A vosotros papás, que no sabéis dejarme en paz

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A los imprudentes papás aficionados a representar a sus hijos y terminan convirtiéndose en un “peñazo

Desde la atolondrada idea de padres fracasados que por todos los medios y en el pasado reciente propugnaban, algunos con insuficiencias englobadas en el término “lelos”, materializar aspiraciones con dar una vuelta de tuerca forzada a la suerte, ejerciendo una presión indeseada ya desde la temprana edad de sus hijos, que indefensos debían soportar las ideas de dichos progenitores atascados en un delirio tan precoz como el de ellos, sufragando e influyendo en la temprana y ajena voluntad, para realizar y obligar sin el expreso deseo del interesado, actividades extra-escolares destinadas a cursos, especialmente dedicados al fútbol, tenis, baloncesto, golf entre otras preferencias, aplicando prácticas añadidas los sábados, domingos y fiestas de guardar, destinándolos a costosos clinics que pudieran servir para convertir a los “elegidos” a ser, además de diestros en la disciplina elegida, también en forofos y fanáticos de las figuras más representativas del deporte, soñando a la vez que algún día ellos serían esos aclamados protagonistas con su nombre y alabados apellidos reflejados en los medios deportivos, bien pagados y alzados habitualmente a hombros tras un partido, hemos pasado a observar que en la actualidad se sigue con idéntica rutina y más latente visión de ver más allá de los cristalinos ojos de una realidad excesivamente competitiva, lo que ha llegado a desfigurar las oportunidades de muchos niños ya siendo jóvenes hoy, que han perdido más tiempo en alimentar las ambiciones notorias de los papás, que a convertirse para lo que mejor podrían servir a la sociedad o en el mercado laboral, aunque las excepciones las hay de muchos renombrados conocidos popularmente que han sabido compartir afición y dedicación distinta, ya sean matemáticos, físicos, economistas, médicos, escritores, cantantes y otros en sectores diversos y en el panel intelectual.. e incluso buenos electricistas, fontaneros o carpinteros, que ya quedan pocos y los que se ofrecen a la tarea indispensable de trabajar, que lo tienen aprendido desde un “youtube”, dedicado a los manitas, como recurso ante la falta de una formación profesional o su propia otrora ausencia de estímulos.

Todo este episodio viene a cuento de sugerir y advertir a esas personas que se creen van a representar los intereses de sus vástagos algún maravilloso día de bendiciones, en el que por arte de magia surge de la espesura o de las gradas algún caza talentos que lo convenza y atenace, tal el padre de Lionel Messi por citar un ejemplo, para confirmar que el destino no está reñido con el éxito y mucho menos con las oportunidades que llegan inesperadamente, pero lo que no puede consentirse ni tolerarse es contribuir a alterar las ambiciones y el tiempo escaso que nos ofrece la vida y que se oculta tras cualquier competición, transcurriendo sin demoras e impidiendo en determinados momentos la necesidad de que también y sin exclusiva se requieren instantes y recuerdos para el mañana, para su uso y disfrute en lo que más apetezca a esos seres que despiertan en el seno de una familia y en el inicio de su adolescencia que así lo necesitan, manifestando por ello a regañadientes que por ver y aplaudir un juego no equivale a clonarse en un estereotipo, máxime cuando hay resistencia mental y reacciones de oposición de esos menores, que quedan a la deriva de una inquietud mal interpretada y las intenciones de una manipulación constante, gestada desde que nacen y que no tiene castigo para quienes insisten en fabricarla, lo que les obliga con inconsciencia a conseguir que terminen, creyendo en sus “portentosas” aptitudes, cuando las pruebas se difuminan al meter un gol en la portería, en la canasta, ganar un set de 4 a 2, que no significará que deban prevalecer unas aptitudes sobresalientes que exijan seguir atormentando a los muchachos, cuando a lo mejor ser campeones de parchís, ajedrez, damas, tiro al blanco o un programa como “pasa palabra”, sería el premio ambicionado por el participante en una lucha placentera y pacífica a la vez que esboza una sonrisa, que no se cruzase con la mirada regañina que desaprueba los principios de un libre albedrío al que con un exceso de celo, de quienes deben velar por el futuro de sus protegidos tampoco han tenido ocasión de disfrutarlo, y ahí se han quedado esperando frente a un televisor para ver y aplaudir a los afortunados jugar por un campeonato, sea de ciclismo o de premiar al que más lejos llegue expulsando un hueso de aceituna, mientras que algunos de sus ya nietos ya están experimentando que existe un ojo avizor sobre ellos. Y es que los papás ya convertidos en abuelos son como han sido y serán.  


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