Doctora Ana M. Rodríguez, presente en la nueva era de cambio, protagonista en el atractivo escenario social de mujeres dominicanas sobresalientes

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Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, la afamada, temida y respetada pintora mexicana, que se pintaba a si misma porque era la persona a quien mejor conocía, con esa manifestación así zanjaba las dudas sobre las interrogantes de su carácter, aplomo y perseverancia siempre latentes, un condicionante de personalidad que bien pudiera servir para presentar a la Doctora Ana M. Rodríguez, como una mujer dominicana capaz de superarse ante retos difíciles cuando así lo merecen, lo que en muchos casos hará y en especial que luche por una convivencia más asimilable y sin tantas diferencias entre las clases sociales, alejándose siempre de asumir complicidades entre fragmentos de uso y abuso de quienes creen estar por encima de otros, concretamente los desheredados de la tierra y de aquellos que nunca han podido paliar sus limitaciones, para acompañarse con o sin gratitud, valentía o modestia, de las oportunidades que le han podido ofrecer,  intervenir o “adquirir” en el navío de lo ignoto, mil y una veces fletado en una trayectoria sin puerto de destino.

La Doctora Ana M. Rodríguez, muy reconocida en el sector sanitario y los ámbitos de las incursiones políticas, poseedora y defensora de una marcada sensatez, que si no se aplica con la humildad y el respeto debido, para no herir y crear susceptibilidades de la mucha mediocridad reinante, pediría a cualquier interlocutor poseedor de tal nefasto atributo, que se abstenga de medirse y por mucho temperamento que tenga, no se atreva a lidiar en una batalla de intenciones que no gozan de transparencia, en donde los argumentos y las verdades prevalecerán siempre, esforzándose y obligándose se inhiba quien falsee su postura, de hacer promoción y acopio de una inevitable vergüenza en aras de alcanzar una postulación modélica que no le corresponde, máxime cuando podría afectar con su atrevida injerencia los interés ajenos, y mucho menos los que conciernen a los más débiles mentales, o aquellos que por su situación económica son considerados vulnerables y con riesgo de exclusión social por una inocultable pobreza.

La Doctora Ana M. Rodríguez, entre otras féminas de similar condición, pero no idénticas, pertenece con orgullo a esa saga de mujeres caribeñas que no hace distingos entre propios y extraños, cuando los mismos toman posturas homogéneas que sirvan para dignificar las muchas taras y carencias que todavía asolan la inadecuación de una cultura vulgar y deformada, vulnerable y sometida al adoctrinamiento incorrecto de una frivolidad y libidinosa apariencia, muchas veces parasitada que ha sido inducida por la cultura de las miajas que cultiva indebidamente una imagen turística sin límites y desaprensiva, apoyada por el clientelismo político de los autóctonos, ausentes y presentes de turno que van y vienen, lo que para ella significa un revulsivo al que aplicará el don y el dominio de su psicología que goza de gran prestigio, para refrendar que los estereotipos no son el camino, cuando podríamos decir que ella representa con autoridad a una generación de mujeres sensibles y capaces, que no hace distinciones entre los valores femeninos o masculinos, cuando en sí son los hechos, las exposiciones, los resultados y las formas de emprendimiento, para que la acción o la resolución de problemas sean los que prevalezcan sin distinción de género y clase.

La Doctora Ana M. Rodríguez recientemente ha asumido el meritorio papel de portavoz de VoCObservatorio / Voluntarios por el Cambio a través de su status como “observadora” neutral de todo lo que suceda en República Dominicana, labor a compartir como Vicepresidenta del Consejo Nacional de Movimientos Republicanos (CONAMOR), que con aprecio, magnitud y honor de recibimiento le corresponde su Presidente Ángel Osiris Peralta, para considerar su incorporación con el orgullo de reconocerla como una dama de hierro, a todas luces no maleable y siempre sensible a los avatares de la nueva dimensión del cambio y progreso que debe experimentar el país.


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