Entre “talibanes” y los “mercachifles que nos tienen secuestrados”, ahí está la respuesta

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Quiénes se pensaban que estaban derrotados los “talibanes” en Afganistán, refiriéndonos a esas grandilocuentes respuestas en los medios de comunicación sobre el éxito continuado de liberación nacional gracias a una intervención de gran escala procedente de países integrados en la ONU, entre ellos España, liderados por los Estados Unidos o ya desunidos de Norteamérica, si duda e inexplicablemente se equivocaron por mucho film de guerra realizado, que es lo único que han sacado para la posterioridad de manera rentable orquestada por un guion con exceso de ficción y soldados fornidos con cara de vengadores, en donde siempre los “buenos” del M16 matan a los feos y “malos” del AK47.

Dice en su arenga de opinión, nuestro compañero R.GazaBal, que en temas así de desvirtuar la realidad y salir echando pestes de una zona de difícil compenetración, que la clasificación del problema nunca se tuvo en cuenta y que a nadie llamaron, pues mucha excusa tuvo y habría que buscar otros responsables sobre el asunto de dar un duro golpe por el atentado de los rascacielos gemelos en N.Y., no advirtiendo que torres más altas pudieran caer en la política yanqui se algún día trascendiese la verdad, no ponderando los riesgos sin tener en cuenta que ya los ingleses pasaron por la piedra y el paso de Khyber fue su losa que todavía recuerdan, al igual que los soviéticos que salieron con la flamante camiseta de lineas blancas y azules con otra impregnada de sangre.

R.Gazabal añade que a la simbolización prepotente se une la discriminación del pueblo que en teoría se ayuda, creando a la vez deshumanización y persecución al mismo tiempo, produciendo exterminación, negación y mucha corrupción cuando el aliado se aprovecha de los presupuestos destinados a la defensa, inflando su participación en tropas cuando eran cuatro gatos y mal entrenados por quienes consumían más heroína que balas en sus ejercicios de tiro al blanco.

Lo sucedido y ahora en la espantada general de todas las organizaciones militares que jamás fueron invitadas al ágape, sino como una invasión precipitada, corresponden a unos pasos y procesos de la ingeniería social frustrada, eliminando cualquier afecto empático por quienes hace días enarbolaban la bandera y decían “no pasarán”, sin pensar mucho los altos mandos que están a las órdenes de políticos que deberían estar preocupados, algunos internados en centros psiquiátricos, y por no ser raptados para terminar en alguno de esos agujeros, esos que al parecer el Stallone “Rambo” con su arco de “tarzán” del siglo XXI conocía tan bien, que unía cárceles soterradas y daban eco a los gritos de supuesta tortura, cuando podrían ser de placer, que a lo mejor servirían para recibir a esos invitados occidentales a los que sodomizar con un palo con concertina enredada de alambrada, a fin y efecto que muchos de los familiares estadounidenses que en Afganistán murieron por nada, aunque si lo hicieron por negocios inconfesables de la gran industria armamentística y no por la democracia ni la libertad que tanto alaban desde una “casa blanca”.


Todo lo que sucede será recordado en la caja de Pandora que conocemos como internet. Un contenido que podrá ser consultado se se goza de memoria, algo improbable, pues está claro que hay escasez, máxime cuando la subida y bajada de megas ha dejado de ser simétrica y el diablo cojuelo del “covid” se muestra como el ojo que todo lo ve, en donde allí que haya disturbios aparece sirviéndose de la ignorancia y el caos, pero no en todos los lugares en donde haya fronteras invisibles y no reine la obediencia a la OMS, a la industria farmacéutica, al nuevo orden mundial ni a los que a mala hora la madre los parió, ni a esos cabecillas que quieren exterminar a una masa poblacional inconcreta, tal sucede en países en donde se habla el pastún y el persa, el creole en Haití, en donde les meten terremotos a conveniencia y como un área de desgracia y experimentación.

Hemos llegado a la conclusión en este nicho en el que nos atrincheramos que al igual que los imanes se han juntado, como el trasero pegado al excremento, una doctrina sanitaria de un virus que campa a sus anchas, mata a quien quiere, enriquece a los de siempre y tortura a las economías, trasmitiéndoles debilidad si se rebelan dentro de una maniobra geopolítica desconocida, financiera y corrompida por la emisión de órdenes arbitrarias que atacan indiscriminadamente los derechos y libertades de las personas, porque ahora eso decir que hay que vacunarse por no transmitir, es de risa cuando las gradas se llenan sin gente sin mascarillas, se abrazan y siguen viendo jugando a sus héroes del balón entre las piernas, sin olvidar que cada día hay más gente que “pasa” de la inservible máscara, amén de la salvajada de seguir permitiendo gubernamentalmente la leyenda femenina de género, en la que parece que los hombres sean perros, creándose en anti-patriarcado y la versatilidad a conjugar cuando mejor les plazca a los y las artífices – artificieras, de lo que ya es una pro-invalidez cerebral que ha dejado de acudir a cualquier defensa de sus intereses personales.

Para no hacerlo más largo, pues siempre pecamos de lo mismo, dejamos para una próxima edición, algo más sobre las consecuencias de tolerar que las patentes de corso se instauren en las vidas ajenas y el cómo responder, aunque sea con agresividad, porque señoras y señores, por las buenas, al igual que sucedía con el mundo Talibán, éstos advenedizos y miserables que nos tienen secuestrados, por mucho que se lo digamos a las buenas no nos sueltan. Sépanlo.


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