“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”

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Cita de Georg C. Lichtenberg, científico y escritor alemán

Ha habido una coincidencia en el actual mundo de los uniformes alquilados de traje y corbata al converger el “progresismo” mudo de los auténticos con el dialéctico de los oportunistas llamados a políticos, que mienten mucho hablando poco y solo se pavonean en ceremonias risueñas en los que ellos mismos se aplauden y se corean, celebrando continuamente una especie de orgía triunfalista entre todos ellos, inmersos en sus egoísmos, unidos de un corporativismo posesivo y provocador frente a sus propios conciudadanos, obviando el partidismo de cualquier ideología que se acompaña de abrazos hipócritas y furtivos, que por un efecto imán se atenazan y se clonan con idénticos defectos y tumores de deficiencia en todas las esferas similares provengan de centros, derechas e izquierdas, que ya presentimos empiezan a ser maléficas por quienes observamos el ambiente en donde se recrean, los que les obliga a esos pendencieros sociales a asociarse y conjurarse para protegerse unos a otros con el consabido hoy por ti y mañana por mí, lo que nos conduce a la demostración de la corrupción obscena de sus pretensiones por acaparar todo lo que puedan, desdeñando lo que podría calificarse de una inocente decencia en el desarrollo y entrega de sus cometidos para lo que fueron elegidos, no viendo ni por asomo que lo hagan con voluntad positiva y de buen grado, ofreciendo lo mínimo que prometieron en sus postulados y candidaturas a fin de seguir argumentando cuando concluyan sus legislaturas, siempre que no sean funcionarios “robotizados” pensionados de por vida, que no tuvieron tiempo de alcanzar sus objetivos y requieren de una segunda oportunidad para demostrar.. ¡ que la nada está vacía !.

Nada se puede esperar de estos responsables “jefecillos” de estaciones de paradas tardías siempre, que penalizan por defecto y con trampas la salida de un proyecto de ley o norma de alabanza, puesto que no conocen las reglas seguridad y ni les interesa aprenderlas para hacer bien su trabajo, dado que con el “silbato” oculto en su lugar tutelado y destacado en municipios, diputaciones, gobiernos autonómicos, senado y congreso de los diputados, tienen suficiente para hacer que viajen en el convoy los que prefieran en sus cómodos departamentos privilegiados, y así obtener más madera subvencionada para esa locomotora lenta que conduce un gobierno al que se le ha salido la máquina de la vía hace tiempo.

Nos estamos refiriendo a esa casta de rostros impenetrables, enjutos, malhumorados, cínicos y escasa sonrisa en la comisura de sus sellados labios, que prometen corresponder sus esfuerzos con asignaciones insaciables fijadas por ellos mismos, además de complementos por comisiones de servicios, y otros repartos y prebendas con la exigencia de una obligación a destacar: la de vigilar nuestras libertades como ciudadanos de un aforo que manifiesta y desaprueba las torpezas de esos “chupópteros” que mancillan y maltratan los derechos y obligaciones, pretendiendo ser éstos aficionados dictadores y dirigirnos como testaferros perpetuos de nuestras anormalidades y esclavitudes, en este nuevo sistema y orden mundial en el que nos quieren confinar para siempre, algo que ya se ha producido en distintos lugares, después de secuencias pasadas lamentables o a punto de anticiparse en los que la sangre, de seguir por esta vía estrecha de ferrocarril desvencijado podría verterse creando víctimas y mártires.

“La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra podemos morir una vez; en política, muchas veces”  Winston Churchill

Pronosticamos que la pasividad de un pueblo dolido nunca es para siempre, augurando acontecimientos que nadie desea, en los que muchos episodios violentos podrían producirse si no hay nadie con carácter que ponga serenidad en las mentes, que ya no desean ser tan comprensivas y amistosas para con toda esa chusma de falsos “profetas”, integrantes elegidos a título de “representantes” sociales, que desde la más baja escala hasta el más alto grado imprescindibles se consideran, componiendo los estamentos en donde se reparten los puestos para mantener un estatus que ahonda cada día y más en el agravio comparativo.

Advertiremos que esos actores secundarios tan bien pagados, que ya empiezan a ser cuestionados por las plebes ofendidas y contestatarias ya sea en barrios, ciudades y pueblos, pistoleros de la ocasión tropezarán con quienes no se resignan a estar subyugados, pues no es de recibo aceptar lo inadmisible y permitir que quieran amenazarnos a través de los “entes mediáticos sobornados” a poner nuestras reclamaciones cabeza abajo, mientras admitimos que reciban ellos todos el mismo “obsequio” de ordenar y mandar como les plazca, con unas instrucciones precisas de similar comportamiento y mucho menos a humillarnos sin límites, pues no valdrá que se sirvan reclamar para obedecer el “protocolo” de turno echando mano del arma de la represión, que nos obligue a que sigamos respirando por una “insolente” mascarilla nuestro propio y ya enfermizo vaho y mal sano aliento que despide nuestro cuerpo, que poco a poco se mezclará con el podrido y artificial virus que nos están inoculando para tenernos a todos con el bozal que acobarda, “protege” por decreto y ya veremos si no es mordido a jirones, cuando haya razones de hambruna que lamentar para empezar a hacerlo trizas en mil pedazos.

“Hay momentos en la vida de todo político en que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios”  Abraham Lincoln

A esos esbirros arriba aludidos se les ha comprado con salarios fijos, influencias y puertas giratorias para que desde el secretario al presidente de cualquier gran empresa, en un momento sugerido reciban tras el cese y el paso a otro correligionario el premio prometido, que forma segmentos de poder afincados en el territorio inexpugnable al ser popularmente reconocidos, por temor a lo inevitable de una reacción social que pudiera agravarse, y no tuvieran ellos tiempo suficiente de echar el candado, y ocultar la llave que abre y cierra la gran granja en la que se está convirtiendo la España ofendida, que bien haría bien en empezar a pensar en otra reconquista, pues ahora estamos invadidos por gente mezquina y adjetivo ladino.

Ni tan siquiera estamos en manos de fanáticos. Estamos en posesión de los peores irracionales que nos quieren amordazar con mascarillas. No hay peor enemigo para las personas que ellas mismas, y por esa razón todavía no hay nada perdido si se reacciona a tiempo.


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