“En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.” Gayo Suetonio

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Sobre los partidos de mantequilla y requesón, el “Rey” que no es león, y un tal Bosch, portavoz de “jueces para la democracia” que si opinan como él, cada vez lo tendremos más claro para saber en que país nos encontramos.

Los dos grandes partidos y sus comparsas nacionalistas y constitucionalistas que les sirven de bisagra, en ocasiones de abanico o brasero, para que nada cambie si no hay una “VoxExplosión” más severa que la que se avecina, temen que les resten presencia e importancia parlamentaria, incluidos los que “pudieron” introducirse en el hemiciclo que ahora no dejan de atormentar a los dudosos de que el futuro tiene tintes facinerosos, y sea a lo mejor compartido con otros colores distintos a los ondeados con banderas y pancartas, con la premonición de que hasta ahora puede ser el principio de un fin de tantas ambigüedades políticas y tantas mamarrachadas contenidas en el libro de la selva que todo el mundo interpreta a su conveniencia.

El “Rey”, al que nos gustaría apodar con afecto “león”, al que habría de calificarse de un soberano con zarpas potentes y dotes de mando, que quiso pero no pudo ser más democrático que lo que todavía puede ser, frente a un discurso de vez en cuando lanzando a las pantallitas familiares de sus conciudadanos, y al que muchas preguntas deberían hacerle y así pedirle explicaciones del por qué no intervino a tiempo cuando se detectaron las primeras masacres de corrupción económica, o cuando ha permitido no tener él la llave de la invasión silenciosa de una migración dolorosa de la que al parecer nadie lleva la cuenta, dejando al pairo presupuestos que no llegan y que hacen que los jubilados se escandalicen, cuando hay truhanes argelinos, por citar un único ejemplo, disfrutando de ayudas que superan los mil euros, y ellos como españoles tributarios que lo han sido siempre no llegan a final de mes, después de haber contribuido toda una vida a la caja social, sumando los novecientos con la decepción de tener que compartir su esfuerzo con el inexistente ajeno que perceptiblemente le es superado. Si protestas con desaires te pueden acusar de insolidario y cuando no lo haces, de pasivo, conformista y tonto para seguir votando.

Y qué ocurre con la Ley, cuando aparece un portavoz de jueces para la democracia para decir pendejadas, argumentando que los violentos, ladrones, los asesinos y violadores, muchísimos llegados de fuera, son el fruto del fracaso de nuestra sociedad. Señor mío, es usted un miserable misógino de la femenina Ley que dice usted representar. A mi lo único que me puede achacar es que tenga la culpa, como aplicado y respetuoso ciudadano que soy por padecer las anomalías sociales que su curia justifica, por la que sigo con voluntad conciliadora a las normas que me han dictado y me igualan a su persona, y tal vez de que sea usted un privilegiado para poder hablar en mayúscula libertad, aun cuando su parecer me da escalofríos y me hace sospechar que va a ser difícil un cambio de actitud de aquellos, que son muchos, que creen ser superiores a los demás y a los que no se les pueden señalar como vestigios de la inmadurez que hemos creado con tanta permisividad, mal entendida y asimilada por cierto, vistos los resultados y unas opiniones que claman a ofrecerle el reto en el mejor campo dialéctico que su “señoria·” prefiera. No nos de usted lecciones exhibiendo citas concluyentes en un alarde de ejemplar generosidad, y no culpe a la sociedad de otros errores más cercanos a sus quehaceres diarios Señor Joaquim Bosch Grau.  Sin acritud Señor Bosch, limítese a proclamar lo que le plazca a través de las cajas “adoctrinadoras” si así lo prefiere o estime conveniente en otros medios más proclives y configurados a sus razonamientos para ensalzar su carrera profesional, y yo a exponer a través de éste blog mi parecer y una opinión divergente, desfavorable a cómo se está gobernando mi país, del que espero surjan personas con capacidad para detener a un caballo desbocado y derribar a un jinete de fusta demasiado ligera para no seguir al trote, que es mejor hacerlo que al galope cuando el campo está lleno de obstáculos.


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