Cavando nuestras propias fosas para enterrar las dudas y las decepciones

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Una agresión a la sociedad civil a escala mundial se perpetra desde una atalaya inalcanzable, desde la que se emiten y reparten chantajistas instrucciones por la mensajería virtual, la que obliga a los gobernantes a seguir un plan estratégico al pie de la letra elaborado hace años, precisamente cuando avistaron los riesgos todavía no aclarados, probablemente relacionados con el posible impacto en la Tierra de un enorme asteroide que ocasionaría el principio apocalíptico o el final de la especie humana, o tal vez una recesión económica que comparada con la de 1928 sería una aceituna embarcada en un cascarón de nuez en mitad de un océano, considerando sin extrañeza la amenaza extraterrestre que siempre ha estado presente y ya no puede ocultarse, pues las evidencias son firmes para suponer una invasión y la extinción de una buena parte de una población que sobrepasaría los 8000 millones de habitantes, entre documentados e irregulares que jamás han visto una cédula de identidad, que añadida a un importante número de envejecientes que gastan más de lo permisible en detrimento de las arcas de los Estados más deprimidos o dedicados a la excelsa actitud de favorecer y subvencionarse mutuamente con el adagio directo de mantener las corruptelas y otros amañados vicios bastardos, ya sea con el fin además de persistir en el empeño de demostrar que las democracias del bienestar tienen muy mal llevar las cuentas de las jubilaciones anticipadas y registradas en una seguridad social cada día más raquítica, restando complementos presupuestarios que los convierten en innecesarios para seguir con el ninguneo de las cadenas de favores, trapicheo en medicinas y vacunas anti-covid 19, que terminarán muchas por no llegar y otras almacenadas, además de las perdidas en un almacén que quedarán por el caos y la desorganización, después de abonar facturas multimillonarias, sin menospreciar otras tantas partículas de discursos “populistas” y falsos que se estrellan por ineficaces en la cooperación exterior, que solo se promete y olvida, al igual que la asistencia sanitaria cada vez más costosa y la privada que no del todo te asegura, y un largo etcétera de excesos de obligado cumplimiento que te los traduce una máquina parlante cuando te quejas con una total impotencia por resolver los problemas más cercanos a tu existencia, en otro tiempo con derechos de consumidor, hoy tristemente de obediente mancebo del sistema que hemos creado y admitimos todos.

Existen otros submundos en esta Tierra que se acongoja, con la salvedad de que a la vez muchas multinacionales en manos de quienes tiran de los hilos, se enriquecen como de costumbre con el sacrificio de los demás que considera esclavos, sin importar el motivo, dolor o castigo, lo que descubre una fuente inagotable de un recetario económico que produce  la industria farmacéutica y sus laboratorios para crear la enfermedad y a la vez un remedio eficaz que podría contener dependencia, sin olvidarnos y en lo equidistante como centros de ensayo que jamás les pedirán explicaciones a sus colaboradores más fiables, refiriéndonos a los clientes habituales de los centros asistenciales primarios y de urgencias, incluyendo las residencias de pago, a éstas últimas acobardadas y a quienes han sometido desde las haciendas públicas a un control riguroso impositivo por cada muerto o vivo, obligándoles a disponer de un personal especializado, desde el cocinero a un médico de cabecera disponible en todo momento, enfermería y un equipo de ayuda y distracción, lo que hace que un traslado a un hospital como recurso sea imperioso emplearlo, convirtiéndose en una oportunidad para desprenderse de un paciente sobrante, molesto, ido de razón al que hay que darle salida ya que no se puede darle una lección, para así acumulando víctimas, aumentar la estadística de la virulenta pandemia, aunque su deceso se deba a un exceso de años o al clásico infarto de miocardio.

Dicho todo lo anterior, es muy probable que la aparición de una gripe de un período más allá del cuaternario, denominada Covid-19, haya hecho su aparición de forma casual y programada por la curía científica más tarde causando posteriormente estragos y penas, sin reclamar muchas explicaciones que no sean las normales, a tenor de que autopsias no se hacen y una rotura de clavícula puede suponer que el “coronavirus” acompañe al próximo difunto por una simple caída en lo poco que le queda de vida, impidiendo que se extrapolen comentarios negacionistas y aupando las órdenes positivistas de que hay que ponerse el “bozal” llamado mascarilla a todas las horas del día, pues el mundo con la cobardía demostrada se acaba, inconsciente y emocionalmente perturbado, mostrándose dispuesto a cavar hondas fosas sin picos ni palas, para además de tapar las calamidades, torpezas y errores, soterrar en silencio a los caídos, a los mismos que previamente se les han secuestrado sus libertades, derechos, obligaciones y una identidad como ser rota en mil pedazos.

En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”. Bertrand Rusell (1872-1970) Filósofo, matemático y escritor británico.

Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”. René Descartes (1596-1650) Filósofo y matemático francés.


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