La Ministra de Justicia de España se postula, sin desearlo, a convertirse en víctima de una conspiración por negarle el saludo y el reconocimiento a un astuto ex-comisario

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Dolores Delgado García, Ministra de Justicia española que ve peligrar su titularidad por entrevistas, comidas de trabajo y comentarios fuera de lugar, que en principio negó y que a uno de los comensales le ha sentado muy mal.

Ahora le toca a la ministra de Justicia, la señora Dolores Delgado García, fiscal elevada a máximo cargo a sus 55 años, ser pasto del poder sumergido en las cloacas de los fondos reservados y las escuchas ad hoc del ex-comisario Villajero y su red mucho más anónima, túpida y expeditiva que el CNI y su cohorte de abogados captados en las universidades para hacerlos espías, mezclados con policias y guardias civiles que hartamente han demostrado su valía y que muchos se sienten menospreciados por no tener una titulación universitaria, como la que hace que las operaciones sean controladas por los licenciados que no tienen ninguna experiencia en el trabajo de campo, produciendo errores de bulto como el permitir que determinados departamentos de Justicia y Defensa se contradigan por dejarse filtrar demasiados expedientes que nada tienen que ver con la seguridad nacional y mucho con la politica y la escoria que muchos dejan a su paso.

José Manuel Villarejo Pérez está en todas las movidas y desde su celda con barrotes de mantequilla y puerta de acceso a un burladero, domina el panorama convenido con las altas esferas domésticas y las instituciones de la inteligencia, la banca y un nutrido grupo de ex-estudiantes del Colegio del Pilar implicados en la suma de las influencias internacionales, para que en este país y acogiéndonos a un poema de Machado, “todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”, hasta que llega el soleado y cervero tiempo y aparezca una serpiente de verano, deslizante de información y nuevo colorido, que haga olvidar lo que ya estaba predestinado que sucediese para repetir una vez más : “pelillos a la mar”.. y vuelta a empezar.

Villarejo quiere más libertad de movimientos, que los tiene desde su obligado hotel 5 estrellas, y si alguien no atiende a sus peticiones, abre la espita de la cloaca y sale tanta mierda que te “cagas”, permítase la expresión, lanzando noticias verdaderas y falsas, banderas a media asta, facilitando el proveedor que hace cajones de sastre a la medida para que nadie se crea que son sólo de papel periódico o higiénico, o metidos en un teléfono móvil de duro cartón. Con Villarejo no se juega, y si alguien osa hacerlo, que se atenga a las consecuencias.

Dolores Delgado García, Lola para sus incondicionales, se hace la remolona, incluso le niega su amistad y dice no conocer al ex-comisario rey de los débiles, ambiciosos, fracasados y arrepentidos, que los audios están manipulados y Villarejo tira de la manta que cubre las escuchas telefónicas, y de lo que haga falta en las que aparecen los comentarios de la señora ministra de Justicia, en los que tilda a Grande-Marlaska de “maricón” (actual Ministro de Interior) con desprecio y sin rubor ante los demás comensales, entre los que también se encontraba Baltasar Garzón en franca camaderia de amigos entrañables, que de vez en cuando se tratan con chascarrillos y evidente familiaridad. Garzón tampoco ha quedado inmune al saltar la noticia de que su bufete tiene clientes de varipinto signo político, que ha recaudado más de 14 millones de euros declarados en sus cinco últimos años de actividad como jurista, importe más radiante que como juez “altruista” en la Audiencia Nacional hubiese obtenido más allá del deber. En cuanto a su mención como amigo de Villarejo al que considera un mal necesario, no deja de ser un aviso a navegantes que deseen caer en la tentación de cambiar de rumbo distinto al que aconseja un contraalmirante que se halla de vacaciones en Estremera, a petición propia y junto a Oriol Junqueras y otros siete ex-consellers, luciéndose en hacer la labor que siempre le gusto ejercer, dejar que el “diablo cojuelo” que lleva retratado en su solapa, sea el diplomático que soluciona los imponderables y las meteduras de pata, ya sea por las buenas o por las malas.

Y de eso se trata de darle algo de queso al ratón para que cuando salga libre el gato hambriento, quitarle las ganas de pasearse por las cloacas que son suyas y de quienes en la práctica tienen el poder, descartando que nadie intentará penetrar, por no arriesgar su salud, a través de la tapa de la red de alcantarillado, por mucho que lleve 25 años trabajando como fiscal titular en temas de narcotráfico y terrorismo. El olor es nauseabundo y mucho más nocivo cuando detecta a inocentes y curiosos roedores.


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