La globalización y una eclosión social exigiría nuevos “campos” para asistir a un “bochornoso” espectáculo

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La globalización y una eclosión social exigiría nuevos "campos" para asistir a un "bochornoso" espectáculo

No toda monumental construcción sirve únicamente para la celebración de actos deportivos, mundiales de fútbol y juegos olímpicos. En una situación difícil pueden los ciudadan@s en esos espacios y edificios, permanecer por tiempo indefinido y no como simples espectadores.

Deben saber nuestros lectores que en muchos países disponen de instalaciones de retención de gran capacidad, proporcionadas Ad hoc” que fueron construidas con otros fines complementarios llegado el caso, como son las diseñadas y destinadas a la celebración de actos deportivos, espectáculos, mundiales de fútbol y juegos olímpicos, pabellones de ferias e incluso las grandes superficies comerciales e iglesias.

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Todos los gobiernos disponen de planos y memorias descriptivas de todos los estadios, que custodian los centros de inteligencia de esos “campos” y sus puntosLa globalización y una eclosión social exigiría nuevos "campos" para asistir a un "bochornoso" espectáculo de visualización a través de cámaras, y no precisamente para la celebración de eventos deportivos, conciertos o concurridas manifestaciones, que llegado el momento de una explosión social podrían convertirse en penitenciarias de reclusión puntual.

La globalización y una eclosión social exigiría nuevos "campos" para asistir a un "bochornoso" espectáculoSi observan, todas esas macro construcciones tienen torres, torretas, miradores y palcos de estrategia arquitectónica para observar mejor lo que ocurre en el interior y en los alrededores próximos. Y no es baladí, que las puertas de acceso sean amplías para una rápida introducción y salida de las personas que concurren por algún motivo inspirando confianza y seguridad.

“Rebelión en la granja” de George Orwell. Un libro que ha inspirado a los “amos del mundo”. Léanlo si tienen ocasión para entender el otro lado oscuro de la percepción que hacemos.

La idea proviene del uso que se pertrechó en los golpes de estado y restauración de la democracias paralelas y distintas” en peligro para recatarlas por la fuerza de las armas, en concreto en los sucesos de Chile y Argentina, en donde alojaban a los sospechosos que incurrían por no someterse a los toques de queda, a la organización de revuelta y otras algaradas contra los totalitarismos, entre los que disipaban a discreción un buen número de infiltrados “delatores”, para estar al tanto de conspiraciones imprevistas que impidiesen el aislamiento forzado por las nuevas autoridades.

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En un estado de emergencia las cárceles no serían suficientes y en su defecto, las más generosas por su bienestar, servirían para alojar depósitos de municiones, soldados y fuerzas especiales de choque, además de espacio para aparcar vehículos militares, clínicas de primeros auxilios y tecnologías de radio-escucha avanzadas, y a la vez celdas de interrogatorios en donde se internarían a los cabecillas identificados como entes de influencia decisiva en provocar rebeliones y motines insurgentes en la ciudad, separándoles de los que mediasen en las cercanías de pueblos y otras zonas rurales.

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Todo lo narrado se fundamenta en que existen procedimientos para impedir cualquier agresión a lo que se entiende como un débil Estado de derecho y sus desastrosos daños colaterales, o el principio de una sublevación espontánea por motivos políticos inducidos o económicos, que los poderes ocultos “tácticos” en ningún momento van a tolerar, máxime cuando para ellos la ilegitimidad puede cursarse mientras no se encuentre antes un punto que no sea de inflexión ante la sedición, a la obligatoriedad de seguir como animales de granja las coordenadas establecidas que requieren los nuevos tiempos, que se contemplan en una democracia desconocida, que puede llegar a ser derivada en reacciones y comportamientos de enfrentamientos.

No hay peor rehén para quien le priva de libertad que el no estar convencido de que la rebelión de las masas puede ser real. Las razones si son compartidas pueden formar un ariete para derribar cualquier orden y gobierno.

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El poder fáctico se ha ampliado en los últimos tiempos y está representado tanto por la máxima importancia de la banca, la oligarquía, la burguesía activa y resentida por la disminución de ahorros agravada por impuestos, la política de partidos, las iglesias cristianas y evangélicas, el ejército como velador del orden constitucional, las multinacionales dentro de la pirámide plutocrática dominada por los “amos del mundo”, las centrales sindicales y los medios de comunicación social que no difieren de una determinada ideología conservadora, incluyendo en la definición a las élites de una judicatura imprescindible para proporcionar oficialidad a un proyecto que sanee cualquier eventualidad interna en un país.

 


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