Entre virus mortales y otros problemáticos si llegan a alcanzar a sus vástagos

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Dicen que ya nada será igual que antes de la irrupción del Covid-19, del que ya nos están alertando tendremos que ir acostumbrando a sus rebrotes, al igual que se da en las innumerables cepas de la gripe que acostumbran a visitarnos de forma estacionaria. Si alguien piensa que la compleja crisis sanitaria que padecemos tiene fecha de caducidad, cometería un error garrafal y sin duda pasaría a engrosar el elevado número de ciudadanos a los que no les extrañará que los demás piensen que ninguna importancia tiene el comer pan con pan todos los días, cuál sería el alimento de los tontos frente al aburrido espectáculo televisivo de los expertos diciendo siempre lo mismo y empezando por aconsejar hasta la saciedad que lavarse las manos es unos de los consejos más sanos.

En cuanto a lo de dar mayor relieve a las estadísticas o solicitar autopsias para saber si corresponden a la “epimemia coronavirulenta” o cualquier otra patología “ordinaria” cuando ya se han incinerado las víctimas, sigue siendo un fenómeno para impedir dormir los familiares más allegados, permítase el eufemismo, sobrenatural y poco gratificante, para seguir creando dudas sobre la veracidad y la voracidad del “bicho” aéreo que sin paracaídas nos visita y así cebarse sin remisión en nuestras hasta ahora seguras vidas.

Y en cuanto a los más jóvenes, aquellos que a partir de los catorce se creen aspirantes a protagonizar una película de Marvel Comics, desgraciadamente van a seguir el curso educacional, que aunque a regañadientes de hacerlo con limitaciones, impidiéndose la formación de pandillas de “bachilleratos callejeros” nacidas en los recreos, tantos unos como otros de diferente sexo, educación, estatus social y raza, van a estar mucho más proclives a no entender que ésto de la agonía mental de sus progenitores, la inseguridad laboral y el pago de las obligaciones hipotecarias, sea un obstáculo para no seguir como siempre, es decir tirando de “gibas” y de “veta” (en catalán autonómico), estar pendiente del móvil a cada segundo para volver a ver una y otra vez el idéntico ritual de “tira visual” y, perder el tiempo en preguntar o apuntillar lo que a buen seguro no tiene respuesta ninguna.

Alertamos del peligro de incubar la idiotez, empezando por los de menor edad, y eso sí es contagioso que malogrará la formación del intelecto hasta extremos preocupantes, cuando se trate de andar por los vericuetos del mundo y de la existencia vertiginosa resolviendo paradigmas y tomar como determinación prioritaria no esforzarse, ni tan siquiera para razonar una inquietud o la solución a un problema con una disciplina imitada o aprendida, cosechando aquello de que el mundo es de los vivos y ellos son los únicos que son más listos para evadirse de los desencuentros. Por lo tanto las anomalía en el comportamiento de los adolescentes no puede pasar desapercibida de la responsabilidad de los padres cuando se convenzan de que dos de cada cinco nuevos aspirantes a convertirse en hombres y mujeres emprendedores y resueltos se formarán como “niñatos” estafadores del sistema, empezando por el clásico trastorno de atención y una hiperactividad sin provecho, con enzimas disociales de egoísmo puro y duro oculto en muestras hipócritas y falsas de afecto, amasando en la conducta una actitud desafiante y negativa en todos los aspectos que comporten una obligación, como la de seguir estudiando o participar en labores domésticas puntuales.

Si ustedes, aquellos que consideran que han sido afortunados con una descendencia cautivadora y ejemplar, recomendaríamos no bajen la guardia y estén atentos a determinados signos de alerta, pues el virus de la incompetencia y la imbecilidad campa a sus anchas en una sociedad que ha sido y será vapuleada por los contratiempos de una economía adversa, por lo tanto y éste no es un consejo baladí por llenar simplemente espacio, si comprueban en sus “jabato/as” la existencia de un primer inicio de agresividad verbal, y ya no digamos física que requeriría de otra reacción más directa que corregir, añadiendo el rechazo de vínculos familiares y el desprecio por un exceso de comentarios sobre conocidos mayores y amigos de su entorno más cercano, así como el consumo del tabaco-porro y otras substancias, incluidas el alcohol de mezcla con refrescos, la escasa o nula capacidad de atención de sus deberes escolares y su rendimiento como alumno agravada por un conato de perdida de memoria, significando que todo lo acumulado hasta este punto y final, estriba en que hay que tomar cartas en la resolución de los afectados cuanto antes, ya que de lo contrario algunos de ustedes van a tener que escalar una montaña de crispaciones y deslealtades.. de las que también pueden no salir indemnes al ser contaminados por el mismo estigma del que ahora pueden creer estar protegidos o alejados. Y eso sí es una banalidad y lo demás una pantomima que merece la pena descubrir para no arrepentirse jamás.


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