Haití, Venezuela y otros atascos políticos y financieros

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El mundo sigue girando a pesar de sus atascos políticos y financieros, en los que ambos pertenecen a una reflexión sobre lo que significa la precaución de no saber todavía hasta donde podemos llegar cuando “internet” y los noticiarios se coman la nostalgia.

Mientras Venezuela al más puro estilo bucanero exige su parte del botín de la ayuda humanitaria, en Haití se están cometiendo tropelías que desembocan en un claro desprecio a la vida, ardiendo las gomas de los pocos vehículos, soportando el humo viciado y el aviso de refugiarse tras las inútiles puertas sin bisagras, cerraduras o cualquier otro impedimento que se atreva a bloquear al hambriento o al enviado a silenciar al que protesta con una piedra en la mano.

Mientras todo eso ocurre, las acciones de los vehículos eléctricos Tesla bajan en la bolsa, después de anunciar que a partir de la marca que aparece en el mercado difícilmente el producto pisará un taller de reparaciones, pudiendo hacer el encargo a través de una web o en una exposición itinerante. Y son los suecos los que le pisan el asfalto de forma competitiva, pues en poco tiempo de 0 a 96 km en poquísimos segundos provoca una alternativa de la oferta estadounidense que ya prepara una respuesta más dinámica y de costo reducida.

Mientras a todo eso, la bolsa no va a la baja, pero si cabizbaja está intentando que marcas como Victoria Secret siga liderando la lencería mundial, toda vez que las mujeres se precipitan a adquirir prendas más asequibles y de igual atractivo a menor precio entre una muestra muy tentadora proveniente de China.

Se dice que en USA se van a cerrar más de 4.600 centros comerciales, y de hecho son las multinacionales de ropa y calzado los que han empezado a abandonar lugares de compra tradicionales, pero hay en los escenarios de los mercados distribuidores una clara apuesta por tiendas más amplías, concentradas en puntos de tránsito frecuentados en línea de oferta diversa, teniendo en cuenta que Amazon se sigue llevando el gato al agua.

Y a todo eso en Nicaragua, Daniel Ortega se pasa por el forro de su traje oliva de campaña, las voces disidentes del régimen de más de 700 políticos prisioneros en celdas oscuras repletas de piojos y pesadillas, a los que algunos reos renombrados por calificarles de terroristas, les han caído más de 200 años a cada uno. Y pocos medios recalan en ese otro tirano que empieza a parecerse a Anastasio Somoza.

Muros que poco a poco se van levantado en la frontera estadounidense con mucho esmero y no poco preupuesto, en la que al parecer ya no pasa nada mientras los “asaltantes” se comen una hamburguesa esperando que ocurra un milagro, o se les devuelva a casa.

Concertinas que se desmontan en Ceuta y Melilla (España), por convención moral, en un ejercicio piadoso de no provocar daños lacerantes sangrientos al mundo subsahariano, y de no ser tachados de torturadores a los guardias civiles vigilantes, ante la invasión silenciosa que no deja de entrar en una Europa libre, solidaria y envejecida, que sigue reuniendo ingentes tropeles de “morenos/as” para someterlos a una esclavitud encubierta, a fin de que sigan pagando las pensiones de unos jubilados presas del pánico, cuando cruzan sus calles provincianas y creen que en otro país se encuentran por el color de los transeúntes, además de las damas del burka y el hiyab islámico.

Y el 28 de Abril, papeletas mil para los comicios de una España que ha sido llamada a las urnas, proponiendo candidaturas que se pueden hacer añicos, que siempre se ensalzan en demostrar que el otro lo ha hecho peor, tanto.. que lo dicen con la boca pequeña, para evitar que se les oiga lo que todos dicen cuando no tienen más remedio de repetir hasta la saciedad que ellos son los salvadores de un viejo mundo que se quema entre mentiras y juegos de lotería, entre partidos de fútbol e independencias que evocan políticos curtidos en no decir jamás lo que prometen si realmente lo piensan, o le tienen algún respeto al ciudadano que todavía no se atreve a mandarles a ese tarro que cierra lo podrido, y del que sale un hedor que atonta al más cauto, desaprensivo, inteligente o ignorante. Y como siempre, después de lo que ocurra, será esperpéntico y será para rato.


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