Cuando se descubre que los militares, después de la contienda, se enfrentan al horror de descubrir que han matado a parte de su mismo universo

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A Kurtz, un militar que se perdió en el corazón de sus propias tinieblas

Ahora entiendo lo que quería transmitir el guionista del film Apocalypse Now en las reflexiones que hacía el coronel Kurtz, antes de dejarse asesinar por su compatriota ejecutor y convertirse en la leyenda de la que siempre intentaba huir, seguramente para hacer desaparecer por fin el horror que le producían sus continuas e inacabadas pesadillas en el largo río de sus experiencias.

No era ni más ni menos que la sensación que tengo de haber bajado a las profundidades del instinto primario o básico, en donde reina el intelecto primitivo y natural, netamente abierto e intacto para ser modelado, salvaje aunque domesticado para no comprender la diferencia entre lo malo o lo peor en el inicio del aprendizaje, desafortunadamente aprovechado y dominado por los esclavistas depredadores, cuyas víctimas seguirán ignorantes después de una peregrina y limitada educación, sin poder acceder al núcleo de una mejor calidad de estudio por falta de oportunidades en la que se edificará una cultura empobrecida de la nada, por no tener ni siquiera la herramienta adecuada para cultivarla y tener la esperanza de que algún día pudiese brotar algo.

Sin duda ese nicho de mentes que no van a ninguna parte se pueden convertir en los mejores combatientes de una guerra de machetes, piedras y escupidores mosquetes contra la tecnología más potente de una silenciosa arma cargada de una educada desolación y desprecio. Nada arriesgan esos soldados de lo grotesco que ensartan cabezas en sus lanzas de piedra con veneno. Nada tienen que perder, pues la muerte puede ser la liberación de un insoportable estado de sitio y de acumulada ansiedad que pide liberarla cuanto antes y que cada día es más famélica, tenaz como una sustitución a su subsistencia, lo que define al héroe ilota en su ruta suicida e irreverente con una vida pérdida como fiel compañera de sus atrocidades y sus penurias.

He visto un caracol, se deslizaba por el filo de una navaja, ese es mi sueño, más bien mi pesadilla, arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja de afeitar, y sobrevivir.”Kurtz

Estamos en los confines de una fosa escondida pero que todos conocen, en un hoyo de incertidumbre del que nadie sospecha todavía es consciente y puede convertirse en un polvorín que explote y malogre la cosecha de quienes creen poseerlo todo, que no puede tener otro valor que una merma en un balance de empresa, cuando se tienen medios y recursos para emprender una nueva conquista allende otros mares de aguas cristalinas, otras tierras de arenas para tumbar hamacas y sombrillas, menospreciando que allí mismo antes, incluso ahora, se libraron o se sucederán otras batallas sin vítores ni banderas y mucho menos rendiciones al viejo estilo de Breda del año 1625.

Entrenamos jóvenes para disparar a la gente, pero sus jefes no les dejan escribir “joder” en los aviones porque es obsceno. Kurtz

Se necesita valor y es una prueba de resistencia, cuando algunos creían haberlo perdido todo, incluso su propia estima y confianza, sin tener en cuenta ese saco de arroz que hoy se comparte con comensales hambrientos y agradecidos, que nunca sabrán que para olvidar el sabor de todos los días, a todas horas, a nosotros, esos renegados de una civilización a golpe de silbato, nos queda la libertad de endulzar la vida con un trago de ron, a una distancia cercana pero a muchas millas de comprender el tiempo que se tarda en recorrerlas.

He visto horrores… horrores que tú has visto. Pero tú no tienes derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacer eso… pero no tienes derecho a juzgarme.” Kurtz

Coronel Kurtz, hoy vamos a luchar juntos por los más débiles, desde una trinchera que hay que evitar sea sangrienta, y lo vamos a hacer por el renacer de un pueblo injustamente tratado y humillado por los que estudiaron en las universidades de la explotación que todavía siguen impartiendo clases sobre la teoría de utilizar grilletes y largas cadenas, así como degradar a la persona con una soga al cuello hasta límites insospechados que no solo dejan huellas en el cuerpo, dejando una conciencia moribunda mientras respire y su último aliento se convierta en un corto poema.

Porque no hay nada que deteste más que el hedor de la mentira.” Capitán Benjamin L. Willard – Un instante requiere para saber que no puede arrepentirse de una misión en la que la víctima le brinda ser el único ejecutor del Coronel Walter E. Kurtz.

Hoy vamos a empezar a tratar de modificar algo para que probablemente nada cambie, pero lo vamos a intentar bajo un lema cualquiera, sin más ruido en el ambiente que el último tiro de gracia en una sien que hace tiempo espera la última bala purificadora.

Y nos seguiremos perdiendo con una mirada fija en ese futuro desconocido que nos espera, si el presente nos ofrece una única y última oportunidad, para rehacer un orgullo que yace dormido en las entrañas de la madre tierra, en la que habita un corazón de león entre altas palmeras y dunas que parecen cimas inalcanzables.

Qué le parece coronel, pensamos, nos preparamos, caemos y volvemos a levantarnos para empezar, o nos rendimos sin intentarlo.

Juzgar a alguien por asesinato en esta guerra sería como poner multas de velocidad en la carrera de Indianapolis.” Capitán Benjamin

Siempre podremos celebrar nuestra derrota y nuestra irracional osadía con ese trago de ron que siempre nos esperará, aunque la botella esté medio vacía en ese rincón del alma que nos sigue acariciando, gritando con voces agrias y roncas, lo mismo que repetimos mientras supuestamente tengamos presto todavía el dedo en el gatillo de un arma vacía, en esa oscura fosa profunda que siempre será nuestra carcelera tumba en la que recibiremos siempre la visitas del horror, de esa última cobarde pesadilla que alimenta la ira que perdimos al envejecer en nuestras trincheras de lodo y cartón, de las que nunca saldremos ilesos si lo volvemos a intentar una vez más.


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