DEPORTAR LADRONES DE BARCELONA, UNA IDEA RENTABLE y NECESARIA

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Barcelona se embrutece de ladrones e inmovilismo político

Entre las famélicas instrucciones de una alcaldesa de Barcelona que habla mucho y dice poco sobre la seguridad ciudadana toda vez que no se moja ni en la ducha con sus manifestaciones, cuando declina hacer comentarios que impliquen la necesidad de acelerar con urgencia la modificación del código penal por el extremado perjuicio que causa el bochornoso acoso y tirones por parte de bandas, cada vez con mayor violencia y profusión, que bien saben quienes son los delincuentes la policía municipal, nacional, autonómica y la guardia civil, que terminan desesperados cada vez que los agarran para ver como entran por una puerta y a las horas salen de la misma con cargos, considerando también un vacío legal en cuanto a la ocupación de viviendas se refiere que bien merece una solución preferente por la relación directa que tienen.

Endureciendo el castigo por pillaje y devolución de inmediato por segunda reincidencia a quienes llegan ilegalmente o no a España, a molestar con sus vómitos y bravuconadas, robar y esquilmar con ayudas lo que bien podría llegar a los pensionistas que cotizaron su seguridad social, todo se hace borroso y desaparece el aliciente embaucador cuando se repite una y otra vez que se trata de hechos puntuales, produciéndose la huida de muchos visitantes, aspirantes a adquirir propiedades y convertirse en residentes, además de empresarios que ya se empiezan a cuestionar si deben invertir en una ciudad con leyenda obsoleta de cosmopolita que deja bastante que desear, al permitir que grupos organizados se dediquen con impunidad a cometer fechorías a destajo contra autóctonos y turistas, llegando a la conclusión que pasar los maleantes más fichados que el cartón de un bingo por dos semanas a resguardo y alimentados mejor que en el antro en donde viven, si les pescan claro está, no es suficiente para la tranquilidad que se exige para beneficiar a todos los ciudadanos por igual, arriesgando pertenencias y físico personal por un paseo o a la salida de un comercio, hotel o restaurante. Una inseguridad intolerable que ahora con la mascarilla cuesta mucho más de descifrar los rasgos de los malhechores.

¿ Y que hacen los políticos ?

Cómo se puede comprobar bastante menos o nada, que ya es mucho para quienes tienen esa presunción de inocencia solo entrando en el juzgado con un abogado de oficio que le asignan de inmediato

Los políticos buscan excusas y se mueven menos que una picadura de abeja por el oportuno síndrome del coronavirus que atemoriza pero no detiene a los amigos de lo ajeno. Ellos se mantienen firmes y circunspectos después de cobrar una nómina segura y dietas, que a ciencia cierta corresponde en parte a los impuestos cada vez más elevados con los que contribuyen los ciudadanos, que además están llamados a ser atracados en cualquier lugar y hora del día por la incompetencia de quienes debieran velar mejor para que esos “accidentes” de urbanidad no volviesen a ocurrir, reclamando a la Justicia lo que se debe por derecho exigir, es decir seguridad en las calles principalmente y más control con los que desestabilizan la buena convivencia, que si no son de aquí o no tienen la documentación en regla, mejor retornarlos por un sistema de deportación express de la misma manera que entraron.


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