehículos de lunas entintadas en el caótico tráfico rodado dominicano, sin contar los cinturones de hebillas anchas y largas camisas que ocultan esas armas listas para dilinquir en la calle, establecimientos y hogares, que portan los facinerosos de ambos lados que no tienen respeto ni rparo alguno por acortar la vida.

Otro argumento que reza Herve Denis, el ministro de Defensa de Haití, es que el personal integrado en el ejército serviría para paliar los efectos de los desastres naturales, que no suceden todos los días abundamos nosotros, con la salvedad que ante los mismos ha sido la comunidad internacional la que ha prestado ayuda en el primer instante, mientras que bandas de delincuentes patroneados y auspiciados por la logísica de antiguos resabiados cabecillas militares, asaltaban los convoyes con alimentos y medicinas para acumularlos y venderlos en el “mercado negro, en el que llegaron a producirse largas refriegas bélicas por los ataques surgidos entre reducidos grupos de apoyo de “cascos azules” y las avalanchas de muchos contingentes procedentes de urdidos planes de requisa fermentada en una violencia sin límites.

Las fuerzas policiales actuales están compuestas por 15.000 hombres y escasas mujeres, deseando implementar la colaboración, después del éxito obligado en el reclutamiento en un primera fase de 500 reclutas que ya están en movimiento, en su condición de pertenencia inicial al nuevo ejército haitiano. Una decisión controvertida, que dicen los portavoces del gobierno paliaría la retirada de los últimos 2300 cascos azules. De las muchas unidades que desde hace 13 años controlaron el caos todavía no desaparecido en la actualidad, quedará únicamente una presencia testimonial para las agencias de ayuda humanitaria que todavía quedan en el país.

Las autoridades haitianas son conscientes de la retitencia que muestran claramente en la sede de la ONU, pero los nuevos mandatarios sigue opinando que se trata más qué un ejército, en una nueva y mejor formada fuerza de seguridad que pueda disuadir a los elencos locales de malandros que cada vez se reafirman en importancia por sus hechos silenciados en los escasos medios de comuncación.

Jovenel Moïse, el actual y joven de 49 años, Presidente de la isla caribeña desde febrero de 2017, el “hombre banana” como así le llaman sus compatriotas, no se fia del amago, de la fidelidad de la policia y quiere traer orden y trabajo como principal función a uno de los páises más pobres de la Ámerica profunda y el Caribe, por lo que seguirá añadiendo más efectivos a partir de 2018, decisión que es interpelada con voces críticas en las que se recuerda que Haití tiene una larga y sangrienta tradición de militares que tarde o temprano interfieren en la política democática, reprimiendo brutamente los derechos civiles a machetazos, sangre y fuego.

A todo lo expuesto debería añadirse el alto costo de un ejército, lo que hace que se mermen los presupuestos para atender las devastaciones sufridas últimamente por el rosario de huracanes y terremotos que ha vivido la parte pobre de la isla conocida en su descubrimiento como “La Española”.

Y en el caso que sirviese para el control de fronteras y su contrabando con respecto a Rep. Dominicana, que dicen les hace perder entre 200 y 500 millones de dólares, (una cifra dudosa a nuestro entender) la contestación se fundamenta en que ya hay policia, en teoría suficiente que fiscaliza la frontera con Dominicana, y que es el mutuo acuerdo amparado en la corrupción entre funcionarios que desde ambos lados hacen que el tráfico humano se intensifique, el aprovisionamiento de armas y municiones, cuyo origen es Estados Unidos, se consolide y que no son precisamente “bananas y piñas” los únicos productos dignos de mención para crear una alerta tributaria.

Mantener un ejército con las actuales estructuras ecónomicas es un dislate, aumentar la eficacia de la policia actual para luchar contra una fuente de peligrosidad arraigada es una necesidad perentoria y de un interés general, corresponderia a una voluntad con perspectiva a favor de conquistar la normalidad, hemancillada por la precariedad del país, pero no representaría un costo tan elevadísimo como la de crear un ejército convencional al que la tentación, muchas veces inducida, por los que proceden de los tres ejes del mal citados anteriormente, podrían reanimarse para que la historia de la “degradación humana” volviera a repetirse, máxime cuando la medida será impropiamente admitida por un pueblo que ya tiene suficiente con arañar todos los días el pan y el escaso caldo que ha dejado de recordar que sabor realmente tiene.

No a las armas, no al temor de un Presidente, probablemente amenazado desde el día que nació, que siempre podrá recurrir a la protección de Naciones Unidas como ya se hizo en otras ocasiones, y sí a la concienciación, a la lucha contra el crimen organizado y darle al país una brizna de esperanza, un aliento de confianza aunque sea prestada, imitando otros perfíles de comercio y servicios a prestar, por lo que han apostado otros países con mucho tesón, mucha preparación profesional, pero menos ayuda y nada de vudú. Y si es así, seguro que conseguirán sobresalir de ese núcleo espantoso de contradicciones, de paradojas endurecidas y demacradas que siguen debilitándose en el siempre sugestionado e impredecible Haití.

 

7 Comments

  1. Ese pueblo necesita más ayuda de las naciones unidas, y no permitirle la conformación de un ejercito que no resolvera nada en ese pais, teniendo 15,000 policias que pueden muy bien resolver el desorden.

  2. Te enteresa mucho lo que esta pasando en mi pais senores, pero ese senor toma su tiempo para descrirbir mentiras sin piedad de que sus salivas no se le ahogarse,pues Haïti no tiene labadie el paraiso sobre la tierra,les cotes des arcadins,jacmel,port salut,Îles à vaches enfin unos lugares que te hagas sonar y este perder no toma ni un segondo para citarlos,como petion villeetcetera…,pues haiti ya tiene si ejercito asi que preparense del otro lado de la frontera justo para cooperar y punto.

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