Coronavirus, la cola del coloso goloso dragón rojo

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2ª parte de la saga “el bueno”, “el feo” y “el malo”

Si tuviésemos que ponerle guión a otra repetida película de terror, parecida a las muchas que se han visionado a través de los años, apuntaríamos un escrito en el que cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia, afirmando con rotundidad que el texto y las imágenes se han basado en una historia real, aludiendo a un desconfiado país asiático temeroso de que la reacción occidental belicista estuviese próxima a comenzar por su extremada y bien gestionada competitividad, pudiéndole causar a la postre un mal irremediable en su envidiable economía tanto local como internacional, al ser ya considerado un coloso indiscutible en una sociedad de libre comercio.

Éste gran país con una gran muralla humana que lo defenderá a capa y espada, probablemente se ha visto obligado a dar un primer y arriesgado paso para anticiparse al detrimento mayúsculo que causaría a sus cerca de 1500 millones de habitantes, por lo que no sería extraño que hubiese organizado un escenario amplificado en la trama de un contagio virulento especialmente fabricado en laboratorio opaco a nivel mundial y en defensa de sus importantes intereses, que para no levantar sospechas habría optado por inocular a unos cuantos miles de sus ciudadanos más sacrificados, un virus extremadamente nocivo en calidad de experimento, para después “nutrirlo” en el débil cuerpo de “sobrantes” ancianos y otras gentes de patologías diversas, sin importar la edad, alcance o nacionalidad, ya sea negra o caucásica por supuesto, toda vez que en ese teatro de operaciones faltarían actores secundarios y futuros damnificados cercanos al ansiado mar Mediterráneo, para de dicho modo lograr un clima más creíble y llamativo, máxime cuando el que hablaba otrora latín renunció y dejó en papel mojado el contrato de colaboración, después de firmar un acuerdo de representación con el gigante de ojos oblicuos, renunciando así a seguir con lo pactado, cuestión forzada y determinante al haberse percatado los estados unidos y los socios “otan vs nato” de una traición que podría ser perdonada pero jamás olvidada, motivando por el otro lado de la mesa de los mandarines agraviados una terrible rabieta y sed de venganza, considerando dar como severa respuesta un ejemplo de castigo letal y necesario, lo que daría también origen de provecho beneficioso a sacar negocio de lo hecho, socorriendo y vendiendo al mundo mascarillas, gafas de protección, batas y respiraderos para “domesticar” al “coronavirus” que campa a sus anchas y sin control por sus irrespetuosos y poderosos bacilos ( sin v de vaciles y mucho de vendetta ) en hospitales, residencias y salones feriales convertidos en antesala de crematorios y cementerios, observando curiosamente que muchos de los materiales encargados y pagados a tocateja, por millones ya estaban almacenados antes de producirse este gran fiasco en Europa y más tarde en América.

Y éste es el guión al que todavía no se le ha puesto The End definitivo, pues no sabemos si se le ha ocurrido otra idea al director de tan maligno proceso melodramático, o si ha modificado la duración del largometraje y su escena final, que es posible una vez realizado el film, no lleguen nunca a tiempo los espectadores de ver el desenlace que los protagonistas muy conocidos, confabulándose por miedo, se han apresurado a censurarlo.

Por cierto, el bueno representa a los mediocres mandatarios de un mundo endeudado sin control y mucha hipócrita solidaridad que mienten más que el diablo, el feo a unos comparsas que entre demócratas y republicanos siempre vociferan demasiado armando un nuevo campo de batalla, y los malos corresponden a ese papel de equilibristas del sufragio universal con piel de comunistas, probablemente disidentes del doctrinario y a favor de la filosofía de a mayor confusión menor redención, así como quiénes dan primero golpean dos veces, omitiendo seguir las enseñanzas impartidas con honestidad en el monasterio Shaolin, donde los monjes cierran sus ojos en señal de desaprobación y duelo a quienes consideran al mundo con un aforo de “ganado” muy amplío, rebosante de pobres y poco rentable, que debe ser reducido para dar entrada a los caros robots, que ya están inquietos y esperando para defender o venderse.. fabricados en esas compañías que han sido rescatadas y “nacionalizadas” a favor de importantes “magnates” a un precio irrisorio gracias a la extirpe de ese gran dragón rojo que no deja de dar coletazos.


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