Atención a las mujeres desalmadas por necesidad u ociosidad, que amarlas y/o ayudarlas puede ser peligroso

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En la Liga Haitiana Internacional – Lihati – una organización vital y necesaria, sabiamente dirigida que sigue su serio periplo por mantener una postura de acercamiento entre los nacionales que residen o necesariamente no concluyen sus formalidades, y que están suponiendo un problema de adaptación a las exigencias que la Ley impone en República Dominicana, empieza por una autocrítica férrea que debe estudiar el hecho de la falta de educación, ya anómala desde el origen que ha creado significativamente un inconveniente, lo que hace que poco valor se añada a lo que ya ofrece una vida borrascosa y embadurnada de actos que rayan o son perfectamente inasumibles y contrarios a la imagen convulsionada, de un país que ahora más que nunca necesita de ayuda y respeto.

Se han constatado y comprobado fehacientemente que proliferan prácticas antisociales más cercanas al bandidaje que a la solución de centrarse en buscar un empleo, en el que sin temor a errar existe más oferta que demanda, refiriéndonos concretamente a tres aspectos básicos que deben abordarse cuanto antes : la mala y abusiva mala práctica de algunas jóvenes mujeres que desacreditan a Haití como país, la falta de credibilidad que con ello acompaña socialmente la anomalía por la escasez de una conducta adecuada, lo que repercute en la proliferación de “guetos” y la rebeldía por pura simpleza e ignorancia, que entraña una acción directa de la policía e instituciones públicas para corregir lo que muchos empiezan por convencerse de que este entramado y otros, pueden dar como respuesta a una acción invertebrada de invasión silenciosa, manifestaciones que desde la Liga Haitiana Internacional niegan rotundamente, aspirando en todo momento en reunir los condicionantes para analizarlos en un mesa de competencias e intervenir para recuperar la sensatez, tal como apunta su presidente el licenciado Marc-aurel Bonne-Annèe.

Recorrido y similitud por varias experiencias

Todos los entrevistados empiezan por transmitir entre varios epítetos altisonantes una similitud de carácter aproximada: “todas las jóvenes que he conocido no son idénticas para decir que se ha degenerado un medio de subsistencia habitual en una moda que ha estado siempre latente, es decir un comportamiento censurable e inadecuado y con una total falta de respeto”, pero algunas, siguen añadiendo los comentarios “muchas, demasiadas ya por significar un rito están más pendientes de lograr una fuente de ingresos, utilizando un ardid para sacar dinero de ese cajero automático que es el hombre a ser posible extranjero, pues esos actos pendencieros son incapaces de cometerlos con hombres haitianos, sencillamente porque éstas mujeres acabarían en algún momento sirviendo como alimento en las fauces de los cocodrilos, en esas oscuras lagunas que existen en el país, además del Lago Enriquillo, en el que los animales esperan también su premio con la misma voracidad que ellas han demostrado.”.

La mujer haitiana, desolada y desprotegida, es la más perjudicada socialmente de lo que ocurre en su dramático entorno, ya sea en su país o en República Dominicana, en donde el objetivo primordial a alcanzar es conocer a alguien que la saque del hacinamiento, la pobreza, el hambre, tanto de ella misma como el que cerca y atenaza a su familia, considerando, injustamente, a los hombres víctimas propiciatorias de un botín a piratear, complejo que finalmente llegan a creer que están frente a cajeros automáticos, a los que esquilmar de forma pausada y cada vez en cuantías más elevadas, motivo por el cuál llegan a perder la razón si no consiguen lo que se proponen, importándoles poco lo que les suceda en materia de expulsión o deportación, pues la racionalidad no es su fuerte y están convencidas que su juego tiende a ganar en lo que entienden que audacia es el juego, ya sea por amenaza verbal y física directa o por parte de un tercero, o bien provocar con todo el odio y el veneno del que sean capaces vertir y muy ensayado el diálogo reivindicar y la faz envalentonada, al igual que mal aconsejado el pleito, como es la insistencia de hacer ver al ya convertido en su presa, que puede tener un accidente fruto de su propia cicatería, si no accede a sus pretensiones, o que le pinchen fortuitamente en la calle, que le sustraigan el pasaporte, acusarle de estupro o abuso de una niña menor de edad, sin menospreciar a provocar una riña que termine en agresión por ambas partes, por una violencia desorbitada que emplean con el insulto y la palabra, lo que haría que interviniese la fiscalía como así debe ser, que ante todo debe responder con la eficacia y prontitud de una investigación a fondo, para no perjudicar a quien no ha cometido delito alguno.

