El mundo se contrae entre las tinieblas y las dudas que está formando el género humano con rasgos descerebrados

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Confesiones de un visionario defenestrado, todavía sin estar afiliado al futuro clan Mad Max, por miedo a no ser capaz de desterrar sus pesadillas sobre el caos que se avecina en el nuevo orden mundial.

Aumento de la población mundial y su secuenciada limitación a ocupar sectores laborales

El excesivo y acelerado aumento de la población a nivel mundial y su repercusión en el mercado laboral no podrá absorber la mano de obra y el trabajo secundario en el sector primario de la recolección de materias primas y su posterior mecanización e inmediata transformación, amén de la incorporación de la robótica obediente, cada vez más inteligente y artificialmente que dramatizará dicho escenario en todos los frentes, lo que sin duda producirá una involución social restando menos oportunidades y una ansiedad mortífera sin precedentes, incapaz de ser mantenida por los sabios imbéciles asesores y tecnócratas idiotas de la sostenibilidad, recurrentes con uso y abuso a la desolada fiscalidad social de los menos pudientes contribuyentes, sin obviar la parálisis de una judicatura indecisa, soberbia e insolente que manifestará su impotencia por atajar el desorden, el crimen y la corrupción por falta de medios ante lo que debería considerarse el preámbulo base de la narcosis del caos y una insumisión civil de violentas consideraciones.

Sobre las sensibles democracias a ser destronadas

Las democracias reales seguirán perdiendo fuelle ante los desgobiernos delirantes, desapareciendo las monarquías que no ahorrarán esfuerzos en mantenerlas secuestradas en sus palacios de juguete, aceptando momentáneamente sugerencias de las incapacidades personales que serán un grave obstáculo que arrastrará el miedo y el tardío odio a ser eliminadas y desechables, convirtiéndose en un cómico proceso poco gracioso que se adentra perdidamente por los laberintos que conducirán a las dimisiones en masa y en escala progresiva, volcadas por la incompetencia demostrada que penalizará gradualmente a la población con una especie de esclavitud encubierta y controlada por dictaduras salvajes disfrazadas de monjes templarios y algunos cadetes, afectando las libertades con el aprovechamiento de los más débiles en cualquier área, siempre en beneficio de quienes ostenten los grupos de poder con armas, conquistado con un reemplazo constante de sus máximos dirigentes, terminando por secundar los proyectos mercantilistas de los oligopolios en una globalización desmoronada, no exenta de una competitividad voraz, cruel y obligatoria, tangible y funesta para los tiempos que se vivirán en lo que puede repetirse como el inicio de las noches de los cristales rotos.

La corrupción o el aprovechamiento de los mandos intermedios, anteriormente reconocidos como sicarios con mando total y discreción a que puedan recibir parte de sus salarios con prebendas ajenas que las ejecutarán con permutas, la terquedad, falta de compromiso, desmotivados por haber creado un clima de necedad paralizada por una incapacidad sin límites y la impunidad mediocre de forma generalizada e institucional, provocará precariedades acusadas por la falta de higiene honorífica y la escasez de agua, fuego, aire y oxigeno.

La deslealtad se manifestará y minará la confianza de los países más tradicionales y madrugadores para combatir los errores, que se habrán desarrollado para seguir financiando a bajo interés de amenaza a una muralla proteccionista con visos de privacidad y la magia del ocultismo, ante un problema de una magnitud anacrónica que se hará evidente en cualquier esfera, haciendo palidecer al más imperfecto y orate visionario, sin dejar de lanzar por ello evocaciones a darle la vuelta a lo que en otro tiempo se consideraba un manjar, hoy cocinado con productos de consumo podridos, alimentando ridículos instintos rebosantes de aforismos, utopías que no colmarán los desastres pendencieros de los más ignorantes, naciendo en el mañana sombreado una nueva raza de generaciones de actores alienados, feriantes de una ciudadanía susceptible de ser reducida por una dimensión mental ausente.

La aparición de las nuevas tribus urbanas impredecibles y su control

A los paladines de la falsedad les servirán las alianzas con las nuevas ordas críticas danzarinas de los eufemismos sociales para contener otras oleadas de una rebelión silenciosa y humillada sin consecuencias de temer una desintegración del sistema, que llegarán desde la más miserable pobreza, las guerras indeterminadas y objetivas por lo económico y el mantenimiento, cada vez menos consensuado, de la preponderancia intelectual de saciar el hambre, siempre comprensiva y tolerante de la raza humana a través de los movimientos poblacionales insatisfechos, que serán apaciguados muy probablemente por los efectos tranquilizadores del flúor en el escaso líquido elemento corriente, embotellado o en la pasta de ácido sabor distribuida gratuitamente, utilizada para la higiene dental, que serán cada vez menos potentes e inicuos para así paralizar las protestas más agresivas, lo que redundará en obtener otros ingenios camuflados que detengan las algaradas, la histeria que se desate puntualmente y los primeros conatos de aislar una idiotez global estimada como el principio de una mutación sin fronteras, que se limitará inconscientemente en dinamitar lo que hoy conocemos como progreso, cosechando una involución teórica o práctica que será muy tarde para erradicarla.

