Haití, aquilatando rencor

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Desde la ventana de opinión de este blog que desea alcanzar una mayor amplitud de miras en el vehicular proceso de la palabra coherente y precisa, “impresa hoy en lo digital” y plasmada en su espacio, en lo transversal del reconocimiento y en la acreditada autoridad de quien magnifica con solvencia reconocida su sobrada firma, manifestar que es un orgullo publicar las exposiciones siempre acertadas de D. Florentino Paredes Reyes, filósofo, historiador, locutor, escritor y educador dominicano, que ha llevado sus reflexiones escritas a los principales diarios de su país, contando con una trayectoria ejemplar de más de 15 años en las aulas, aderezando a sus alumnos de una conciencia ética, imprescindible para mayor honra de la inquietud social que se respira en toda la República Dominicana.

Haití, aquilatando rencor

Si algo tenemos los dominicanos, es que conocemos poco o nada, de nuestros hermanos haitianos y sólo quienes viven próximos a la línea fronteriza, exhiben como trofeo el dominio en parte de su dialecto, el Creole, pero festejar con ellos sus días sacros, identificar sus líderes y comentar sus problemas sociales, resulta extraño para cualquier dominicano sin importar el punto geográfico. Lo mismo creo, debe sucederles a ellos con nosotros.

Con la problemática haitiana, parece que los organismos internacionales, conocen más de cerca sus problemas de lejos, que sus vecinos cercanos, porque es desde las lejanías que llegan los informes de muertes, enfermedades, problemas políticos o reclamos sociales, que, de cuando en cuando, hace su indignada población.

El surgimiento de la Colonia haitiana, hoy con categoría de república, ha sido fruto de la convulsión social, que harta de sufrir, exigen lo suyo con autoridad y violencia, sacudiendo las manos explotadoras, que exprimen hasta el estrangulamiento sus vidas y sus bienes. Observada desde lejos, esa lucha no deja de ser mística y enigmática, pero desde cerca, tiende a ser incomprensible y hasta extraña.

Desde la época de su primer gobernador, Bertránd D´Oregón en 1664, este conglomerado humano, ha llevado sobre sus hombros las cargas de la explotación y la desigualdad social, como si sólo a ellos le interesara saber su peso y su dolor. Sus grandes figuras políticas desde Martin Bookman en 1792 hasta Jean Pie Boyer en 1818 resultan desconocidas y poco atractivas para el resto del mundo. Nadie se interesa por sus grandes mujeres, sus hombres de ciencia, líderes religiosos o sus buenos mandatarios, como Nissage Saget.

Ese espíritu revolucionario y hasta ejemplar, de luchar contra la explotación y la desigualdad, mostrado por los haitianos en octubre del 1792 y coronado el primero de enero del 1804, con su proclama de independencia, los ha llevado a revertir en ellos el coraje generado, por la ineptitud de sus autoridades. Es sí como se enfrentan, dejando saldos lamentables de muertos y heridos, que al final tienen ellos que enterrar, curar y continuar la marcha.

Con Haití tenemos deudas todos: sus líderes, sus vecinos de cerca y los de lejos, los países grandes y pequeños, sus verdugos de ayer y sus amigos de hoy. Es una realidad permanente que está a la vista de todos, aunque sea de vez en vez que le prestemos atención. Esa nación no puede concurrir de manera permanente en una falta de todo lo imprescindible para la vida, ante una comunidad, que la observa atenta pero inerte.

Bajo la supervisión internacional, en Haití se puede crear un liderazgo permanente, que de carácter consciente conduzca esa nación por los senderos del desarrollo y la superación de problemas antagónicos. Con un plan quinquenal de capacitación, inversión y supervisión de los proyectos, Haití es posible, con un régimen fuerte de justicia que sancione a los involucrados en los planes, cuando actúen de forma negligente.

La Ultima década ha sido un desastre para el pueblo haitiano, desde el terremoto de enero del 2010, ésta legendaria nación, enfrenta problemas sociales y políticos, que en los actuales momentos le tienen en el limbo institucional. Acéfalos de autoridades legítimamente constituidas en el parlamento y otras instituciones públicas.

No niego que hay países con problemas políticos y sociales, como Venezuela y Bolivia, pero la magnitud de sus conflictos, son insignificantes en comparación con la nación más pobre del hemisferio, la que nadie mira y por la que pocos se preocupan.

Debemos hacer conciencia de que la comunidad haitiana, no puede por si sola, salir de los problemas pasados y presentes, que oscurecen su futuro. Que tampoco se puede dejar la carga a sus vecinos dominicanos, que han acogido una buena cantidad de ellos, que a su vez sostienen a otros tantos que permanecen en su suelo.

Las revueltas sociales que desde el 2018 azotan la nación haitiana, no han tenido respuesta ni de sus autoridades ni de la comunidad internacional, que ha ido a otros países en conflictos con su ayuda humanitaria, olvidando que los haitianos son humanos y faltos ayuda. Conociendo las hazañas del pueblo haitiano, de sus luchas y sus logros, podemos pensar que la tranquilidad de ahora es un reposo necesario para continuar la lucha, o podemos pensar lo que es peor, que están aquilatando rencor, contra quienes saben de sus penurias y no hacen nada.

Florentino Paredes Reyes


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