El eco de la inmigración se estrella y rebota en un muro de lamentaciones

Del problema de la inmigración al mucho ruido que no escucha nadie

Inmigración en Europa
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De hecho se desconocen las estadísticas reales, pero todo apunta que son abrumadoras al observar que en pueblos y ciudades de Europa cada vez hay más “extranjeros” desamparados, algunos con mucha dificultad idiomática para solicitar ayudas, que independientemente hace por una cultura distinta, y a pesar del hacinamiento en el que puedan vivir, que un % muy elevado engendren descendencia y más aprovechamiento de las instalaciones hospitalarias, aumentando el gastos social que en parte se suma a hacer peligrar nuestro sistema de pensiones. Si se persiste en no educar en un amplío significado de la moderación y evitar el exceso de entradas por urgencias, por poner un ejemplo, no sería de extrañar que vuelvan a producirse colapsos en esta temporada del año, lo que entenderíamos que el eco de la inmigración se estrella constantemente y rebota en un muro de lamentaciones demasiado alto para saltarlo otra vez.

No sería práctico ni beneficioso renunciar a conceder la integración de la población “emergente” concediéndoles el permiso de residencia y su inmersión en el sistema laboral, con la incertidumbre de que probablemente en estos momentos el coste del sostenimiento foráneo, en un principio pueda ser mayor del esperado, y se contemple como un imprevisto a corregir.

Dicho lo anterior en el punto y aparte, también añadir que muchos de esos inmigrantes, en gran número con familias desestructuradas, con evidentes necesidades perentorias y en términos de pobreza, que aspiran a vivir mejor en un país abierto y tolerante con la libertad que disfrutamos, buscando una oportunidad a sabiendas que la tendrán en trabajos ingratos, algunos con el agravante de una explotación descarada y humillante. Afortunadamente el peso de la Ley, de vez en cuando da un broche de honestidad cuando castiga económicamente, inclusive penalmente, la infracción cuantificada a ese ingente grupo de aprovechados desmedidos, sin ética ni consideración. Y son muchos los compatriotas nuestros para ser más exactos, los que incurren en esas dramáticas faltas, y en el delito inaceptable de utilizarlos sin contratos de trabajo parciales o fijos, aunque también cabe manifestar que son otros, cada vez más, los que avispados llegaron en la misma patera hace años, que se ejercitan en imitar a los autóctonos con pericia y encubrimiento, desidia e idéntico mal trato, cuando consiguen establecerse como autónomos dedicados a facilitar una mano de obra barata, según consta en la mayoría de los casos que se investigan.

Nuestros políticos hablan demasiado con mucho ruido mediático y pocas nueces, y se olvidan de poner en práctica los compromisos suscritos en convenios internacionales para materializar planes de implementación que sirvan para arrinconar la vigilancia, que otros en calidad de organizaciones no gubernamentales consideran de opresión y manifiesta persecución del problema al que aludimos y en todos los sectores, especialmente en el turismo, la construcción y servicios denominados como terciarios, desprotegiendo los sistemas protección pactada en un principio, por ende de convivencia, por lo que la silenciosa “colonización” interna, merece calificarse de urgente resolución, que de no tratar de darle solución, será un hecho de complicaciones futuras, dudando desde esta ventana de opinión, que estemos en disposición de atajar un problema de consecuencias nefastas que van alcanzando un grado de alerta de invisibles e inevitables carencias, que afectarán a los pronunciamientos in situ, de la inutilidad de reducir el efecto llamada en aquellos países en los que se les hace creer que el nuestro es la panacea.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están desbordadas para controlar la inmigración ilegal, alguna señalada y camuflada en los estigmas por causar daños en acciones terroristas, y la magistratura se siente impotente para estudiar con detenimiento los informes y casos personales que dan una cierta inestabilidad los derechos humanos alcanzados al “invadir” nuestro suelo, a costa de sufrir internamiento previo como medida disuasoria.

