Españolito que vienes al mundo

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“El Rayo” era un judío polaco nacido en la ciudad de Belz, ahora ucraniana después del reparto fronterizo forzoso una vez concluida la segunda guerra mundial, lo que no influyó para que mucho antes le hiciese llegar ilusionado a la España de los corsés, el bombín y el garrote vil. Él era ingeniero de minas convertido en un respetado capataz de los “huecos” negruzcos del carbón, quien huyó del hambre y la tiranía todavía feudal de los países del Este, cuestión que sirve para abordar lo que a continuación pueden leer si siguen teniendo interés.

Él decía qué sí a los españoles les ponían un uniforme, una gorra de plato y un bastón de los de atizar indiscriminadamente, podían llegar a creerse ser dioses con derecho a ejercer de “reyezuelos” en el entorno que les tocaba vivir. Creo que no andaba equivocado cuando narraba sus historietas y sus lamentos por una añoranza que siempre tuvo de sus orígenes hasta la hora de morir.

Esta introducción limitada es un pronunciamiento a la verdad que entraña un poema del venerado Antonio Machado, fiel reflejo de lo que sucede en estos momentos en una nación que repudia ser tan naturales y transparentes como el agua, el cielo y el sol que todavía nos enriquece y protege.

Probablemente a la mayoría de los españoles nos reconfortaría más ser reconocidos como “hispánicos”, tal fuimos bautizados en la ocupación romana en el año 200 a.C. Hispania como equivalente de Iberia (.. o sencillamente ibéricos por añadir algo más por el mejor marchamo que representan nuestros productos porcinos provenientes del cerdo pasivo que consume en la tranquilidad del campo la sana bellota, lo que podría ser también un indicio de ser un tanto gustosos por tener vocación de “analfabetos” de miras hacia adentro, aunque excepciones las hay, como las meigas pululan todavía entre las mentes de las gentes jóvenes y ancianas.

Después de los reyes godos, la dominación musulmana, las incursiones vikingas por el mar hasta recorrer el río Gadalquivir en profundidad, son los “guerreros” y temibles Reyes Católicos quienes dan nombre a España como entidad cultural y patriótica allá en 1492, permitiendo deportaciones moriscas y judías, y algún destierro sin conocer su procedencia, lo que no impidió una mezcolanza de “tribus” aposentadas en las bellas ciudades amuralladas, algo que nos podría hacer sospechar que nuestros rasgos no son afines a los admirados nórdicos o a la solvencia mental disciplinada de los núcleos del norte de Europa, algo que probablemente nos impida ser fieles a mantener una bandera con orgullo, que hoy muchos portan con cierta sensación de incomprensión y otros a regañadientes desprecian.

El poeta Antonio Machado nos definió muy bien a través de un poema corto y explicito, en la que situaba perfectamente a una España siempre dividida y poco dada a entenderse para lograr un objetivo común que pudiera satisfacer a todos esos reinos de “Taifa” y fortificaciones atalayadas por una constitución autonómica, lo que hace que sin remisión no existan federalismos ni conveniencias para emprender la lógica y la coherencia a las soluciones por los errores olvidados y sin responsables, que los hay con nombres y apellidos, que entristecen el panorama de una España que se va fragmentando, rompiendo a pedazos y enfrentada por el simple protagonismo de esos “reyezuelos” que apuntaba “El Rayo”.

La sociedad española lejos de amedrentarse sigue sin cuestionarse y se regenera de envidias y se odia por una inercia inexplicable, aunque se sigue despertando a la misma hora y citarse para irse de copas o estrecharse con abrazos falsos de una política perversa, que dista mucho de ser ejemplar y esperanzadora, para ser finalmente humillada e incluso innecesaria por su escasa productividad social, macerada en la falsedad y la inactividad, cuando poco hace por un pueblo que cada vez más se aleja y con mucho desafecto de una corriente de normas, más ligadas a ordenanzas oficiales contenidas abundantemente en el Boletín Oficial del Estado, que a ilustrar con fidelidad constructiva el contenido de los derechos y obligaciones que deberían regir para alcanzar el bienestar esperado, dejándose de sandeces, amenazas y querellas que no prosperan en un colectivo de farsantes, que deberían bajar alguna vez a la mina para saber de que color tienen el alma.

Españolito que vienes al mundo

Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere y otra España que bosteza.

Españolito que vienes al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Antonio Machado


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