A la sociedad la roban y de la justicia se mofan

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Erase una vez, y mañana más también se recordará, un país en el que los ladrones (chorizos) se mofaban de las leyes, de los ingenuos y maniatados jueces que administran leyes del siglo XVII, muchas caducas y otras sin adaptar todavía a los nuevos modismos del crimen que reina en la actualidad en una sociedad atemorizada y enfermiza, sin olvidarnos de una policía que está hasta los cataplines (testículos) y ovarios, cada vez que aprehenden a uno de estos sinvergüenzas para verlos después de unas horas salir por la puerta del recochineo, por supuesto con cargos, como no podría ser otra forma, y nos imaginamos que no de conciencia precisamente, pues eso es para los perjudicados que ya están hasta las narices, considerando formar en la ficción unos comités de justicieros a lo Charles Bronson y Cia., y dar escarmientos de palabra, obra, además de alguna hostia consagrada que vengue el escarnio producido, parecido al clamor en un bingo esperpéntico, en el que casi siempre canta algún jugador de cartoncillos su afortunada suerte que ha sido la de robar y dejar con desdicha a otro desafortunado, tras perder mucho más de lo recibido.

A un tipo de 19 años en Barcelona, el magistrado le prohíbe al ladrón entrar en párkings, delinquir, toda vez que su historial delictivo acumula más de 100 sustracciones en y de vehículos, mientras sospechamos que el elegido para la gloria del escaqueo autorizado, sigue sin haber dado un palo al agua, divirtiéndose de lo lindo a enfrentar al ratón y al gato, destornillándose de risa, musitando para sus adentros algo parecido al anda que os den por donde más os duela, por lo cretinos que podáis ser y lo tontos indefensos que sois siempre, que seguro lo seréis más que una suela de papel de un zapato detenido frente a un escaparate, haciendo “glu-glu”, en una charca de agua de lluvia y mierda de cloaca o vaca, que es como ya huele el agravio comparativo.

Es tal el “sufrimiento” del que fue reo prontamente liberado, que para celebrar sus libertades consideradas sin riesgo de fuga, al considerarse el cabrón, víctima de una sociedad inmadura y maligna, se metió 4 rayas de cocaína y cuatro quintos de cerveza Estrella, eligiendo y sin haberse acostumbrado a su perplejidad, un CD de Julio Iglesias para regalarlo al juez, especialmente con ese tema que dice.. “ me va, me va, me va, me va la gente de aquí y de allá. Me va la fiesta, la madrugada, me va el cantar “ .. y ese jueces serios y muchos aniñados, que algún día se arrepentirán.. de no forzar y actualizar la actual legislación, para proteger a los ciudadanos de un mal que ha dejado de ser menor.

Los robos siguen proliferando y son cada vez más violentos y despiadados, y se pregunta la gente que es lo que hay que hacer para que el valor de lo propio no lo acumule quien no es su propietario, sin pasar largamente hospedado por el recinto enjaulado que lejos de rehabilitarle, al menos consiga retenerlo para trabajar en una cantera con una cadena y una bola ceñida al tobillo, hasta conseguir sumar el doble económico de lo robado, para ser devuelto con creces a los que desgraciadamente ya empiezan a acostumbrarse y padecer una anomalía en el síndrome de Estocolmo, que ya es el colmo, porqué eso de odiar el delito y compadecer al delincuente pertenece a una leyenda de otros tiempos remotos.


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