España y su cosecha política de manzanas podridas

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Llora por mí Eva, y deja que España una vez que recupere la vista, busque otro fruto que no sea una manzana con gusanos, mezclada en un cesto desvencijado.

España tiene graves y diversos distorsionantes complejos de identidad, desgraciadamente no coincidentes debido a la “federación” todavía no anunciada, conocida fuera de la intimidad por comunidades autonómicas, perpetrada en 1978 con una constitución más democrática que un “gurka” cuando antes de cortarle el cuello le enseñaba al enemigo su cuchillo afilado “kikri”, a fin de que supiese que era el mejor modo para evitarle un mayor sufrimiento para acto seguido y sin dilación alguna rebanarle el pescuezo, el de la derrota idílica quizás por una patria que no supo medir sus fuerzas, pues es de todos los españoles bien agradecidos tener conciencia para vislumbrar ningún otro degüello y que antes de sufrir otra estúpida y hermanada contienda, lo mejor era desollar la geografía hispana, partiéndola en trocitos y lanzar metafóricamente algunas monedas al estilo monárquico, para contentar las siempre maquiavélicas y difícilmente entendibles funciones separatistas, promovidas por idealistas de sueldo asegurado en universidades públicas y algún que otro corrupto ilustrado en medicina y germanófilo al que están esperando que se muera para evitar ser juzgado por sus caciquismos y tropelías

Primero el rey, después el príncipe que hace tiempo dejo de serlo para sustituirle, considerado de ser simplemente un jefe de Estado sin corona pasada por las urnas, que únicamente sirve al país a instancias de una representatividad figurativa, pues a las hemerotecas nos volcamos para darnos cuenta que manda menos que la cabra de la Legión, a la que le obligan a marcar el paso sin llamarle la atención, dejándola una vez el desfile concluido a pastar hierba sin el “chapiri” en el patio de la bandera, para después recluirla en una “celda” en la que nunca se le echará el cerrojo, tal lo hacen hoy con el emérito que otrora fue el protegido de un caudillo con mucha doctrina eclesiástica y un dedo siempre engatillado. Un hombre que hizo acopio de un valor acreditado en la cartilla con la calificación de “ se le supone “, para más tarde dictar todos los días edictos contradictorios mientras organizaba en su rutina, incluso después de muerto, darle a cada uno lo que se merecía, como en este caso, un mendrugo para que cerrasen la boca los boquiabiertos vencidos en una guerra civil ingrata entre muchos tontos y algunos listos, títulos nobiliarios exentos de amenaza de cualquier guillotina, un cheque en blanco para los gobernadores civiles a los que ya sabía intentaban ningunearle mientras elevaban su brazo y palma extendida en alto, que después de él y confesarse por última vez, se irían al carajo todos juntos y rezando, no sin antes dar algunos chupinazos para seguir siendo indispensables en cualquier sistema económico en cualquier economato político, mientras el pueblo llano, trabajador y sonriente se sacaba el carné para conducir un 600.

La España ancestral y cautivadora se nos rompe en mil pedazos con el contubernio maligno, incomprendido, fuera de toda justa batalla argumental y dialéctica para beneficio de todos, contraída por la necedad de populares centristas, derechones, izquierdistas, comunistas y ahora terroristas que han dejado la “Sten” sin municiones en un rincón del caserío, sin olvidar a los independentistas que aspiran a convertirse en socios de los “andorranos”, manteniendo en sus morrales de autosuficiencia por creerse más inteligentes que sus vecinos, la seguridad de que las zonas francas que poco a poco se van despoblando de obreros que las justifiquen, no se las coma la impaciencia por esperar a que toda esta simpleza de nostálgicos y mareadores terminen por pensar seriamente.. algún día en la interrogante del por qué desaparecieron. Y es que, sin duda, España es el ejemplo del caos por costumbre, el color mustio de una industria sin obreros por largas temporadas que a lo mejor nunca más vuelvan, la incerteza e inquietud mental de los agónicos autónomos, la revancha de un proletario que no conoce su significado, el torbellino ciego de la clase aburguesada y el preludio de no aceptarse así mismos, como seres sin cultura reivindicativa que no sea la de boquilla estrecha, poseedores de una tradición ignorada, de historia abochornada y un orgullo patrio perdido.

No llores por mí Eva, que así se llamaba la otra, la serpiente sin manzana envenenada, y deja que el destino haga su trabajo, poniendo a cada cuál en su sitio, permitiendo que Adán busque otro fruto para recuperar la esperanza.


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