Con respecto a lo narrado si se produce el caso, que ya se ha experimentado en algunos extranjeros de nacionalidades distintas, especialmente canadienses, estadounidenses, italianos y españoles, lo principal es la cautela e impedir que los agravios y las situaciones agrias que se ven venir tengan testigos localizables, por lo que la sugerencia es llamar cuanto antes a la policía, retirarse y no permanecer a solas con la chantajista, y en el supuesto que la intervención llegue a mayores, resolverla con un hàbeas corpus de inmediato y en el juzgado más próximo a dónde se destinen los informes y la recopilación de pruebas, solicitando sean de ADN y un examen piscológico, que determinará y dará valor a las manifestaciones concursales en el incidente, haciendo prevalecer los derechos y obligaciones tanto del que acusa como del que se defiende, pidiendo pena coercitiva si se demuestra la razón y tras la demostración de la inocencia, solicitar una deportación, si su situación es irregular, que debe prever y garantizar no perjudicar a terceros, como son hermanos pequeños o hijos de la encausada si los tuviera.

Estas mujeres de básico y bajo perfíl intelectual, dominadas por las viejas leyendas urbanas y conocidas popularmente como “chapeadoras”, están poseídas de una naturaleza “tigresa universitaria” que emana de las necesidades más perentorias y un interés exacerbado que lo aderezan de un instinto pendenciero, pero que en ningún caso justifica que se permitan tales desmanes contra una supuesta violencia de género, precisamente cuando la intención del que se acerca y ha sido perjudicado in extremis, ha sido ayudar en la medida que pueda a quien se encuentra en situación precaria y pasa el tiempo inexorablemente en una jaula de sonrisas y otros deleites placenteros, para después comprobar el horror del acoso y dentro de una “estigmatización” planeada desde el primer momento del contacto que se rebela a seguir demacrado, en donde la vulnerabilidad se convierte en dependencia, comprensión y en fatuo provecho de unas circunstancias en donde entran las patrañas, los embustes, las enfermedades, los supuestos ingresos hospitalarios y una retahíla de mentiras que tarde o temprano salen al descubierto.

Si alguno de nuestros lectores se encuentra con una situación parecida, le aconsejamos no caiga en la trampa y haga una oportuna denuncia sin demora, o una previa puesta en conocimiento de los hechos que presientan y que conocen a la perfección las autoridades dominicanas, y si lo que realmente pretende es no actuar en consecuencia para evitar perjuicios males mayores y prejuicios aparentes colaterales, no opte por ninguna sutil “venganza” o dar una lección, ni tampoco recluirse en el remordimiento de entender una culpabilidad desmedida, por mucho incordio que haya padecido, pues afortunadamente las leyes en República Dominicana y el conocimiento de tales prácticas por parte de estas mujeres que alegarán siempre indefensión, una virtuosidad evangélica, cristiana y timorata, harán y se esforzarán en una rerpresentación teatral de aplauso mayúsculo, en el que cambian el tono de voz grotesco por otro más dulce cuando se les interrogue, lo que reafirmará que este tipo de enseñanzas es lo único que aprenden y les interesa sin perturbarse un ápice, quienes ven en el hombre educado un pasajero a expoliar, al que desean que se seque lentamente y hacerse con su voluntad, persiguiendo una de las enseñanzas autoctónas del vudú: ” si pones fe y te convences logras lo que te mereces “ .. y si le añades “una bocada de humo seguida de un trago de aguardiente seguro que lo consigues”.


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