El muro de la ignorancia en una isla indivisible

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Como dominicano, tengo tiempo escuchando la propuesta de un grupo de mis conciudadanos, promoviendo la construcción de un muro fronterizo entre República Dominicana y Haití, que frene de una vez y por todas las oleadas de inmigrantes haitianos a nuestro territorio.

Florentino Paredes Reyes – Profesor / Analista

Esa propuesta, es acompañada de las más elocuentes teorías, que en oídos de ingenuos y en mentes de ilusos, tienen algún tipo de acogida y hasta de difusión, pero que, en quienes hemos dedicado parte de nuestras vidas al análisis de nuestra historia y al conocimiento de nuestra geografía, no es más que un cúmulo de majaderías, que deben ser combatidas. No por espíritu apátrida, sino por nacionalismo responsable y coherente.

Quiero dejar claro, para quienes intenten cuestionar mi patriotismo, que soy un dominicano que nací, crecí, me formé y he luchado para contribuir en la construcción de una mejor República Dominicana. Que desde los diversos espacios a los que he logrado llegar, he puesto en servicio mis mejores conocimientos históricos, políticos y sociológicos, sabiendo que la formación crítica, es la única forma de liberar a los hombres y mujeres de la esclavitud, de la ignorancia y la opresión. Aclarado ese punto, sigamos con el muro.

Familias de connotados juristas, nacionalistas y políticos dominicanos, han propuesto la construcción del muro fronterizo entre ambos pueblos, unidos por indivisibles vínculos históricos, comerciales, culturales y económicos. Afirman que esa construcción, es la solución definitiva al problema migratorio, que sitúa en dos millones los inmigrantes haitianos en suelo dominicano, quienes representan una carga económica y social para la República Dominicana, la cual, no está en condiciones de asumir, por las dificultades que ya posee.

La propuesta de construcción del muro es simple, eficiente, perdurable en el tiempo y de amplias repercusiones económicas para los dominicanos, dicen los oferentes de la obra, ya que nuestros hospitales están repletos de nacionales haitianos que cruzan la frontera en busca del servicio que de manera gratuita se les brinda, en perjuicio de los contribuyentes dominicanos, quienes somos los que pagamos esos servicios y los utilizamos de forma precaria, muchas veces por falta de plazas hospitalarias vacantes y un exceso de pacientes que desborda la atención primaria.

Quienes hacen tal propuesta, ponen en evidencia que no tienen el más mínimo conocimiento geográfico de nuestra isla, la que compartimos con Haití, ya que la misma, corresponde al archipiélago de las Antillas, de joven formación, y sobre una placa tectónica (La Placa Caribeña) que está en permanente movimiento, produciendo terremotos tan devastadores como el ocurrido en Haití en el año 2010, que dejó más de 300 mil muertos, un millón sin hogares y afectando estructuras de manera permanente. Su impacto fue tal, que produjo el cambio de dirección del cauce de importantes acuíferos afectando la cuenca del lago Enriquillo.

Los oferentes del muro conciben que esa obra estaría cimentada sobre una estructura plana, recta y estable, similar a la construcción de una pared que divide dos casas colindantes, algo totalmente errático, ya que nuestra isla cuenta con amplios sistemas montañosos que se extienden a ambos lados de las dos repúblicas, con alturas de más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, lo que hace imposible la construcción de tal obra, con importantes ríos que nacen y cruzan la línea fronteriza extendiéndose a ambos países.

Otro factor que no es tomado en cuenta es, que la frontera domínico-haitiana, tiene una extensión de 388 kilómetros de largo, no en línea recta, sino sorteando algunos de los más importantes ríos de la isla como el Artibonito, Masacre, Libón, Macasía, Pedernales y otros que, ante el desbordamiento de sus causes, tirarían los sueños de bloqueo migratorio.

Nuestra isla, forma parte de las Antillas Mayores, ruta de los huracanes que, desde junio a octubre, traen importantes niveles de lluvia, produciendo inundaciones, deslizamientos de tierra y aislamiento de comunidades hasta por semanas, lo que nos hace llegar a la conclusión, que la erosión y fragilidad de la zona por donde atravesaría la obra, no permite ni su cimentación ni permanencia.