No debemos omitir que determinadas mafias, además de lucrarse en los movimientos de transporte y entrega en nuestras costas fronterizas, se implica la casuística de que es difícil contener otro tipo de propuestas poco respetables, como las de ocupar sin ningún contrato legítimo propiedades ajenas para buscar refugio. Aspecto que crea un antecedente y la necesidad de dar respuesta para castigar y poner a buen recaudo de las autoridades a quienes interceden y fomentan el allanamiento, lo que hace necesario castigar a este tipo de malhechores, que ya en su origen lo eran, y que no dudan en saltarse los autos procesales a la torera, acumulando muchos de ellos más de doscientas detenciones, sin dejar de aclarar que a la vez y en los ocupantes de viviendas “vendidas” por ciento cincuenta euros, se constata depresión, apatía y urgencia en hallar un trabajo digno, lo que redunda a elegir por exigencias de supervivencia, el camino de la transgresión de baja y media intensidad, sin menospreciar los innumerables y trágicos abusos con respecto a una violencia de género que está proliferando alarmantemente entre los grupos de riesgo, que existen entre una nueva clase social que se siente decepcionada en una tierra extraña.

Más allá de la picaresca al estilo “casero”, al aumento del “top manta” que penaliza al comercio que paga rigurosamente sus impuestos, subliminalmente se invoca a que la solución se encuentre en los “bolardos vecinales y a la caridad”, a las denuncias y a las amonestaciones en las dependencias de la guardia urbana, lo que suscita la necesidad de realizar un profundo estudio y la edición de un libro blanco, que seguro ruborizará a más de un experto profesional dedicado al tema social que nos ocupa.

Hasta ahora la implementación de ínfimos recursos municipales, se han convertido en parches, paliativos que intentan calmar a una población de “visitantes obligados y no esperados” que deambula perdida, dolida y la vez torturada mentalmente por la ineficacia política que no redacta esquemas de absoluto cumplimiento a su favor, haciendo que quienes nos administran localmente se sientan aburridos por las mismas causas que se alejan del remedio, y no están al alcance de una solución pertinaz, concluyente ante el curso de dudar en su proximidad un afecto congelado, que se mimetiza en desapego en muy poco tiempo, lo que  revierte en padecer una grave enfermedad por ausencia de entendimiento.

A los políticos se les paga por legislar, luchar contra la corrupción opaca, sombría, perjudicial que podría paliarse, aunque fuese en mínima parte, expropiando lo robado, que aumentaría en la proporción, y con la recaudación forzosa de esos nuevos fondos, ayudar a quienes se han instalado en el país desde mucho más allá de nuestras lindes, y sin caer en la retórica del principio de una solución, ofreciéndoles formación profesional, cultura e idioma, instrucciones de comportamiento y reglas de responsabilidad fiscal cuando se consiga su estatus legal en clave laboral, estudios superiores a los que se comprometan y demuestren su valía y predisposición, consiguiendo que el conjunto de las rentas y prestaciones en claro ejemplo de una inversión en una sociedad moderna, aumenten progresivamente y mantengan las vacías arcas de la seguridad social que amenazan con reducir las pensiones. A mayor número de cotizantes, mayor número de consumidores, ergo, estabilidad, coherencia y atención por recuperar la sonrisa y así lograr entre todos una vida mejor.


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Comentarios

12 Comments

    • Yo creo que se esta apuntando mal el origen de la mayor número de personas que salen de su país natal en busca de mejores condiciones de vida es por culpa de sus propios gobiernos porqué ellos están en la obligación de generar las condiciones necesarias para que la gente de sus respectivos paises no tengan que irse a buscar lo que sus gobernantes que eligieron están en la obligación de crear(empleos de calidad con seguridad social y demás prestaciones)lo que pasa es que no mira o no se quiere mirar el fondo del asunto y se reclama al lado equivocado y es más fácil echar la culpa a los países receptores de ésa inmigración y esperar que los acepten y así puedan mandar las benditas remesas mensuales y aumenten el circulante y no hacer lo que tienen por obligación que hacer (crear las condiciones económicas para que sus ciudadanos no tengan que irse a otros países en busca de mejores días)es mi humilde opinión

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