Entre la locura y los cuerdos, reflexionen si no están en el camino de los desesperados por no saber lo correcto

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«La vida es como un piano. Las teclas blancas representan la felicidad y las negras la tristeza. Y mientras recorras el camino nunca olvides que las negras también crean música.» Anónimo

En no pocas ocasiones recibimos de quienes desestiman nuestras apreciaciones sobre lo que está ocurriendo en este mundo abollado, casi ya sin tornillos que aguanten su estabilidad y con una herida profunda que es el llamado cambio climático, pues de un lado a otro van igual las ideas de dar marcha atrás cuando siguen golpeadas las que exploramos, aplicándolas muchos a destiempo, y otros siguiéndolas madurando eternamente, a la misma vez que se van dejando sin solución algunas prevesibles, para que los grifos ocultos de las aguas antárticas vayan manando en vaivén y huracanadas de un lado a otro en tropel arrastrándolo todo, mientras el fuego en cualquier otro vulnerable lugar lo arrasa todo con una simple chispa de un imbécil, o el rayo de un Zeus trasnochado, incompetente, aburrido y enojado por nuestra falta de rigor en dejar la religión y reemplazarla con un Iphone, algo que al parecer les molesta mucho allí, a los de allá arriba, cuando además se echan las manos a sus cabezas coronadas cuando observan que la Tierra está más deformada que un cerebro al que han apisonado una y otra vez con los múltiples participantes de una carrera ciclista.

Nosotros capeamos el temporal como mejor nos va, es decir ni bien ni mal, dándonos perfecta cuenta que hay algunos entes de manipulación encubierta, esos que están en todos los medios y en cualquier onda hertziana, además de las de moda como el 5G ( que podría ser de Google ), que no nos tienen ningún respeto y simpatía por el simple motivo de dejarnos anhelados y lelos, además de boquiabiertos, pues esos “algoritmos” que son una pesadez y difíciles de entender, no quieren opiniones, lo que desean llanamente es que les confirmemos lo que creen que sabemos todos, lo admitamos sin rechistar y compartamos la responsabilidad, aunque ya nos explicarán quienes mejor sepan de los logaritmos, que son distintos a los anteriormente citados en negrita y entre comillas, algo de la dualidad de su significado, pues el primero es un conjunto ordenado de operaciones sistemáticas avaladas por las matemáticas que permiten hacer un cálculo y hallar la solución de un tipo de problema, mientras que el segundo es un exponente que debe elevarse a un número llamado base, para obtener otro número determinado, diferenciándose logaritmo decimal del neperiano o natural.

Deseamos fervientemente que lo hayan entendido los más capacitados, porque de nosotros pocos hablarán cuando nos citan con asco, sino es con deseos imperturbables de mordernos la yugular cuando nos sobrepasamos, a lo que respondemos con contínuos cambios de IP y una melancolía que nos llega hasta tomarnos con paciencia dos cervezas en vez de tres.

Por tal motivo y aprovechando los algoritmos y los logaritmos, lo que ayer era una certeza hoy a las 12 am o pm en cualquier frontera del terráqueo es una incertidumbre maquiavélica, pues unas están abiertas a cualquier hora y en otras como la de “Pakistan” con “Afganistán” por poner un ejemplo, la acaban de cerrar a cal y canto de gaviotas estreñidas, llegando a la conclusión que los mismos decimales o enteros en lo que respecta a la desgracia o a la fortuna, no siguen dando muestras de coincidir nunca, ni tan cercano que el destino es considerado un turista por los más ignorantes que no se afligen y nos critican. Y eso si es un problema a resolver por un científico, y no por un mequetrefe profesor de lenguas muertas que nos lo han metido de tapadillo para espiarnos.

Por otra parte está el finito del tiempo, que en cualquier éxtasis no guarda el mismo “ritmo” al placer, pues hay fuerzas públicas y otras privadas, procedentes de entidades o viviendas modestas, para saber que hay que seguir abonando los intereses de la deuda al Banco Mundial para corroborar la ideología gremial del economista, y por parte del que curra más de lo debido, y hacer lo mismo en su proporcionalidad más acusada. Lo dicho, la diferencia podría estar en los gozos y en las sombras, en el díscolo Don Juan “chismoso” o el pervertidor Casanova “hacker”, en cualquier caso da lo mismo, que lo mismo da.

Estamos para mandar recelos a través de este blog curioso y por ende en recibir algunas felicitaciones, y no pocas indulgentes alabanzas convertidas en amenazas, pero lo cierto es que hemos llegado a ese código fuente que nos aproxima a entender que entre todos y unos pocos, todos estamos algo y otro muchos muy locos.


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