Esperando mi legitimada “Z”, porqué hoy la transgresión es una opción

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Lo que podría invitar a pensar que a más de uno le encantaría convertirse en un Jean Paul Marat con máscara de “Vendetta” en pleno siglo XXI

El país, ya sea España o en la República Independiente de San Serenín del Monte.. o lo que quede de las mismas a nivel demográfico e intelectual, se nos ha escapado de la racionalidad que creíamos protegida y que impediría la destrucción estructural de la fuente del buen saber, para simplemente no errar por la ignorancia que se manifiesta abiertamente desde cualquier “gobierno diametral opuesto a la voluntad del pueblo”, sin tener en cuenta los más elementales designios, que como hechos consumados y gran indiferencia, atentan contra el estado de derecho de los ciudadanos.

Sin capacidad de reacción, los desencantados alemanes de 1933, abocados al imperio obligado del “nazismo” como única opción al eslabón prioritario para crear la ilusión en algo, decían con mucho recelo y a escondidas : “hemos elegido a un lunático y no sabemos bien las consecuencias por las que su nefasta gestión quedaremos todos involucrados”, lo que degeneró en unas terribles hazañas bélicas en los años consiguientes con una gran mortandad humana, concebida por “dictaduras” que desde siempre habían sido beligerantes, allá entonces, por razones económicas, territoriales y coloniales allende sus fronteras. La historia no se puede repetir si no es para reírse, pero por indicios más simples y grotescos que nada tienen que ver con lo anteriormente dicho y que en consecuencia será difícil que hoy se llegue incluso a las manos, aunque si con palabras de gran bajeza, egoísmo por ampliar la cartera y suficiente tiempo para cambiar el sillón en el “parlamento” por otro más cómodo, afortunadamente con el atenuante de evitar una contienda en la que nadie o solo unos pocos decidirían agarrar un fusil sin balas para dar la cara por unos estúpidos “gestores” hinchados de gloria y pasados de rosca, que son impropios y de cobardía rematada en postularse para bajar a la arena y a modo de gladiadores dirimir personalmente sus diferencias con sus opositores. Por lo tanto, no llamemos al odio y al escarnio por no alcanzar un encontronazo parecido del 36 al 39, pues seguro que no habrá salvadores patrios ni seguidores a ninguna bandera para resolver un desastre social de una envergadura mayor y cruenta, como el que a muchos les gustaría se produjese en una España de sol, turismo y pandereta, ni siquiera como una rápida y desgarbada aventura gracias a una improvisada maniobra de los revanchismos liderados a través de un visionario inútil y perseverante en sus convicciones políticas y mucha estrategia de película en su experiencia, dado que el mismo se derivaría a demostrar su fracaso y arriesgarse a que le diesen carpetazo en calidad de botones en una de esas multinacionales de puertas giratorias que nunca llegarán a cerrarse.

” Yo mantengo que el término nación no es unívoco; que tiene muchos significados. Pero si se introduce en un texto legal, la evocación es jurídica (…) Yo me opongo a que jurídicamente se reconozca nación distinta de la de España, porque creo más en la igualdad de los españoles que en el derecho a la autonomía.“ José Bono (socialista)

La multiplicidad de las mismas autonomías, el relicario de leyes emitidas por las mismas, confusas y poco rentables sus funciones administrativas, duplicadas y registradas en los 17 reinos de taifa y sus “presidentes” siempre conciliadores del buen “rollo”, amén de unos presupuestos macerados en el dislate por llenar los estómagos agradecidos de los afines que como plañideros y palmeros que nunca serán suficientes, y que cada vez son más ampliados en la estadística jornalera para seguir asegurándose la reelección, han hecho que el exagerado coste burocrático se haga menos sostenible, creándose una ansiedad y un malestar, cosechado por el pervertido vertido afán de lanzar constantemente una información subliminal falsa en muchos casos.. para mayor irritación de los creyentes, abducidos y alucinados consensuada entre todos los interesados, diaria y banalmente, utilizando una red conspirativa orquestada por una telaraña de influencias e intereses creados a dedo siempre en comandita, tejidos en la sombra y blindados en el más puro estilo bananero de una serie de ciencia ficción barata y dominguera.

La casuística del rédito sustraído por el ocioso margen del desempleo por aquellos que lo manipulan y se congratulan de verlo pero no padecerlo, enervado por la energía de un problema siempre a rescatar y difícil de superar, si no es por la inversión financiera de los poderosos, argumentado por la utilidad indecente de una hornada de prohombres mediocres con autoridad suficiente dedicados a la política, que sin lugar a dudas se ha transformado en una alineación lúdico popular, anestesiada por la falta de valores y la reciprocidad que se genera en el hoy por ti mañana por mí, la misma que espera el humillado frente a una justicia ciega que sepa dar palo a las fechorías, la corrupción y a la prevaricación de quienes sabiendo ocultan, de quienes pueden evitar los cataclismos persisten en que hay remedio anticipado, y que perseveran más en lo mediático que en el sentido común y estricto de lo que debería entenderse dentro de una coherencia clara y del sufrimiento ajeno, no evitando de ninguna manera la credulidad que con las herramientas del poder legislativo, se oriente a producir un clima que no sea de incertidumbre y catastrofismo. Aquí, el patrón no manda y el marinero procura obtener la patente de bucanero, probablemente para seguir votando si las prebendas son las mismas o se aumentan, al igual que se hace cuando se arroja una piedra al mar y se producen ondas, sin comprobar que entre todos, y al mismo tiempo hemos hundido el barco, ya sea por la fuerza del impacto o por la naturaleza de las vibraciones que los más avezados han impulsado con otro tipo de fuerza y muchísima deslealtad.

