Cuántos menos afiliados a un partido, mayor número de incompetentes que nos dirigen

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Existen políticas inútiles, costosas en su concepción y únicamente provechosas cuando los políticos pertenecen a esa clase de desaprensivos que juegan con el patrimonio del que forman parte, pero olvidando con intolerante permisividad que no son los únicos dueños de un país al que representan y que deberían saber cómo defender ante cualquier situación adversa que se presente, como bien podría citarse la injerencia, – estúpida, desacertada y previamente manipulada – del australiano con escarapela de la ONU y su alegato sobre la pobreza en España, o el nuevo desafío de Marruecos para volver a soportar otro pellizco de reclamación infame y ordinaria sobre las aguas y límites territoriales españoles, en las que no hay que olvidar la presión que se mantiene y se padece en las ciudades Ceuta y Melilla, que si la memoria histórica no falla, ya existían como autónomas antes que apareciese de la nada un berberisco “rey” en la vecina costa morisca, que a la postre no hace más que sacarle “pasta” a cualquier gobierno de la península ibérica, so pena de inundar y aumentar el ejército de “menas” y migrantes, además de huestes de otro pervertido ensañamiento de lo ajeno y el beneficio de la ayuda social que perjudica en grado sumo a jubilados que han cotizado lo suyo con su trabajo.

Sólo se tiran piedras al árbol cargado de frutas. Proverbio árabe

La finalidad de quienes odian a su vecino por demostrar democracia y poca firmeza en defender su territorio, no es otra que cosechar tributo euro-moneda recién acuñada para contentar al “moro” a lo mafioso. Y si tiene alguno de nuestros lectores la osadía de ponerle argumentos a lo manifestado, hacerle saber que el calificativo de xenofobia no es adecuado, si el recurrente es un asiduo de nuestros invisibles y solitarios esfuerzos por iluminar al ignorante del significado de una geopolítica abierta a los principios de rechazo, implantación o defensa de los intereses de un “estado”.

Por todos es bien sabido que existe trazada ya una línea roja, ahora llamada cordón sanitario, que distancia a los ciudadanos de sus elegidos gracias al emparejamiento con unas siglas que amparan una organización política, en la que se registran desde afiliados convencidos con un dogma de fe y cualquiera de los muchos proyectos progresistas idénticos a los de la oposición, aunque con distinto collar y semántica dicharachera para prescribir lo mismo, hasta aquellos militantes de ocasión, los mismos que se disfrazan de humildes partisanos sin conocer la letra y música de la Bella Ciao, que únicamente pretenden sacar empleos de altura y prebendas de lo que fuere, ya sea en cargos de cartera, asesores y subdirectores, delegados, directores de fundaciones y cooperativas.. y un largo etcétera de enchufes que solo hacen que engordar al elefante distraído que aplasta cualquier sentido de ahorro presupuestario que impidiese aumentar los impuestos de holgazanes y estómagos agradecidos, algo que no sucedería si hubiese un domador que causase el respeto debido. Y todo ello sucede dentro de un proceso de selección al observar desde el atril de los discursos quienes aplauden más que otros, en vez de utilizar los recursos de selección y depuración por si llega el partido a alcanzar la totalidad o pactadas cuotas de poder, por lo que sería útil e imprescindible la intervención de un comité de cosechadores que separe la fruta podrida del cesto de la responsabilidad profesional, cuya finalidad sea la de nominar a los más idóneos para reemplazar nombres con ilustres o mal recordados apellidos, y dar una nuevo aire al ambiente, de hecho irrespirable, tan viciado que causa asfixia en todos los ámbitos de una sociedad que da signos de cansancio, mutilada en la opinión por los excesos pertrechados que se constatan a diario se van con escaramuzas implementando a amiguetes y aficionados visionarios, convirtiéndose en hechos consumados que se acumulan.. y se siguen tolerando, sin percibir que desde más allá de las montañas y desiertos algo se está cocinando con veneno y hachís “made in Morocco”, pues Perejil y el 11 M se hallan en la memoria comatosa de un terrorismo todavía anónimo.


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