Alberto Garzón el inútil, ministro de un consumo que reclama más medidas de atención a la realidad española

Comparte este artículo

Creo que esta reflexión puede servir para muchos ciudadanos de cualquier país que se hayan convencido de que los niños, machos y hembras, no llegan de París, como tampoco que muchos personajes considerados por si mismos, aunque no lo sepan, sean incapaces de asumir responsabilidades y lo hagan sorpresivamente cuando menos se lo esperan, tal es el caso de Garzón responsable de un obsoleto ministerio de consumo del Gobierno de España, “ad hoc” para complacer y sumar presión de sabor bananero comunista por parte de Unidas Podemos, en su periplo de desgaste político por derribar el muro que les impide “fusilar” metafóricamente a quienes no comulguen con sus ideas.  

Tener a un Pablo Iglesias de vicepresidente de un Pedro Sánchez sin todavía haber firmado el papel protagonista de presidente en una serie interminable de capítulos que le conducirían a abrir en canal al mar muerto del socialismo es muy peligroso, pues a la chita callando y con la constitución tan ambigua en la mano, se convierte en un arma que únicamente requiere de munición de fogueo por ahora, lo que hace que el susodicho Garzón se convierta en un tiro errado y a sacrificar en cuanto haya que demostrar que la ineficacia no tiene cabida en el revólver del sacrificio del que todavía le quedarán cinco tiros, los suficientes para mantener a raya  una inestabilidad necesaria para seguir chupando notoriedad de la ubre de la vaca del “estado”.

En cualquier caso Garzón es un teórico irrefrenable, transigente e inmaduro a depurar cuanto antes, dado que en realidad no sirve para nada, incluso para desdecirse, lamentar la parida y calmar al foro empresarial del turismo cuando manifiesta que poco representa en la economía de un país que vive del eje solidario de la caña de cerveza consumida por extranjería, el buen vivir y la segunda residencia de quienes han encontrado en España un remanso de paz intraducible a las mismas tonterías que se dicen en sus naciones de origen.

Yo, francamente, desde la ventana que observa la sordidez de este panorama de incertidumbre, y refiriéndonos nuevamente a Alberto Carlos Garzón Espinosa, jamás por añadidura clientelar de la familia de los Monteros, economista que poco lo parece, ministro para aumentar la plantilla de la coalición del buen vivir mientras se pueda, militante del Partido Comunista de España y de una Izquierda Unida que se murió entre luchas fratricidas discordantes e incomprensibles entre las gentes de bien, seguras, doctas, disciplinadas en convicciones y demostrada personalidad como Julio Anguita, Gaspar Llamazares y Cayo Lara, aguantando el débil progresismo de unos jóvenes que jamás vivieron un problema de ideología adaptada a una sociedad manipulada desde la dominación romana, mientras lo importante era pensar de igual manera para todos y no para salvaguardar los intereses de los militantes que aplauden y aspiran a un puesto seguro como menos en un ayuntamiento, es por lo que no es de extrañar que aparezcan y sigan haciéndolo esta clase de inadmisibles y esperpénticas figuras en una política que debería ser más consecuente con los tiempos que viven, a pesar del Covid-19 y la madre del laboratorio que lo engendró y alzó en un pacto de oportunidades para unos pocos y mucha ansiedad de preocupación para el conjunto de una sociedad que está saturada de tanta mezquindad a espuertas de una ignorancia mediática que la alimenta día infundiendo el mismo miedo que tiene Garzón por dejar de forma obligatoria su privilegiado y bien pagado puesto de cancerbero.


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*