Ya no quedan intelectuales, personas de ciencia demostrada con voz permitida que propongan ideas para hacer frente a los atascos, y cuando existe un conato de inspiración crítica, se cercena de inmediato el contenido del mensaje que queda postergado hasta otra noticia que lo invalida, cubriéndolo, deformándolo, quedando relegado al ostracismo que produce solapar una noticia con otra diaria y más incierta. Así pues, la maldad, el desatino de dar respuesta a los litigios de toda índole y solución, el letargo al que se ven envueltos en lo que deberían ser juicios rápidos, hacen que la penumbra se convierta en oscuridad, y que el delito prescriba en el tiempo. Nadie está por encima del Estado, ni por debajo tampoco debería tolerarse admitirlo. Por mucho menos la guillotina irrumpió en Francia, y lo que fue el declive de una sociedad que se formaba como tal era humillada por reyes y cortes aprovechadas, sobresaliendo la otra cara del maltrato y la dejadez irresponsable, que se transformó en el terror de una jauría humana que alcanzó a una cúspide engalanada con las miserias de los demás y largas picas con cabezas cortadas. Algo que los aficionados a hablar en el ágora parlamentaria no deberían olvidar, cuando las mentiras se repiten en su trascendencia y se convierten en las medias verdades de un lenguaje críptico, astuto y poco talentoso, excesivamente injusto por apropiarse de los baúles de los tesoros, empezando por ponerse al corriente en las historias de piratas, para seguidamente si tienen ocasión todos, meter la mano y el hocico en las cajas solidarias.

Ya no es una cuestión de crisis económica, de compromisos y progresismos sociales lo que invade nuestras vidas, es más bien un sentido de auto-conservación y complacencia cuando no nos vemos involucrados en la cruenta sangría de los hechos, algo que nos mantiene callados y a no salir en la fotografía de la protesta patética, estática y generalizada, dejando que las algaradas las encabecen los más inútiles, aquellos que desean vivir en la perfumada pocilga de sus aspiraciones y contradicciones más elementales, basadas en la paz cautiva como premisa y en la cordialidad domesticada como fuente de riqueza, para volver a retomar el pensamiento absurdo y de voraz inquietud frente a los desmanes de un colectivo privilegiado, cada vez más eclipsado, que nos despedaza con los obsequios de nuevas noticias de un próximo encuentro con un mundo renovado y feliz, que compartiremos todos juntos en los mercados del Ibex35, sin excepción y mucho amor. Menuda cantinela.

Probablemente, si las autoridades, las de verdad, las sostenidas por el valor de la razón y la ética, ahondasen en el problema, prohibirían tantas cadenas de chantajista desinformación, consolidando pocas y con opinión tangible demostrable. Internet sólo ha servido para disfrazar una corriente agorafobia de libelo derecho a la opinión, amparándose en la libertad dirigida y en la generalidad del uso a nivel global supeditada a los grandes hermanos que nos manipulan. Gran error para un pueblo al que le han contagiado de una perenne afonía, de una calmada resignación, que lo hace frágil y lelo en este mal llamado estado del bienestar, en el que hemos cambiado un abanico cuando nos torramos al sol por un móvil que nos enciende cuando el G4 no entra a toda prisa.

Los humanos, todavía hoy, nos seguimos transmitiendo a través de la red comunicativa impuesta, textos indescifrables, contradicciones y posturas fotogénicas, exentas de la intolerancia y la animadversión según prometen quienes dirigen las redes sociales, aún cuando la reacción ante la causa y su efecto clame al cielo, diseminando los contenidos en un espacio insustancial, de oídos sordos y tiempos largos que se confunden con el griterío de un partido de fútbol, un accidente de tráfico, la salvajada de un asesinato múltiple, una violación o con el aviso de que las normas y prohibiciones no han hecho nada más que comenzar. Estamos listos para recibir sin protestar lo que nos echen en el plato metálico para saciar nuestra hambruna artificial de ordinariez, pero yo, al menos, escribo lo anticipado para pensar y escribir “Z”, es decir, para seguir creyendo que estoy vivo, que todavía razono y no estoy dispuesto a que me saquen las vísceras de mi personalidad a través de una cruel trepanación que empezará por la nuca, en donde se esfumarán las ideas para defender que la mejor arma es la palabra, el único objetivo la razón, y el sentido gregario el respeto hacia los demás para demostrar que volver a la práctica del pensamiento es lo mejor y más sano para nuestra supervivencia y convivencia, incluso a través de la desobediencia civil si considero que se están vulnerando mis derechos constitucionales por tener siempre el derecho a decidir, utilizando la transgresión como una opción.

“No existe el fracaso, salvo cuando dejamos de esforzarnos.“

Yo quisiera ser Marat y aupar mi propia revolución mental, antes que la cadena de locos alineados por los políticos insatisfechos, fraudulentos y corrosivos decidan que hay que meterme vivo en el cementerio de los cuerdos.


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