¡ Grato y satisfactorio será algún día pensar por uno mismo !

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La cretinez mancha, igual que una servilleta blanca que te la ofrece quien no te da de comer

No es la primera vez que nos preguntamos sobre lo que hizo Pol Pot, el sanguinario líder de los “jemeres” rojos en Camboya, para convencer a los hijos de una ciudadanía derivada al occidente para que asfixiarán a sus padres con bolsas de plástico. Su idea quizá fuese dejar limpio el pasado de todo defecto impuro, a su forma de ver, para iniciar un futuro desde 0, probablemente para no conseguir nada, es decir, algo parecido a lo que están haciendo esos mismos criminales que desean controlar a las masas a través de la voz de su uno de los que creen sus amos, refiriéndonos al sumo sacedorte mediático Gates y su combo de estúpidos y arrogantes mandamases, poniendo límites y creyéndose ser los sucesores de los reinos de faraones, que recibían a sus fatuos gobernadores desde tronos de oro y brillantes, ególatras que aplican hoy su pleitesía sin mediar palabra ni otras contrarias opiniones basadas en razones sociales, máxime si las bolsas de oro siguen resonando en sus bolsillos de pantalones sin bragueta y chaquetas indiscretas, sin mangas que puedan ocultar su corrupta entrega.

Sin duda la abducción que se está produciendo se debe a certificar la defunción por el triunfo inmaculado del constante flujo y embargo del cerebro, acelerado subliminalmente por noticias a cada segundo emitidas con el marco de ociosas y alarmantes en celulares y móviles, con pantalla ajustada que funciona a cualquier hora del día y de la noche, llegando a un total paroxismo de la corteza todavía inteligente, que impedirá pensar con voluntad analítica lo que es falso, mentira que no es lo mismo, cuando se ceñirá a una adulación a ese becerro de oro de la ignorancia superlativa o tristemente a una noticia de doble intención que parece verídica, pero no lo es por el simple hecho de no ser tan escueta como las demás, que además contiene distorsionadas imágenes que las respaldan y que ofenden el sentido de la interpretación de ese ojo extraño que se oculta anónimo, y que en un sentido contrario, cada vez más realzado se presta como un signo de actualizado valor, para reconocer que los tontos nunca tendrán la oportunidad de demostrar que lo son y rivalidan por puro ejercicio que practican voluntariosamente a diario, porque en el fondo y en el más estricto sentido de la equidad, todos seremos y somos iguales ante la absurda pretensión de no desear serlo algunos, pues a partir de ahora habrá que separar especímenes por no estar cortados por el mismo patrón, aunque nos encontremos en el mismo sendero del matadero de las voluntades.

Seamos claros, los “solitarios” que amenazamos con seguir dando muestras de libertad, tenemos la escaramuza perdida, pero no la guerra como buenos partisanos que somos en esta guerra “invisible” y clandestina que seguro no durará cien años, lo que nos hace augurar el premio, bien merecido y así lo admitimos, que cada vez que con nuestra aportación produzcamos el milagro sensorial de hacer que el lector se sumerja en su propio pensamiento, para crear cordura en esta locura en la que nos la han metido forzada con el unguento del miedo, para nosotros será la satisfacción de recibir refuerzos y más munición, lo que nos permitirá seguir denunciando a quienes nos quieren, a todos, seguir arrinconando nuestro pensamiento hasta ese montón de mierda, que artificialmente han fabricado para olerla y padecerla como un cloroformo doméstico y salir huyendo pero salpicados por el aroma indeseable que despide el terror, que no nos corresponde precisamente a nosotros, los ciudadanos de a pie que todavía nos saludamos.

Por hoy nada más, trasladándonos de IP, aunque de todas formas, saben quiénes somos, de dónde venimos, pero no cuanto tiempo nos queda para seguir dando la lata a esos miserables que pretenden, unos por venderse al diablo y otros por ser escoria humana que falsifican a cada segundo su existencia, que podamos tener la tentación de no aguantar más el aburrimiento entre amenazas y esa tenaza que nunca llega. A lo mejor porque les hacemos falta para que no decaiga la fiesta. Imbéciles, no comemos en vuestra mesa, por lo tanto ahorraros la servilleta.


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