El “vuelo” que se hace interminable

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Día 21 de noviembre 2020, salen de España y en horario de tarde dos vuelos con una diferencia de cinco minutos, el primero corresponde a Air Europa, el segundo a Iberia. El pasaje en el 95 % es dominicano, la mayoría con pasaporte español, que han decidido pasar la paralización de la vida rutinaria y laboral en su país de origen.

Ambas aeronaves cursan su ruta hacia la República Dominicana con 296 pasajeros más tripulación, lo que hace sumar un aproximado de 308 + – personas y un total de 616 + – en tierra una vez aterrizados en el Aeropuerto Internacional de Las Américas de la capital Santo Domingo.

Los desalojos de los pájaros silenciosos y sin más perturbaciones que una débil lluvia, son precisos pero lentos debido a la gran cantidad de equipaje de cabina ocupado, toda vez que el almacenado copiosamente en la bodega retrasará la recogida del mismo en la cadena, pero ese no es el mayor inconveniente al descender finalmente por la rampa del finger para acceder a la terminal del aeropuerto de llegada, primero por un rápido servicio de escaneo para controlar la temperatura detectora de Covid-19 de los bienvenidos, acción que se hace con normalidad, pero no así en el serpenteado vallado de acero inoxidable más parecido a un laberinto en el que nos encontramos, que al estar repletos de autóctonos y bastantes menos visitantes puntuales por negocios y trabajo, deben esperar registrar sus documentos de migración, cuestionario, impreso de no padecer “coronavirus”, por espacio de un tiempo molesto, en pie e interminable en el que la descoordinación policial y previsión de llegadas para destinar un retén dinámico y ágil se hace patente, dado que únicamente tres funcionarios de policía atienden la gestión. Un número insuficiente que hace que los últimos de la larga fila de los pacientes en tránsito tarden una hora y cincuenta y tres minutos en salvar la casilla controladora, para a continuación seguir concluyendo con la otra impaciencia, después de entregar una declaración de aduanas que a simple vista no sirve para nada, accediendo finalmente al exterior para de ser recibidos por parientes y amigos, otros por taxis clandestinos, “uber” y “guagas”, rentadas para grupos algo más numerosos que antes de salir lo acordaron hacer así, teniendo que esperar otra hora más al tener que hacer una larga fila para hacerse con el ticket para salir de la zona de parqueo, ya que de las cinco máquinas expendedoras de billetaje únicamente funcionaban dos.

Y este inconveniente para aquellas personas, entre ellas niños y ancianos, después de un vuelo de 9 horas desde Madrid, sin contar la duración de otros desplazamientos si provenían de otros puntos de la madre patria, más la esperas hasta las salidas, que suelen ser duraderas, hace que el cuerpo sufra un desequilibrio fisiológico y un añadido deterioro mental de desaprobación a través de un comentario de incredulidad, ante lo que se padece y que al parecer es algo habitual a lo que nadie se acostumbra por no ver resuelto de inmediato un problema de imagen institucional, manifestando, después de una sonrisa, un … “ a ver si por favor, con Abinader algo cambia en la pronta recepción de paisanos y turistas “.   

En el año 2019, el tráfico internacional de pasajeros en República Dominicana alcanzó un total de 14,429,906 pasajeros transportados, de los cuales, 7,184,418 fueron en vuelos entrantes y 7,245,488 en salientes

  


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