Coronavirus, un cuento chino o la Venganza de Andrómeda

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No dejamos de expresar nuestra consternación, pero hemos llegado a la conclusión que ningún gobernante ni político de segunda fila va a jugarse la carrera, afirmando que las medidas disuasorias para contraer el virus son fruto de un maremagnun de informes contradictorios, que al fin y al cabo no les comprometen por aplicar medidas exageradas, que a nosotros nos parecen descalifican a quienes infunden temores preconcebidos, asociados también dentro de una teoría de la conspiración y de un país que ha sabido sacar provecho de la situación, ya de por sí enfermiza como es la economía actual.

La alarma mundial desatada por el coronavirus si se compara con la gripe común, causó más muertes en España el año pasado que este nuevo virus en todo el planeta a día de hoy (más de 2.600 muertos y 80.000 contagios, la mayoría en China).

La última campaña de gripe en España causó 525.300 casos y 6.300 muertes, un 1,2%, más que el 0,7% de letalidad del coronavirus fuera de España.

Según los últimos informes difundidos por el Instituto Nacional de Estadística, el 54,7 por ciento de las 427.721 muertes en España en 2018, último año del que se tiene datos, fueron por enfermedades del sistema circulatorio (primera causa de muerte en mujeres) y por tumores (principal motivo en hombres).

China, la gran perjudicada de esa pandemia al parecer incontrolable que iba a terminar con 1/3 de la población mundial, no iba a permitir de ninguna manera reducir un mercado de cerca de 8000 millones de consumidores que ya dista mucho de ser potencial, por culpa de una “gripe” más acusada y letal para los “chavales” de más de 60 y tantos, que son los que claudican por patologías o simple edad en fase de caducidad.

El “coronavirus de las narices” tiene los días contados, todo lo que dure la operación “Jaque Mate al blanquito y al gringo”, dado que al descubierto queda el escenario vacío de un hospital en Wuhan, en el que todos los enfermos milagrosamente se han curado en un plis plas, mientras que el gobierno chino ha hecho uno de los mayores y más rentables negocios de su existencia, mucho más allá y antes de empezar la guerra fría cuando fueron a ver al “Papa de Roma” como mediador para que les dijese a los occidentales que si no les dejaban entrar en la esfera del libre comercio, la liaban 1200 millones de seres humanos hambrientos, que por entonces era su población, a golpes de kung-fu, piedras o lo primero que cayese en sus manos.

20 mil millones de dólares es lo que se han beneficiado los estrategas económicos de Xi Jinping (Presidente de la República Popular China), al adquirir algo más del 30% de las acciones correspondientes a la pertenencia de las empresas occidentales ubicadas en China, gracias a que el pánico bien orquestado del virus más famoso y ya “emblemático”, sirvió para abrir el saco del desconcierto y el terror a instancias de un horror maquillado bien interpretado, para que los ojos del mundo compadeciese la regresión y hundimiento del “yuan” la moneda china con signos de preocupación, dejando sus títulos de participación empresarial con urgencia de venta y encima de la mesa para firmar una lamentable retirada y dejar que el apocalipsis financiero fuese de menor trascendencia en una precaria situación, algo que el banco central chino aceptó “ ni siquiera a regañadientes”, considerando la decisión como el reflejo de una alarma natural ante los acontecimientos imprevistos que podrían degenerar en una pérdida mayor.