Otro factor natural que imposibilita dicho proyecto es la geomorfología de la zona, la cual cuenta con sistemas montañosos como: La Cordillera Central, Sierra de Neiba, Sierra de Bahoruco y un peligroso descenso bajo el nivel de mar del Lago Azuey o Saumatre en Haití y parte de la olla del Lago Enriquillo en nuestro territorio. La única zona con ligeras pendientes que tendría esa obra, es la colindante entre el pueblo de Dajabón (R.D.) hasta la Bahía de Manzanillo, unos cincuenta kilómetros. Todo lo demás son sistemas montañosos de hasta 2.500 metros sobre el nivel del mar. Podemos ahora imaginar lo grandilocuente que es esa sandez.

El lago Azuey y el Enriquillo (el primero en territorio haitiano y el segundo en suelo dominicano), forman parte de la línea divisoria de ambos pueblos, pero sus aguas han experimentado crecidas, lo que ha motivado la evacuación y reubicación de miles de familias de vocación agrícola y ganadera. Ambos fenómenos naturales, hacen imposible llevar a la ejecución el ambicioso proyecto nacionalista.

Sin entrar en discusión sobre el costo económico de esa obra, es bueno resaltar la realidad entre las principales vías de comunicación del país, que no cuenta con una carretera que tenga una extensión de 388 kilómetros de largo, como tendría la construcción del costoso muro, ya que debería indefectiblemente sortear las comunidades y campos agrícolas, que están en ambos lados de la línea fronteriza que pertenecen a uno u otro país.

En términos económicos es imposible pensar en la dimensión estructural de semejante obra, máxime cuando la misma no tendría ninguna rentabilidad, ya que los gobiernos invierten recursos para recuperarlos con los impuestos de los usuarios, pero ésta no tendría ningún propósito más que aislarnos de una migración no deseada, que ni la Muralla China pudo controlar. El muro tendría una rentabilidad nula y una eficacia incierta.

Por el nivel de altitud de gran parte de la línea fronteriza, hay grandes zonas inhabilitadas, lo que nos lleva a pensar en lo innecesario de dicha obra en esos puntos y lo entorpecedora en los otros, donde hay un flujo comercial tan vital para ambos pueblos, pero con grandes beneficios para el nuestro.

Sobre el deseo cuestionable del muro, se promueve la necesidad de frenar la migración ilegal haitiana, la misma, que mueve amplios sectores económicos dominicanos, como es el caso de la industria azucarera y la construcción, considerados como los más pujantes y estables del país, ya que gracias al trabajador ilegal se liberan de desembolsar cientos de millones de pesos mensuales a la Seguridad Social, Fondo de Pensiones y Riesgos Laborales. Sin contar sus ahorros por la mano de obra barata, por no tener un estatus legal.

Olvidan que las relaciones comerciales entre ambas colonias son tan antiguas como su historia. Que no ha habido gobierno alguno que haya podido frenar esa relación armoniosa, consentida y necesaria, que ante el olvido de sus antiguas potencias le permitieron sobrevivir juntas, pero no unidas. Sus relaciones económicas actuales envuelven un intercambio comercial de más de 125 millones de dólares al mes, con una Balanza Comercial positiva para nuestro país, siendo el sector avícola uno de los más beneficiados.

Como aporte al clima discordante que se manifiesta, proponemos una clara política migratoria que permita la entrada a nuestro país a quienes cumplan con lo establecido en nuestras leyes y requisitos de permanencia. Una supervisión constante por parte de nuestras autoridades, de todo extranjero que esté en suelo dominicano, gestionando la seguridad y deteniendo a quienes hayan violado nuestras legislaciones migratorias según los rigores que establezcan las mismas. Sancionar a los empresarios que con conocimiento de causa contraten ilegales, para no hacer los pagos correspondientes y engañar al fisco. Dotar de la debida documentación a aquellos extranjeros que tienen décadas viviendo en nuestro territorio que tienen descendientes de segunda y tercera generación, ya que, si bien han violado la ley, también el Estado Dominicano es cómplice participativo de la anomalía, por actuar con negligencia al no identificar, apresar y sancionar a los mismos, permitiendo que hayan nacido y crecido en nuestro suelo bajo ese estatus.

Son tantos los factores que no se han esclarecido tras la propuesta del muro fronterizo, que nos han motivado a presentar esta reflexión con la intención de que tal proyecto sea repensado con serenidad y cautela por quienes, revestidos de influencia moral, intelectualidad y amor patriótico, promueven lo que a nuestro juicio es el muro de la ignorancia en una isla indivisible.

Autor : Florentino Paredes ReyesReconocido filósofo, historiador, locutor, escritor y educador dominicano


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