Cuerpos y fuerza de seguridad del Estado español: poco se hace en su apoyo

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El campo de Gibraltar se ha convertido en uno de batalla.. en donde los “malos” incomprensiblemente siguen ganando playa y terreno.

Si el terrorismo “interno” ha dejado de ser una preocupación por parte de los políticos españoles y dado que el islamista “yihadista” no es tan selectivo y efectivo, no se puede entender como no existe un achaque de generosidad por parte de los mismos para ceder sus automóviles de gran potencia y muchos de los mismos blindados, y así dotar a la Guardia Civil de unos recursos más eficientes para la lucha contra la delincuencia organizada, tal sucede en Algeciras considerada como una zona caliente en donde ahora mismo los que deberían perseguir se sienten acosados, provocados y muchas veces desprotegidos por carecer de elementos suficientes para repeler las agresiones a las que se ven sometidos por bandas que campan sin respeto alguno por las aguas andaluzas transportando en sus potentes lanchas de goma la droga que invade el espacio de la “europacocaina”.

Hay en el parque de los automóviles oficiales más de 22.500 unidades, considerados de privilegio innecesario en muchos casos, además de los embargados, muchos “todoterrenos” también que esperan absurdamente la pública subasta a años vista, que bien pudieran completar los equipos necesarios de los abandonados guardias civiles a su suerte, si hubiese intención de trabajar con agilidad cambiando la Ley cuanto antes para que los narcotraficantes no se sigan saliendo con la suya.

No se entiende y pudiera ser por la falta de autoridad o impotencia de las demandas de las comandancias afectadas, o el simple efecto de evitar las complicaciones de quienes asumen papeles de asesores y secretarios del poder, que con su parsimonia lo dejan todo pendiente para mañana, olvidando los problemas crecientes del hoy y los que decepcionan el ayer en una España que se halla inmersa en un proceso de falta de coordinación con la Justicia central, que sigue empleando demoras incomprensibles que requieren de una reacción rápida para situaciones tan grotescas como la descrita.

La Benemérita espera respuestas, y no hay partido político que lidere una iniciativa en apoyo de una fuerza ejemplar de seguridad del Estado, que urge de apoyo institucional y menos promesas rotas con el derroche de silencios y medios. 

“El primer deber de un Gobierno leal con el pueblo y su mayor obligación es aplicar con energía y sin escasez de recursos, a quienes velan por la seguridad pública“. 

 


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