Los chinos a base de hierbas y otras vacunas han logrado el milagro deteniendo el colapso de esa gripe tan ordinaria que les ha servido para aumentar su fuerza, la misma que ipso facto bloqueo las fronteras a través de un ejército que detenía a quienes no seguían el guión de un secuestro social premeditado para evitar el común contagio, preferentemente el de la ciudad y región de Wuhan, el otro Chernobyl asiático de fiebre extrema, y para que ningún curioso entrase a desbaratar la trama hasta que la fuerte caída de la bolsa interna no rozase el 45 % de vertiginosa bajada, consiguiendo que ningún broker astuto ni tan siquiera considerase el valor de los centros de investigación, las zonas de alta tecnología y una industria que sectorialmente toca todas las teclas del comercio, la misma que supera el 20% de la producción mundial, consideraciones que no se tuvieron en cuenta, originándose una cascada de ventas de todo el accionariado chino al no encontrar a nadie que confiase en una recuperación a tan corto plazo, dejando que ocupasen sus sillones un reemplazo de tiburones chinos, que de inmediato ordenaron la adquisición de todo lo que parecía invendible y caía en sus ofertas y propuestas.

Después del huracán llega la calma y así ha sido, ahora en la actualidad, cuando estadounidenses y europeos se sienten decepcionados y algunos se dirigen cabizbajos a la bancarrota sin ninguna otra relevante oportunidad, con el presentimiento de que todo se ha debido a un montaje al concederle a una enfermedad de proporciones más atrevidas que las conocidas, una consideración que a lo mejor no llega a superar las cifras de victimas que causan las gripes estacionales, lo que nos demuestra que el efecto dominó y una buena campaña de promoción de mascarilla salvadora, mucha noticia a lo “Amenaza de Andrómeda” hace que el éxito del simulacro se escriba en la historia como un juego de ajedrez, en el que uno de los jugadores se esfumó antes de perder la partida.

China nos ha engañado o fingido una ceremonia sanitaria, con su cuento al que todavía no le pone final por estar pendiente de redactar las nuevas condiciones, en las que no necesitará consensuar nada con sus “socios” ya no considerados preferenciales, imponiendo ellos las tarifas, el trasporte, el coste, seguro y flete, además de fomentar la propiedad de sus almacenes reguladores y distribuidores de su misma nacionalidad en todo el mundo.

Todo quedará en casa, y el oro no servirá para pertrechar las arcas extranjeras sino para aumentar las reservas de una China inquieta, que ya viaja a la Luna a buscar “piedrecitas” que vendernos por Wish o Joom, descartando a Amazon al que solo les une, además de las relaciones cliente-proveedor, un odio exacerbado a lo milenario, al que seguirán obsequiando con producto barato, del que mucho se perderá por el camino, hasta no ver como las piezas del Mahjong las mueven a su antojo.

Han sabido mover los juegos dentro de una entelequia envidiable, consiguiendo millones de dólares en ganancias, quitándose de encima a socios vulnerables y miedicas a un “coronavirus” que bien podría denominarse la “corona de las víctimas”.

Y así se sigue, unos castigando a los italianos por su amenaza de traición al insinuar salirse de la Unión Europea, otros que ya lo han hecho y empatizan con el diablo americano, mientras que éste les suelta escupitajos a un Iran desprevenido, entre otros muchos detalles que no vienen al caso y de los que tendremos pronto confirmación precisa para estampar unas risas cuando alguien a dos metros nos estornuda y corre disparado para que no le tachen de apestado, mientras en China aprovechan para hacer reformas y volver al tajo para seguir haciendo caja de una depresión económica que seguro hará subir los precios de sus gadgets y otros artilugios innecesarios, sin olvidar los mandos de una nueva era de la automoción por tierra, mar y aire, además de esos “drones” personalizados que nos llevarán y nos recogerán del puesto de trabajo a una hora concreta. Y es qué, además del virus que viene empaquetado versión 2.0, también llega el futuro y una limpieza de gente madura que gasta poco y se incinera en vez de gastar en un ergonómico ataúd “Made in China” .

Sobre la Venganza de Andrómeda

La novela y después el film parte de un supuesto gubernamental para estudiar un organismo extraterrestre que llega a la Tierra accidentalmente, portado por un satélite y que a pesar de los muchos controles produce una pandemia, sumergiéndonos en las deficiencias de la evolución tecnología que pudieran suscitarse por falta de preparación humana. Dicho queda.


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