Están y los de aquí con poder para saberlo no lo niegan, y quieren jugar con ellos

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Estamos en las entradas blindadas de un nuevo mundo en el que van a resultar difíciles las escaladas a los muros que lo circundan para protegerlo de extraños que piensen y actúen de acuerdo a su libre albedrío, pues si son descubiertos serán rechazados, retenidos para ser encarcelados o simplemente hacerlos desaparecer con el fin de no permitir que el mal ejemplo que pueden dar por pensar con imaginación y confianza por parte de los no vacunados con respecto a los alineados con su código de barras de caducidad inducido por uno, dos o tres pinchazos en el brazo, puedan ser causa de rebelión o un frente común de arrepentimiento que busque a aquellos autores de la manipulación social venganza sin juicio y sin defensa, que pueden ser los mismos que querían deshacerse de mil quinientos millones de habitantes terrícolas y por otra parte insistían en salvarlos a base de una imposición sanitaria ligada a la obligatoriedad sin precedentes en el derecho de libertades del antiguo hemisferio llamado democrático.

Ya nada sería igual, y dentro de unos años podríamos llegar a la conclusión que desde hace muchísimo tiempo fuimos invadidos por los extraterrestres condenados a una obediencia ciega de instalarse en la mejor gastronomía de la galaxia, de la misma forma que los subsaharianos invaden Europa y el resto de los países sudamericanos intentan poner su huella en los Estados Unidos de Norteamérica, o que las plagas de langosta, cotorras y palomas invaden las plazas y las terrazas en busca de alimento, tampoco sería de extrañar que rememorando una vieja película de 1978  dirigida por Phlip Kaufman “La invasión de los ultracuerpos” sucediese lo mismo, pues no hay que desperdiciar el guion en el que los “alien” estoicos, sosos, malhumorados, sin personalidad y características que los distingan por una idéntica identidad no han dejado de ser una fotocopia calcada de lo que pudiera entenderse hoy, con la diferencia de que éstos por el momento en el celuloide duermen en vainas y siempre están dispuestos a señalar con el dedo a quienes todavía no han sucumbido horrorizados, a la desesperación de cerrar los ojos y convertirse en esclavos suplantados por seres extraños provenientes de otro recóndito lugar.

La NASA cumplió su promesa de abrir páginas a los expedientes OVNI e insisten en sus 144 avistamientos en los dos últimos años que ya no niegan y encuentros complicados de respuesta de indefensión ante posibles amenazas que no se han suscitado por ahora, haciendo especial mención a naves esféricas de platillos tripulados o no, que salen y se sumergen en los profundos abismos de los océanos con la gran rapidez de un rayo, lo que demuestra que no son de la Tierra o siempre lo han sido bajo los mares, con la probabilidad de que haya habido un pacto para salir airosos del cambio climático a cambio de menos oxígeno para muchos incrédulos y una capa social humana prescindible, de lo que apuntamos como consumidora de recursos caros e innecesaria.

Y una última recomendación, si la mayor parte de nuestros lectores cree en Dios, que jamás lo han visto, no sería nada ridículo pensar que “ellos” existen, pues han sido vistos. 

Y después de lo dicho, mientras unos y otros y los demás allá andan narrando historias para dormir sin pesadillas, después de conversar con su ángel de la guarda o con “Atila rey de los Hunos”, hay otros bárbaros sin barba como Jeff Bezos de Amazon y Elon Musk cofundador de PayPal además de único responsable de SpaceX y Richard Branson, (algo más peludo), de Virgin Galactic, que se gastan cientos y cientos de millones de dólares en orbitar jugando a ser astronautas como esos más de 500 (para que después digan que algo no se está gestando como medida de precaución y encuentro apotósico) que en el 2020 subieron a la estación espacial sideral, y así de paso tener ocasión los 3 héroes y sus acompañantes de negocios inconfesables, de ver a las naves extraterrestres sin matrícula desplazarse por la estratósfera, evidénciandose de tal forma que tampoco son ellos titulares del marchamo de muy humanos que digamos, por no tener consideración ni compasión ninguna al permitir que aquí en el supuestamente perdido paraíso terrenal haya gente muriéndose de hambre en cualquier lugar del mundo que en algo contribuyeron a hacerles ricos, gracias a la complejidad competitiva de quienes salen de su aislamiento social con oportunidades y terminan por ser clientes de sus “productos”. Y poco más por hoy, salvo que no es justo y el que no lo entienda, que vuelva a la escuela de la vida y así sabrá que a lo mejor por una ambición desmedida de personas como las citadas hoy, saben los “otros visitantes” mucho más de nuestras debilidades ergo fracasos.   


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