Fata Morgana o la ilusión óptica que anuncia un colapso humano

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Europa (745.056.370 personas), un continente en el que existe una Unión Europea (513.471 millones y pico) que no sirve para reparar las gastadas suelas de sus zapatos.

No es que el aumento de la temperatura nos haga ver espejismos, produciéndose una distopía óptica que no sea la real en cuanto a emigración se refiere, lo que hace aumentar demográficamente y muy negativamente dar sostenimiento laboral para todos.

Europa está siendo víctima de un atropello inocente por necesidades perentorias de una subsistencia que a los migrantes les han prometido encontrarían en un continente en donde aparentemente reina una fuente de riqueza inagotable, en el que desean participar los huidos en una diáspora desde cualquier punto donde acucie el espíritu de supervivencia social, obligados por la necesidad de una vida mejor para ellos y para quienes familiarmente han dejado atrás, e indecente debido a una política de brazos abiertos hipócritas, que no saben organizar cupos de acogida o disuasorias recomendaciones para advertir que no todo es oro, flores y violas en una comunidad desgastada, cuando lo procedente sería ayudarles en sus lugares de origen y castigar de muchas formas a quienes les “animan” a tomar amargas y peligrosas aventuras, siempre por decisiones que carecen de una información real que a muchos dictadores les enriquece.

Europa no es todavía consciente de la desconsideración que infringe por no abordar otras alternativas, y ya empieza a presuponerse que resulta dolosa cuando trata de calzar a todos los necesitados para que anden libremente a todo lo ancho y largo de sus fronteras, muchas veces para seguir siendo los esclavos de la desilusión que la decepción descarnada encuentran a su paso, sin reparar los administradores asociados de la UE que ya empiezan a escasear y son insuficientes los recursos económicos y medios sociales destinados a fomentar su integración, haciendo que aparezcan grietas en las suelas de sus costosos y lustrosos zapatos, cuando muchos asesores que no son tenidos en cuenta, comentan que la avalancha cada vez más nutrida de la desesperación es todo un reto respetable pero también lo más parecido a una invasión silenciosa, permitida por la inepta clase burocrática del “bon vivant”, a los que no les afecta nada, pues sus nóminas son sagradas y políticamente autorizadas, manteniendo cargos importantes cuando son cesados, incluso cuando se perciben pruebas muchas veces de vejaciones en sus funciones.

Éstos personajes anteriormente aludidos, tan bien aseados, vestidos y con apariencia de haber sido los más laureados en sus clases.. probablemente de párvulos, se amparan en las estadísticas a conveniencia con 10 años de antigüedad para hacer cálculos erróneos como se ha demostrado, utilizando datos y argumentos banales con una rigurosidad poco gratificante, llegando a la conclusión en el caso de España, que se ha convertido en la puerta abierta de la trata humana para albergarla en un primer recibimiento, originándose posteriormente desbandadas, clandestinidad, contubernio y la incompetencia gubernamental por no atajar el problema con medios suficientes y así poner remedio a la inactividad fronteriza y a la explosión demográfica que se avecina, cuando a decir verdad es una responsabilidad única y exclusiva de los políticos de aquí por los compromisos adquiridos allí en Bruselas para impedir tal coladero, lo que inicia una amonestación silenciosa al gobierno ibérico, reclamando y exigiendo que definitivamente no poner fin a las negligencias con leyes más severas a este problema, hace que aumente un grado tenebroso de alarmismo por las consecuencias que se derivarán, cuando no haya solución y ni siquiera botas suficientes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ni concertinas que lo impidan, lo que demostrará que lo negociable, noticiable y anecdótico ha dejado de considerarse un granito de arena en las costas peninsulares a las que llegan cayucos, pateras y neumáticas con carga humana y mucha droga sumergida en los miedos, al igual que muchas embarazadas que parece lleven quintillizos en sus vientres de alquiler que bien saben disfrazar las mafias, que seguro más pronto que tarde utilizarán los traficantes a transformar a los pasajeros irregulares, que no han podido hacerse cargo del costo, manutención y “pasaje” marítimo, pasando a ser distribuidores para un menudeo constante en cualquier esquina de las grandes ciudades de esa unión europea dinámica, que ya se pone en duda exista, de la misma manera que tampoco se hacen en los rigurosos controles un previo reconocimiento con la mayoría de profesionales de la delincuencia, que surgen inesperadamente con antecedentes allí y muy pronto aquí, para seguir aprovechándose de ayudas y puntos comerciales para hacer viable el negocio de franquicia al que muchos se apuntan con total descaro y voluntad, que no son todos por supuesto, pero que manchan a otros muchos en el proceso de acogida con saña, violencia y derechos humanos de pandereta, que perjudican a los autóctonos por lo resabiado de una protección canallesca de quienes viven de seudo-proteger a los más “débiles” con ONG,s que habría de investigar, y que excepciones las hay y lo son seguro amistosas, aunque es bien sabido que muchas favorecen con su indulgencia pastoril a una manada diseminada, oculta en guetos de barrio, con el resultado de un daño aún más si cabe fuera de una Ley demasiado blanda, que se achica y se añade a esta recesión económica que estamos padeciendo, que ya se esperaba mucho antes de la irrupción de la pandemia del Covid-19.

Es normal que el eco de las ayudas, aunque sean exiguas o casi inexistentes no se tengan en cuenta, extendiendo un efecto llamada de proporciones alarmantes en todo África, especialmente las zonas magrebí y subsahariana, que poco contribuirán a paliar su masiva acometida por un recambio generacional de una nueva sociedad por otra europea envejecida, que decidió no dedicarse a proliferar con más descendencia y si a dedicarse a trabajar denodadamente, muchos con esfuerzo y elevados impuestos a fin de vivir un retiro tranquilo y desahogado, que hoy se ve reducido y seriamente amenazado por una intromisión de ciudadanos extranjeros necesitados de dignidad y hambrientos, que padecen un estigma y una leyenda equivocada, basada en que si comes y no tienes suficientes ayudas sociales o trabajo para alimentar a los que has dejado atrás, exigen que su presencia ilegal se premie con regularizaciones por peteneras y papeles registrados, a la sazón para advertir que muchos ante las largas esperas se han convertido en conseguidores de lo ajeno puntualmente, que siempre vivirán mejor entre rejas cuatro días y algunos más, si les han abierto la cabeza a alguien, lo que servirá para muchos de ellos organizarse en bandas dominantes criminales, sembrando el caos y el terror en entornos con la ocupación de viviendas que no les corresponden, propiedades de las mismas personas que con un sentido exacerbado de hospitalidad todavía esgrimen una sonrisa bondadosa, condescendiente a la hora de juzgar un comportamiento inadecuado de los nuevos visitantes entrometidos, que en el país de su nacimiento ya han dejado muchos una huella imborrable como fichados con un largo historial delictivo y que por alguna extraña razón judicial en la UE no llegan a deportarse, advirtiéndose actos asociales que serían incapaces de realizar en su país por miedo a ser “extinguidos” sin tantos miramientos, por una actitud que perjudica una sociabilidad que aquí ya se recrimina, se sostiene y no desaparece por la blandenguería de un estado de derecho sin pilares constitucionales, que no se contempla de igual modo para quienes sostienen el sistema con sus contribuciones, lo que hace que se cree una ilusión óptica en donde se perciben montañas y no a los que las están dinamitando, socavando las estructuras y levantando murallas de incredulidad y xenofobia, cuando todavía no se dan cuenta que la oferta laboral humana es muy superior a la demanda este mundo prefabricado de felicidad expositora que ha dejado los remos para ver como se hunde el barco que transporta un exceso de vanidades.


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