El tratado de desarme nuclear se rompe entre los Estados Unidos de Norte América y la Federación Rusa, que no duda en buscar plataformas de apoyo en América Latina para su programa de respuesta balística de corto, medio y largo alcance.

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El fino hilo de la amistad que demandaba recíprocamente cordura y buen entente entre Rusia y Usa, parece que en materia armamentística se ha roto dejando el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (Intermediate-Range Nuclear Forces) INF, en agua de borrajas de lo dicho, escrito y firmado en Washington D.C. El 8 de diciembre de 1987, entre los presidentes de ambos países Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan, el primero todavía vivo con 88 años y el segundo fallecido en 2004.

El actual mandatario de los Estados Unidos de Norte América, Donald Trump, 45 º presidente y de 73 años de edad, después de acusar de incumplimiento a Vladimir Putin que cuenta con 66 años, ha optado por retirarse formalmente del tratado de no agresión a partir del dos de agosto 2019.

El pacto en sí eliminaba cualquier índice de persuasión geopolítica para establecer bases cercanas que pudieran amenazar el territorio de los países europeos miembros de la OTAN – NATO, especialmente anulando de facto los misiles balísticos y de crucero, tanto convencionales como nucleares, denominados “euromisiles”, de alcance corto y medio que pudieran tener un trayectoria de entre 500 y 5.500 kilómetros. Esta determinación Usa-Rusa corresponde a la ya superada crisis en 1962 de sus antecesores responsables de un conflicto complicado, es decir John F. Kennedy y Nikita Jruschov con respecto a las baterías de los misiles soviéticos dispersos en Cuba, cuando Usa lo había hecho previamente en Turquía, lo que originó una ruptura de negociaciones que concluyeron finalmente con la retirada por parte de ambos contendientes, lo que supuso en Junio de 1991 que fueran supuestamente destruidos un total de 2692 cohetes con el contenido en sus cartuchos del horror.

Este pacto alejado de la hostilidad permitía la autorización por parte de ambos bloques de fuerza occidental y oriental, para inspeccionar las instalaciones militares tanto de uno como del otro bando para la comprobación de los protocolos a seguir para la destrucción de los existentes, así como de reafirmar el compromiso de no construir más misiles de cualquier tipo de alcance en un futuro que superase los 500 kilómetros de distancia.

Hoy se está muy lejos de cualquier renovado acuerdo, lo que no impedirá que el continente europeo se rearme, toda vez que Rusia implementará de forma estratégica su poderío sin precedentes en armas de destrucción masiva lo que hace presagiar un belicismo muy recordado en tiempos de la guerra fría, lo que ha hecho que Polonia le ofrezca a Usa una base permanente donde alojar el aéreo mortífero, de la misma forma que ya lo hizo Rumanía y a solo pocos kilómetros de la frontera rusa, con la implantación terrestre de una plataforma de escudos de defensa antimisiles, una reacción que no podría detener a la “reina” del zar, un potente misil nuclear, tanto de letal contenido de crucero y propulsión de ilimitado alcance, que ya ha empezado a considerarse como imbatible en el espacio.

Según el experto Robert Bridge, “comparar el enfrentamiento actual entre Estados Unidos y Rusia con las realidades de la Guerra Fría es erróneo y peligroso por varias razones. Primero, la oportunidad de algún tipo de contratiempo que resulte en una guerra total nunca ha sido mayor. La razón no se debe simplemente a la vertiginosa cantidad de potencia de fuego involucrada, sino a la proximidad de la potencia de fuego a la frontera rusa. Durante el enfrentamiento de la Guerra Fría, Moscú, el centro neurálgico del imperio soviético, estaba bien protegido por el amortiguador de las repúblicas del Pacto de Varsovia”. Hoy ya no es así, el peligro aumenta cuando los tropezones anticarro miran hacía otro lado, máxime cuando además Usa puede empezar a desplazar “huracanes y tifones” en las zonas que fueron la trastienda de Rusia, es decir Asía y sin todavía identificar que países podrían ser los más idóneos para una respuesta inmediata.

USA esta trabajando sin descanso en la clase hipersónica ( cinco veces superiores a la del sonido ), para que sus misiles tengan en corto un alcance de 1.000 kilómetros, a la vez que un misil balístico con un rango próximo a los 4.000 kilómetros que sea indetectable, y Rusia pretende seleccionar una base afincada en algún país de Latino América para igualar una corta distancia en la retaguardia y así contrarrestar la influencia adversa de los llamados países del Este afectos al amigo americano. Y si a todo eso le añadimos la comprobación noruega de que los submarinos de la Federación Rusa ya están siendo dotados de ingeniería de última generación para navegar silenciosamente durante todo el tiempo por los mares, cargados de un enjambre balístico “antibuques” y otros de efectos devastadores todavía no conocidos de explosión racimo en tierra.

Nadie puede dudar que además del cambio climático, la recesión económica que irrumpirá este año y el virus que hace que las personas se estén comportando virulentamente en el mundo, existe otro tipo de crisis que se avecina para que empecemos a temblar por las actitudes beligerantes de una casta con un supuesto y dudoso alto cociente intelectual, reñida consigo misma y con los demás.

Y si a la ensalada de alternativas guerreras con el dedo siempre puesto en el botón de disparo les añadimos Corea del Norte e Irán, además de otros jugadores proclives a hacernos desaparecer, es muy probable que la soluciones no tengan tiempo de eternizarse y empecemos a pensar en dónde y cómo hacer un agujero de avestruz en cualquier lugar, donde no nos lleguen esas tarjetas de “felicitación” por tierra, mar y aire y con muchísima radiactividad.

Si todas esas inversiones en idear cómo matarnos unos a otros se tradujese en dar más cultura y alimento a quienes más lo necesitan, produciendo nuevos planes para diseñar y construir edificios y naves industriales para cobijar la más sofisticada tecnología, formar astronautas y fabricar cohetes espaciales para descubrir nuevos planetas en busca de cualquier “dios” que nos salve e impida tales disparates como los citados anteriormente, además de ofrecer trabajo y paz, no harían faltan tomar pastillas antidepresivas, o aquellas que elaboradas con cicuta deberían mezclarse en las bebidas de esos tipos que nos gobiernan con un total desprecio, impunidad gubernamental y una falta de respeto a la humanidad.


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