La desorganización de los llamados estados del bienestar aparente

Los estados del bienestar se han desorganizado en su propia e inútil burocracia, poco auditada por los magnates del pensamiento sin ya poder editar un manifiesto, produciendo signos desconcertantes inmersos en una filosofía de papel servilleta, convirtiendo la mente en una fragilidad cerebral que mermará los sentidos, sustentada por el apoyo de los millones de votos obligatorios de promesas vacías de contenidos, implantados por la inercia, esparcidos en un mosaico de intenciones desvencijadas que nadie tendrá la valentía de denunciarlos, salvo por aquellos que en un instante, el mismo que coincida con su brindis al sol, quedarán fulminados por el brillo de unas ideas dispares y cristalizadas, que se harán añicos con solo discurrirlas al debatir los temarios incompletos, pronosticando viabilidades camino del fracaso por un segundo de gloria. Una ilusión por la gota química aislada y necesaria que todavía tendrá un putrefacto cerebro considerado inmaduro en permanente barbecho, por el que se observará que la irrealidad es una constante de la que nadie podrá zafarse, ni siquiera en el instante de su hora infinita que les avise y salve del éxito definitivo y sin distintivo adverso, que llevará irremediablemente a un eterno cataclismo.

El mundo no se acabará, aunque se desmoronará entre sus propias ruinas o quedará hecho un sucio trapo

El mundo no se acabará, continuará girando sin la misma velocidad gravitatoria, esgrimiendo su  parafernalia a costa de los adeptos y proclives a la conformidad más elemental y supina. Y mientras tanto, los que solemos comer y beber todos los días el elixir de la esperanza con un síndrome cardíaco que carcome el respeto, nos adecuaremos a seguir estimulando todavía la “psiquí” para fecundar ideas. Inútil puesta en escena, ya que nos estrellaremos tarde o temprano por el contagio de una pandemia sin nombre ni receta embrujada que la cure, suscitado en el ocaso de una subsistencia que no será posible adecuarla a los proyectos que un día dibujamos en una invisible pizarra, que se circunscribían a  cambiar el mundo al ritmo que invitaba al cuerpo estigmatizado por las llagas horribles, producidas por las heridas de una derrotada lucha a seguir por unos derroteros abismales en una caída de suicidio colectivo, cuando el alma y la esperanza de avivarla se quemó en la hoguera de nuestras propias vanidades.

Calmar la vida, obstinarse en recuperar el tiempo perdido es una maldad perversa y dolorosa en ese preámbulo que invita a visitar un infierno desconocido y seguramente inventado quien escribió un cuento. Una mala jugada de retar al diablo, ese que sí existe, y mantenerlo encerrado en nuestro crispado lóbulo izquierdo, que hoy nos pasa factura al comprobar que el pasado vuela igual fuese un buitre de acero. El futuro se adelanta para que un enternecedor presente albergado en la transgresión voluntaria no le ponga barreras al bosque, convertido en una selva de fieras y sarnosos parecidos a los humanoides.

Los segundos se pierden y no se recuperan al igual que la vida cuando se disipa violentamente o en un lecho de sábanas grises en una desconocida habitación, olvidando antes de expirar que las mariposas han desaparecido, más bien huido del estómago que nada contiene, perjudicando finalmente los recuerdos más agradables y el más procaz de los sentimientos que nunca nos dejaron expresar abiertamente, pues el combate por la supervivencia siempre estará en estado de coma, muriéndose con lentitud cuando el reloj marque la hora 25.

Empezando a bailar antes de sufrir la tormenta perfecta y llegar a la conclusión de que el destino lo es todo

Bailar, bailar malditos, y decir o hacer lo que os plazca a cualquier ritmo, la llama que parecía incandescente se acaba y se apaga, amparada en una música inacabada y sin intermedios que silencien un coro de ángeles ausentes, de los que hemos dudado siempre,  impidiendo en cualquier caso la piedad, la clemencia o el remordimiento, la vuelta a la demencia para los siervos sin penitencia, por haber sido pecadores de haber colaborado en destruir el mundo con “explosivos” sin pólvora que encendió un mósquito a buenas horas. 

A través de la negación por padecer las liturgias anteriormente narradas, empezará el despertar de las nuevas ideas inalcanzables para apoyar la libertad que todos demandan, que no será otra cosa que un espejismo que se diluye en el mar de las tinieblas, tras una ola de inspiraciones que serán recogidas por ese “neptuno” con escafandra autónoma que todos creemos llevar, sin dejar de admitir en la última conclusión, la que grita con voz de trueno que formamos parte de ese océano profundo en el que siguen naciendo gigantes y sirenas, arlequines y futuras estrellas que salen disparadas hacia la costelación de Orión, al igual que siguen surgiendo de las nubes aliadas con el mar las tormentas perfectas, en las que muchos perecen y otros continúan navegando para no ser alcanzados por ellas, salvando el espíritu del incorregible homo sapiens monstruoso que duda en no arriesgarse más, tras llegar a un puerto sereno en el que tampoco reposará por seguir meditando en la irresponsable temeridad que es enfrentarse a la vida con la mezquindad de no haber hecho nada por no atrevernos a responder a los ecos por modificar el testarudo y tergiversado sentido común, que exigía saber que el destino lo es todo en un planeta que parecía estar cuerdo.

” Soy el único que huye tanto de los vivos como de los muertos. Cazado por carroñeros. Acosado por aquellos que no pude proteger. Así existo en esta tierra desolada. Un hombre reducido a un solo instinto. Sobrevivir “. (Mad Max)


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