Érase una vez un planeta muy poblado, en continúa querella y a la vez risueño

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Érase una vez un mundo complicado, con riñas entre estados, monarquías, repúblicas y alguna dictadura camuflada, además de las consideradas del envidiado modelo autárquico que mira siempre al otro lado de los socavones sociales y las necesidades ajenas, sin olvidar los extremos y desavenencias entre riqueza y una cada vez más “empírica” y escasa solución a la pobreza de los hechos y las circunstancias reales, que someten al ser a una esclavitud muchas veces disfrazada de democracia, sin menospreciar tampoco los conflictos armados entre países por dimes y diretes de aprovechar con avaricia y usura, embargar propiedades o delimitar recursos naturales, utilizando con saña una lucha por el poder, la corrupción galopante y poco sentenciada, la apropiación de las llamadas fuentes básicas de necesidades modernas que si son energéticas dan más caché y respeto en las aulas de las decisiones mundiales, redundando todo en el precio de los minerales desde el petróleo al coltán, especialmente el relativo al oro para embellecer cuellos, muñecas, dedos y de paso ser el valor unánime que marca las unidades monetarias de los sistemas y unas distancias considerables entre miembros en los que la humanidad y la comprensión les sale por la boca, sin perturbar la comisura de los labios sellados por la política transversal que inician una satírica sonrisa.

Y de repente ha desaparecido el terrorismo, la lucha fratricida de opinión entre obispos, papás, religiosos y agnósticos, coreanos del sur y del norte, los chinos en su reclamación permanente de Taiwán, al igual que sucede España con Gibraltar, aunque hay una excepción con Marruecos y su bazar de oportunidades, que aprovecha cualquier despiste de un gobierno español siempre en jarras para ocultar sus débiles puños de cristal, para decir tímidamente no a la reivindicación de Ceuta y Melilla, dejando así que la antigua colonia del Sahara se la disputen entre Mauritania y la morería del aquí te permito un caladero a precio de langosta, con sabor a bogavante que pronto sabrá a Mediterráneo, reclamando aguas canarias para estar cada vez más cerca de la entrada a una Europa solidaria y así apretar el tornillo del chantaje, ese mecanismo que abre y cierra el motor de las pateras de una migración descontrolada, cuando no recibe el derecho de pernada y el diezmo para que la invasión sea más lenta y la ayuda económica al necesitado vaya en detrimento de las arcas que no puede aumentar las pensiones de los jubilados.

Y hay muchísimas cuestiones más que merecerían una serie de televisión cercana al padecimiento y hundimiento de un submarino que podía ver el fondo a través de unas persianas de plástico. Todos se han puesto de acuerdo en que lo más importante es combatir la pandemia, que seguramente parte de una defensa a ultranza por aquellos que acechan y están dispuestos a visitar la Tierra proviniendo de las estrellas, y desde aquí les dicen con el rabillo del ojo avizor, aquí hay tomate y no precisamente rojo, sino de la marca Covid-19 que hace morir como a chinches a los humanos, preferiblemente a los viejos que conllevan además mucho gasto y duran más que el jersey de Matusalén poblado de polilla, lo que hace que las calles queden solitarias y en silencio cuando llega la tarde y la noche queda prohibida hasta para los murciélagos.

Imaginemos que hay otros ojos y oídos amplificados “escultando” nuestra comedia improvisada por los amos del mundo congestionado, en un escenario atemorizado y que no son de esta galaxia, estando cada vez están más cerca los enviados de una generación y raza extraterrestre que creíamos en la última frontera, la no amiga y desconocida que enfoca con tristeza decepcionada los pueblos y ciudades, llegando a la conclusión de “diantre”, esa mortandad tan elevada “estadísticamente” existe por un virus que no es de mentirijilla, detallada en todas las televisiones que lanzan mensajes recurrentes, todavía no, de que la vacuna es insuficiente y aparecen nuevas cepas más enervadas, contagiosas y que el riesgo va en aumento, incluso para otras legiones extranjeras.

Y toda esa información y a la que llegan ellos con facilidad por similar tecnología, parcialmente cedida a gringos, zares y emperadores por otras amistades menos peligrosas contactadas desde tiempos inmemoriales de Eisenhower bajo la denominación “ficticia siempre” de Ufo y Ovni, les puede perjudicar, supuestamente más de lo que imaginaron esos colonizadores sin visa ni carta de invitados si pisan suelo extraño, lo que hace que el mundo se rearme a pasos agigantados, implementando el diseño y fabricación de mascarillas a todo trapo, prolongando toques de queda que pronto serán a cornetín de minaretes, catedrales, sinagogas, palacetes, fortines y bases de lanzamiento tierra-mar y aire, con la esperanza de que huyan a otros planetas menos contaminados si no quieren que les hagamos un PCR envenenado, cuando creyéndose victoriosos prueben el sushi, la paella, el curanto chileno, el bratwurst, la papa a la huancaína, el pollo tandoori, el fish and chips, el mole y el taco mexicano, la pizza, el wiener schnitzel austriaco, el shashlyk ruso, las hamburguesas tejanas, el churrasco mordisqueado, la entraña argentina y otros muchos ricos platos gastronómicos, lo que hará seguramente un deleite para esos visitantes que únicamente ingieren papillas a través de las antenitas, por lo tanto ahora más que nunca toca defender la cocina de este infierno provocado y perdonar la comedia de los gobiernos para no crear el pánico, pues éste “restaurante” conocido por Gaia ya huele a quemado, y hay que hacer que salgan echando leches de burra y de víbora cardiaca  para que nos dejen en paz y no vuelvan a asustarnos.   

Y para muestra de lo explicitado un botón, perdón.. un objeto volador no identificado.

Declaraciones de Abraham ‘Avi’ Loeb, principal astrónomo de la Universidad Harvard, sobre el bautizado OVNI “Oumuamua”, avistado por un observatorio hawaiano en 2017, que se elevaba a través de nuestro sistema solar interior, asegurando que tal descubrimiento y observación representa una pieza de transporte de tecnología avanzada, creada por una civilización alienígena, lo que demostraría sin ningún género de dudas que el encuentro del objeto alargado detectado hace 3 años es una prueba evidente de que su rapidez en una órbita rara, sin dejar rastros de gas o escombros a su paso, invalidan cualquier opinión que lo relacione con un asteroide, aunque como cabía esperarse sus manifestaciones han sido rebatidas por otros científicos partiendo de la hipótesis de que un origen artificial para Oumuamua podría ser debido a fenómenos naturales para dar respuesta a su comportamiento en el espacio, lo que demuestra una vez más que el misterio sigue ahí afuera, hacia la parte exterior de un espacio.. y un tránsito real que muchos gobiernos no quieren aceptar.


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