Entre “migrantes del espacio”.. que llegaron de paso e interesantes “paradojas” de tres al cuarto

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La paradoja de Fermi es la cuestionable contradicción, concluyente o no, que hay entre las consideraciones que afirman que hay una alta probabilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes más avanzadas en un universo que escudriñamos, y no hallamos signos de vida fehacientes que lo demuestren todavía.

Existen otros investigadores, Carroll-Nellenback por ejemplo, del que suelo leer de vez en cuando algunas razonables teorías, y en ocasiones algunas “paridas” sobre el inquietante mundo paralelo sin mucho amarre para ser entendidas por mi humilde intelecto, que argumentan que si consideramos lo suficiente para encontrar respuesta a la interrogante de otras formas de vida son sumar miles de años más, entonces hallaremos la solución a la paradoja de Fermi, al añadir que los mundos habitables pudieran ser tan raros e inaccesibles por el momento, que hay que esperar más de lo que dure nuestra actual civilización antes de que otra aparezca y nos intente reemplazar, lo que sin duda refrenda con firmeza que cada sistema solar podría ser habitable por “extraterrestres” superdotados y magnánimos, que no nos visitarán otra vez, aun estando muy cerca apunto yo, por temor al contagio que sufrimos los “humanos”, que como especie incapaz de no aprender nada sobre la corrosión de la mente llamada estupidez enlatada y perfumada, la ambición egoísta e incansable y el protagonismo del “super-yo” del spot de vídeo paranormal como medio de autodefensa, sigue haciendo estragos y un ridículo aplastante por una indescriptible ignorancia alterada por un ego chapucero que se manifiesta entre sonrisas y lagrimas, conduciéndonos a que nuestro inconsciente constantemente, al no esforzarnos en analizar la posibilidad de obtener respuestas razonables sobre las premisas más simples, hace que el dispositivo de alarma se reinicie repetidamente sin lograr estabilizarse, produciéndose una catarsis que ese piloto automático se obligará a la facultad de apagar el consciente cuando el cerebro duerma por pereza, ansiedad, cansancio o aburrimiento, al defenderse por requerir un esfuerzo mayor para que nos podamos entender unos y otros, sin tener que “esfumarnos” de una paciencia, cada vez más limitada, que ha quedado obsoleta o en una reserva perdida, otrora consumida por el abuso de un “chamán” mecánico que nos hace andar como autómatas bajo la sombra de un destino precario, desconocido, aterrador y arrinconado por los problemas que nos creamos de forma aleatoria, toda vez que nos predicamos abiertamente para no encontrarnos tan solos en el batiburrillo que nos hemos montamos.

Entiendo que somos el ejemplo de la idiotez personificada, injustificable y parlante (personas poco inteligentes de ambos sexos con menos agua, hueso y más carne de sabueso “defendiendo” el hipotálamo), empezando por calificarme yo como un espécimen en vías de extinción, aunque me queda el consuelo de tener la extraña sensación de ya no pertenecer a este mundo perro (ladrar mucho, olfatear poco y seguir comiendo lo que encuentro a mi paso), o que quizás después de una abducción consentida o no, diluida en el éter de mi galaxia imaginativa o enfermiza ensoñación, casi todo me trae al pairo, salvo lo que atañe al capítulo de la honradez que defiendo, parlamentar claro y sin tapujos, el honor que demuestro y el coraje que todavía no empleo a simple vista, al entender que me falta sentimiento para comprender que los errores ajenos son tan propios, similares e idénticos a los míos, y no me consuela el aceptarlos si antes no los paso por el colador y el látigo de mis secretos, con el que suelo flagelarme para no olvidar que puedo responder, si hiciese falta, a los insospechados “encuentros en una tercera fase“.

Por el momento, quienes pudieran salvarnos con electrodos e imanes para adquirir algo más de cordura, liberándonos de esta procesión de etapas cruentas, muy matemáticas y cínicos pacifismos, disfrazados fantasmagóricamente de manipulaciones e hipocresías, sí son del más “allá” de las estrellas esos invisibles visitantes, estando seguro que no hay una avanzadilla tan tenaz y perseverante para “chequearnos”. Ni están ni se les espera, y si por un casual enviaron a un explorador, estoy convencido que se “difuminó” de impotencia, al escuchar tanta insensatez supina entre tanta tecnología “divina”, que tiene como científico malvado a un diablo burlón y huraño, añadiendo la estupidez malsana y acostumbrada a jugar con la envidia que obstruye la capacidad de la comprensión espiritual, mimetizada a través de una variedad de lenguas “muertas” que se creen vivas todavía.. estando desde hace tiempo inmemorial, las etimológicas como momias enterradas en una seca laguna, provocando en su “chip” el lubricado óxido letal, para alertarle del riesgo que supone entender que sin movimiento y predisposición no hay jugada victoriosa y definitiva, optando por utilizar un socorrido manual de utilidades, desgraciadamente para nosotros, por no sufrir más el agravio de haberse convertido en carnaza extrasensorial que nos haga la competencia en eso del pensar.. tan alocadamente, desenroscándose por si mismo ese ser envidiado e iluminado, el tornillo mágico de la existencia vs resistencia.. y volverse echando pies en polvorosa por donde ha venido, si tuvo tiempo de despegar y no caer en el intento, pues trampas tiene la NASA y su ejército de conspirados frenéticos que no dejan de escribir y contarnos cuentos.

A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura. Isidro Blaisten (escritor judío-argentino)

¿ No estamos solos ?. ¡ Que venga E.T, y que lo demuestre !,.. pero que lo haga después de las 12 campanadas que abre el 2020, 19 años después de una Odisea en el Espacio en el que insistimos tanto para que eso ocurriese, no vaya a ocurrir que se nos atraganten las uvas.


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