Un casí 18 % ha crecido el número de denuncias por abuso de menores en España

Crece el número de denuncias por abuso de menores en España, y los políticos siguen sin reaccionar ante un problema que aumenta estadísticamente

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¡ A dónde vamos a parar ! 

Cabe suponer que siempre ha sido así o que ahora el virus de la agresividad se ha potenciado por dejadez y no le hace tampoco ascos a convertirlo, tras otro componente más radical, para abusar de los más débiles, sometiéndoles al tormento de las violaciones cuando niños son y no pueden defenderse, marchitando así una infancia que debería protegerse sin demora, fomentando la aplicación de leyes más sancionadoras que las que hoy rigen. Y sin esperar tanto señores de la política, proponiéndoles dejen de cacarear un rato muchas de las sandeces que después no cumplirán para dedicarse a un tema vital tan delicado como el expuesto aquí, en el que este año ha crecido casi el 18 % de denuncias por abusos de menores en España.

Hoy en la India se ha condenado a muerte a dos hombres por violar a una niña de 8 años, y ese es uno de los muchos casos que se producen a diario en todas las partes del mundo, llamado jocosamente civilizado.

Cada día surgen más pederastas que hacen caso omiso de las advertencias, y ciegos de deseo se dedican a cazar, convencer y someter a niños/as con la clara intención de saciar una líbido insatisfecha, en las que sus cromosomas se revisten de insensata crueldad, pues el daño no solo es fisico sino moral, retardado por la falta de entendimiento e irreparable recuerdo emocional que perturbará la vida de los inocentes menores de edad para siempre, que cayeron en sus trampas, vulnerando la confianza de sus personalidades todavía por formar.

La parafilia un tipo de trastorno sexual caracterizado por fantasías que conducen al “enemigo público número uno de la infancia” en el ejercicio de la agresión puntual a la pederastia sin importarle las consecuencias delictivas de su proceder, persistiendo, incluso después de cumplir largas penas, en seguir provocando en ellos el trastorno psicológico que puede llegar, después de saciarse de su denigrante proceder, al asesinato por no dejar huellas de su indigna fechoria que requiere de medidas más proteccionistas y ejemplarizantes.

No se puede consentir que estos depredadores vayan en aumento, que sean los causantes del ultraje, la subestimación y el hundimiento del ser indefenso en una sociedad sin vista, oído y olfato para señalar a esos despreciables que transmiten una sexualidad indecente, que puede generar entre los muchos/as acosados por ellos, un rechazo de revulsión al relacionarse emocionalmente tras la pubertad.

Se dice que todos los pederastas son pedófilos pero que éstos no tienen porqué ser pederastas. Da igual, éstos animales violan, desprecian, explotan e incluso asesinan a menores de edad, tras una ceremonia de degradación en la que se hacen valer por la necesidad económica ajena, el regalo que no se rechaza o una presunción de conducta bondadosa que inspira dulzura y confianza, que después se traducirá en un horrible espasmo, cuando la bestia desgarre la carne a todas luces inviolable en una agresión inaceptable, con un inmenso poder de seducción y una muestra de incalculable dolor que se atribuirá a ese mal llamado hombre que quiere poseer, cueste lo que cueste, el cuerpecito endeble de unos niños que pueden terminar siendo unos muñecos de trapo en manos como tenazas. “amordazándolo” por primera vez y destruyéndole sin contemplaciones, después de transgredir el respeto que se le debe a la inocencia.

No es de extrañar las contínuas denuncias en todos los ámbitos de la sociedad en el mundo, ya sea en la reprimenda civíl que contempla con preocupación cada vez más viral, a esos entusiastas de las violaciones sistemáticas en las que cada vez más participan jóvenes menores de edad y otros mayores alojados a la sombra de la educación y la enseñanza, la medicina, la religiosidad, en el que se incluyen a padres desnaturalizados y familiares directos que no tienen reparo en admitir su incontinencia o enfermedad, pretextando absurdamente, indecorosamente, falsamente, que han sido provocados por el entorno y sus víctimas,.

Comprobados los hechos esta lacra con nombre y apellidos debería de dar con sus huesos en las cárceles y para toda su vida, pues la reconducción de esas inapropiadas conductas al parecer no tienen remedio, o como solución final podría proponerse la castración genital total sustitutoria para transformar el sujeto en un vegetal sexual. Cuando salen de sus obligados cobijos enrejados se comportan peor que antes, secuestrando, violando, matando, haciendo desaparecer cualquier rastro de su abobinable intención por sembrar el terror entre las familias, cuando todos los días aparecen noticias como la que hoy nos obliga a solicitar penas más duras para quienes no deberían estar suscritos al epígrafe de delincuentes, sino en el de animales feroces, contagiosos de rabia y de gran peligrosidad, letales para el género humano que deben ser exterminados sin ninguna contemplación.

El número de denuncias por violaciones sexuales a menores en España, aumentó el 15,8 % en 2016, con 4.056 expedientados, y si tenemos en cuenta que el 85 % de los casos no son llevados al mostrador de atención de la fiscalidad competente, la alarma es fundada para solicitar una vez más a quienes nos administran, tomen conciencia de un problema que se agrava considerablemente del que ya no puede haber excusas de dilación para intervenir de forma plausible a través de los muchos medios de coerción existentes. Y siempre como medida preventiva impedir que éstos maléficos en verdad “asexuales por su inhumanidad y falta de coraje”, una vez confirmada la sospecha, dejen de atentar, atemorizar y aparecer localmente, impidiendo viajar a otros países en donde el lumpen les espera con los brazos abiertos y la sonrisa obligada de menores inocentes a los que se desprecian nada más nacer.

Todavía ignoramos cómo no se han llegado todavía a mostrar los rostros públicamente de los sinvergüenzas, como un aviso en un canal de TV con emisión constante, al igual que se hace cuando nos encontramos con un corte de sentido en la carretera en la que nos alertan de que puede acecharnos un peligro si no  tenemos en cuenta la prohibición


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