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El mundo está en manos de personas, salvo algunas excepciones que deberían compararse a alimañas sociales sin entrañas, en teoría con sus cabezas “enroscadas” a cuerpos de marionetas, tal estamos los demás ciudadanos de una España lánguida, confundida, irreverente con sus principios del que todavía cree que no ha traicionado, especialmente cuando terminó una carrera universitaria, se integró en un partido político y se postuló no precisamente para pegar carteles.

Ya no existen ideologías que ericen el bello de la piel, aunque unos, creídos estar poseídos por la razón absoluta, se decantan a intentar hacernos pasar otra vez por el túnel del poder “sovietismo” con las manos atadas o unidas, sin el peligro que representaba para los viejos fracasados de un sistema cadavérico que yace en el olvido, jugarse el físico tras una manifestación y después de tirar un cóctel molotov con escasa gasolina para no herir al policía vecino.

Habría que derribar a Franco de su pedestal de dictador forjado en el oligárquico plantel de quienes en realidad festejaban los enfrentamientos contra un pueblo oprimido para evitar dejar rastro. Qué tiempos aquellos en los que lanzar panfletos desde un tranvía y enfrentarse a los “grises” con porra. Era toda una odisea “pseudo-bélica” en la memoria, que todavía hoy se cuenta en los corrillos de la prehistoria. Los jóvenes de entonces no utilizábamos la palabra “democracia”, y si la de cuño ácrata “libertad”, la misma con la que hoy no se cuenta para destronar a reyes y leyes que corrompen la confianza de un pueblo que no entiende como hemos dado pasos de cangrejo, es decir para atrás, para atrás y ver como hemos caído en la trampa de dejarnos atemorizar mientras portamos un bozal como mascarilla y nos fustigan con impuestos e infracciones, que ya han dejado de ser multas para evitar las comparaciones de tiempos pasados de privaciones para todos efímeros, si no se tenía un Seat 600.

Todos tienen derecho a quejarse, a hablar y especialmente los políticos a ponerse en la sombra para hacer de palmeros cuando los presidentes y el corrillo de subalternos convertidos en ministros y todos con cartera bien sujeta, enchufan como asesores a amigos, parientes y recién conocidos que les pueden ofrecer la llave de un chalet si conocen y le presentan a otro compañero que ostente la concejalia de urbanismo en un gran pueblo o ciudad con la vista fija al progresismo.

Muchos todavía nos acordamos que el ser de izquierdas o derechas eran un calificativo que no nos importaba demasiado demostrar cuando lo principal exigía comportarse como un defensor de un cambio que visto ahora el panorama, y debido a la cuestión mediática, hemos pasado de zarandear metafóricamente hablando, a uno para conformarnos hacerlo con la boquita crispada y pequeña de la réplica y una queja, que les importará un carajo, a esos 17 virreyes autonómicos, un presidente que les torea, que no ordena ni manda, pero que si jode al que puede, toda vez que las normativas cambian de contexto y color cuando se cruza el límite de un mojón que marca la jurisdicción pactada en una Constitución que incluso servirá para conceder entre lamentos, gritos y susurros una o más independencias de esta España enferma que carraspea sus dolencias.

Ahora se van a recibir ayudas por la anomalía aplastante que ha dejado la economía en pañales, y la Unión Europea de los 27 pensantes, que son tan inteligentes como usted y yo menos que los demás, exigen completar diez puntos de cumplimiento que no pueden alterarse para evitar la fricción, comprando así con un enmascarada “intervención” que la peseta y la boina, no tengan ni tan siquiera cabida en el museo de los horrores, y todo con el fin de seguir pagando los intereses pendientes de ayer, que son elevados, con el aumento de los que vienen.

Bienvenidas sean las ayudas, aunque algunas particularidades de los acuerdos difieren de un sentido modélico, invitándoles a analizarlos particularmente y con mucho tacto para ver donde se encuentra la salida del laberinto que nos han marcado, y así darnos cuenta que los sacrificios no implican una reducción de la estructura del Estado que sigue aumentando sin duda y a las pruebas de transparencia habría que remitirse, para contemplar con estupor que en la globalidad de una España plural y ya federal, seguirán pululando, a pesar de la actualización digital en todos los procesos vinculantes entre instituciones y ciudadanía, más de 455.000 políticos y 2.700.000 funcionarios que seguirán operativos, aunque sin tanto favor de pensiones, a no ser que tal las vean venir les hagan pasar por algo de mili y como cargar un fusil aunque sea con bolitas de plástico, para ahuyentar a quienes muy cabreados se alcen en contra de seguir pagando impuestos que no mejoran nada la vida de nadie y mucho menos esta teórica reconstrucción por el sufrimiento de una pandemia virulenta que todavía no ha terminado.. y ni terminará nunca sospechamos, para tenernos bien amarrados respirando la mala hiel que exhalamos y que probable sea más perjudicial que el célebre “coronavirus”, emblemático castigo del poder oculto que nos tiene permanentemente al descubierto y sin un comodín para intentar librarnos.


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