Una reflexión que puedes compartir.. o no

Hombres sonriendo

 

¿ Dónde está la sonrisa ?, tan necesaria.. pero hoy perdida en un inmenso erial

Se ha instalado en la imagen del hombre y la mujer española, afortunadamente no en todos y en todas, hágase la salvedad por dar diferenciación a los sexos, un efecto espejo que produce el intentar aparentar lo que se ve en las series de televisión, en los dañinos realitys, en las películas de acción y en las revistas de moda, en las fotografías y en los anuncios de todo tipo en cualquier lugar, en sus vecinas, y vecinos, humeantes de problemas, inmersos en el secretismo, que sostienen en sus labios un impenetrable rictus que les impide arrojar una sonrisa, que podría ser cautivadora si se presta la ocasión.. que es indispensable para transmitir los condicionantes para lograr el acercamiento, el cariño y amistad. Desde los más jóvenes a las más maduras o vejestorios, la mirada fija, extraviada y los labios sellados en una constante cuando observas a la fauna humana, paseando con paso firme, y porqué no decirlo, lo suficientemente agresiva para no tropezar con ellas.. o ellos (me empieza a resultar grotesco emplear los artículos de gramática indeterminada) ni por equivocación, lo que induce a pensar en un “postureo” carente de atractivo, clónico, ficticio, amorfo y sin voluntad de recabar en un diálogo abierto, sincero y sin cortapisas, cuando existe el diferencial y la oportunidad de creer, que han podido llamar al timbre sensorial del interés entre unos y otras.

Si no nos reconvertimos, la robotización nos absorberá la ilusión, y la sociedad seguirá cayendo al precipicio de los olvidos irrecuperables. Si no modificamos nuestros hábitos, llegará un momento en que hasta los encuentros de los “singles” serán repetitivos y suficientemente aburridos. Si no arrastramos nuestra imaginación a los límites de la curiosidad para atraer a los demás, se establecerá un paroxismo que únicamente será capaz de emitir sonidos y monosílabos que la contracultura está impidiendo ampliar con victorioso regodeo, desencanto y con candente hierro virtual, que mata poco a poco nuestros reflejos mentales con el resultado de aceptar que estamos predestinados a vestirnos en la piel de unos anónimos solitarios invisibles, que nunca hubiésemos sospechado ser. Nos estamos acostumbrando a la simpleza, a considerarlo todo como “super”, dando por fallido el ingenio, y alabando el sinsentido.

Las redes sociales han servido para acercar relaciones olvidadas, fotografías retocadas, opiniones y comentarios ciertos… y también muy falsos, retorcidos y nefastos, pasando buena parte de nuestra existencia frente a una computadora, un teléfono móvil de ultísima generación, y en un gimnasio por si llega el momento de aparecer fuertes y seguros, muy saturados de pastillas, pues tenemos prisa, frente a quienes buscamos con tanta insistencia, para quizás obtener un trofeo encima de la cabecera de la cama, olvidando lo que perdimos en el jardín de nuestra infancia, refiriéndonos a la inocencia, un fruto que madura con las buenas experiencias y con el sentido de la proporcionalidad amarrado a nuestra posición y progreso como individuos capaces de reinventarnos si fuese necesario hacerlo.

Estamos inmersos en un mar muerto que imita un lecho de cristal, de calma absoluta, de serenidad muy mal calculada si somos incapaces de nadar, como podamos, a esa orilla que nos hará reflexionar. De lo contrario, solo podrá reanimarnos un despertador digital para avisarnos que nuestro ritmo cardíaco va a dejar de funcionar, permitiéndonos seguir viviendo como zombis encerrados en un sueño tormentoso, de fantasías inalcanzables y de tantas insaciables noticias sin trascendencia y veracidad, que al parecer son las necesarias para seguir pastando en el erial de la vida, sin mayor complicación que dejarnos consumir por la ansiedad y unos miedos imborrables que afectan nuestra “diezmada” personalidad.

 

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