¡ ES LO QUE HAY !, PUES LO PEOR Y MÁS DESTRUCTIBLE ES MEJOR QUE NO APAREZCA

Comparte este artículo

La última contienda que estamos padeciendo se muestra sin sangre en los campos de batalla desiertos de belicismo y estruendos, que es en lo que se ha convertido el mundo entero, contabilizándose muertos a diario, bajas de lecho hospitalario, algunos suicidios y el dejarse llevar para siempre por la depresión de ser inútil por ser viejo, y la angustia de esas personas que no se resisten al agobio, el confinamiento que cierra sus pequeños negocios, sin olvidar a esos muchos prisioneros que lucharon contra mil enfermedades cuyas patologías se han aliado con ese virus “gótico”, pretencioso y esquirol del que no pronunciaremos su nombre para no seguir dando pábulo de su poder invisible y terrorífico, el mismo que supera la suma de las matemáticas clínicas para seguir sumando víctimas, todas ellas añadidas en la caja fuerte de una estadística que nadie se atreverá a descifrarla, lo que hace que con impunidad prosiga esa lenta y preocupante depuración del ser humano que pierde banderas y quisiera izar la de cruz blanca y roja, armada en un hospital de campaña como signo inequívoco de una incondicional rendición a un ejército de sombras y salivazos.

Esta pandemia que no se corta de raíz, ni por la nariz ni por la boca, espera a horcajadas a la otra protagonista reconocida como la gripe estacionaria, y cuando ambas parece que se hayan disipado por la simple y triste habitual convivencia, connivencia y conveniencia, aparecerá la esperada y temida nueva ola y otro golpe más virulento.. y otro, para seguir con los que fueran necesarios para dar sentido al equilibrio del planeta, evitando que las represiones que podrían causar las depresiones sociales y los estallidos de rebelión en las calles, siguiesen por los tenebrosos campos de una irracional conducta, peligrosa y carnívora dentro de un caos insoportable, lo que ha hecho probable y sin dar cancha a ser llamado negacionista por una opinión alejada de la infamia, a que se opte por un programa más inteligente y “humano”, el de dar sepultura a los sobrantes, empezando por los ancianos que seguro no incluirán a los mezquinos que han diseñado la solución final en secreto y durante años, dejando hoy en la cuneta de una economía de guerra extraña e instaurada por el sensacionalismo y el miedo a través del eco digital, lo que ha derivado a la efímera existencia de los maltrechos heridos, que se cuentan en lo oculto, quedándose sin las municiones de la salud y el metálico que dejó de servir para dar cambio, sin duda por la falta de oportunidades para defender sus negocios en los que han invertido un exceso de una confianza, vendida por los políticos torticeros que tenemos como empleados que así nunca lo han admitido, que no se conforman con ser los conciudadanos modelos de comprensión y gestión, que a traición han lanzado granadas de mano de embustes y obligaciones, quebrando sus voluntades y poniéndole horario al vacío que día a día fueron maquinando en un juego de intereses repulsivos, apretando un nudo en las gargantas que podrían gritar su ineficacia, comprobando el pueblo llano en su intelectualidad más divergente, que la vuelta a la normalidad era una quimera, que los impuestos han seguido aumentando y que las coartadas las pretenden limpiar entre la colada que hacen constantemente de sus colores e ideologías los partidos, que inexplicablemente han servido para reducir las libertades mientras se siguen contemplado a esos eunucos de ideas que aspiran a perpetuarse, en comandita o en banda armada si fuera o fuese necesario.

La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Albert Einstein

No se fíen de estos podridos mensajeros del horror que nos atemorizan con sus soflamas y bravatas a diario, y si hay que caer de bruces háganlo con dignidad, aunque si ésto sigue así no hay que descartar la posibilidad de que muchos inocentes en su paranoia desigual se lleven por delante a unos cuántos, a esos que por ser reconocidos por mirar de soslayo, mientras se apartan la mascarilla para ostentar una nefasta mueca de preocupación delante de una cámara televisiva, nos siguen interrumpiendo y manipulando, mutilando el libre albedrío de una vida ya de hecho desgastada, quizá con la intención de hacernos regresar al mismo procedimiento que siguieron con la gripe española allá en 1918, que por cierto el origen de la cepa epidémica partió de un conato surgido en China o en Arkansas, que sin estar del todo claro todavía, causó entre 50 y 100 millones de defunciones durante aproximadamente dos años. Y para más casualidades que les harán pensar, la coincidencia de una Primera Guerra Mundial entre 1914 y finales de 1918, dejó entre soldados y civiles alcanzados mortalmente en el combate más de 16 millones, además de otros 6 millones que murieron de hambre, sin olvidar los más de 20 millones de heridos.

Se dice que la gran crisis económica de 1929, correspondió a un desajuste de las economías reales que no disponían por entonces de una información fiable de las bolsas y de unas auditorias rigurosas, provocando la desesperación y una inflamación de las deudas que ahora llamamos inflación, con el devengo de una interrupción laboral que ni tan siquiera se pudo amortizar con la II Guerra Mundial diez años después, es decir 1939 hasta 1945, contabilizándose de 60 a 100 millones de caídos, aunque otros historiadores menos alarmistas los cifran entre los 40 y 45 millones de muertos en el marco de una visión más moderada.

Todo este desarrollo viene a cuento para aclarar que algunos dictadores a los que les encantan tirar de los hilos que mueven al mundo, han podido llegar a plantearse que ante situaciones comprometidas por las referidas anteriormente, sólo cabe decidirse por la masacre incontrolada con amenaza nuclear, o lo que hay ahora en ciernes, pues el principio todavía no tiene un final concluyente, y que como medida previsora enriquecerá a una industria farmacéutica diseminada en todos los países de este enfermo globo terráqueo, que no ha dejado de superarse en ésto de curarnos con éxito de vez en cuando, contagiarnos con vacunas si es prudente por órdenes recibidas, y así hacernos más felices en este sorteo de vidas, que ya empiezan a ser errantes y muchas para ellos inservibles y otras caducas.


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*