Haití, el tiempo corre y su presidente en funciones parece que está ciego, sordo y mudo

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La ley de los fuertes en el Caribe pobre se encuentra ahora con un duelo a muerte en el O.K. Corral de Puerto Príncipe, la capital de un Haití hundido en la miseria y el enfrentamiento entre militares y policías que luchan a tiros y machetazos encarecida y salvajemente para marcar y orillar sus territorios de poder e influencia, limitando cualquier acción de la Justicia o encubriendo algunos de los negocios más humillantes como son el bandidaje permitido, la corrupción y los secuestros de mucha gente inocente, vulnerable que solo piensa en huir hacia el otro lado de la isla, atravesando la frontera de la República Dominicana como sea, sobornando a los guardianes o arriesgando la espalda que ya no puede seguir soportando los latigazos “literalmente metafóricos” ocasionados por los culatazos de una democracia bananera, que poco miran sus representantes políticos de poner en orden con la coherencia que se supone de quienes están entregados teóricamente a velar por la seguridad y el trabajo de un pueblo perdido entre las pocas palmeras que todavía quedan, que bastante padecimiento ha sufrido, antes y después del terremoto del año 2010.

“ No aspiremos a lo imposible, no sea que elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía ”. Simón Bolívar

Quienes llegaron al poder después de comerciar con un importante sector bananero, refiriéndonos a Jovenel Moïse, ahora ya no tan joven y hoy visiblemente envejecido por las preocupaciones, que al parecer ya gobierna sin sangre en las venas, hoy saben que pelando la piel al paso (lentamente), puede ser más esperada, codiciada, atractiva y sabrosa la fruta para los inversores que piden esclavos en vez de ciudadanos, y para que sea más apetitosa la propuesta, pues candidatos hay aunque se reserven los pactos para cuando la tranquilidad reine en ese pedazo de suelo ultrajado de 27.750 km. 2 y 11.500.000 de habitantes, sospechamos que no sería despreciable y si muy rentable para los asesores y representantes de esos políticos sin escrúpulos, seguir desnudando al futuro obrero encadenado de obligaciones, miedos, perversidades y con una economía que ni llega a hacer aguas dada la sequedad, incluso de los ojos entristecidos que ya no pueden llorar por la crispación y la impotencia acumulada, para disfrazarlo con la piel de ese banano que a los chinos les sirvió para hacer la pólvora que derribó las puertas de las fortalezas de los mandarines, por lo que procurarán los violentos y cobardes que únicamente queden “guineitos” en la gastronomía popular, para acompañarlos de un arroz cada vez más caro y escaso en los colmados.

La Liga Haitiana Internacional (Lihaiti) y prueba de fe y comprobación daríamos, no ha dejado de insistir y enviar propuestas de diálogo en busca de soluciones, que las hay si se tienen ocasión de plantearlas frente a una comisión de expertos reconocidos y el actual presidente de un gobierno que muy pronto puede dejar un mal recuerdo si no reacciona ante lo inevitable. Las cartas y suplicatorios se han remitido desde la sede de gestión de Lihaiti en Santo Domingo, por vía de valija diplomática custodiada por la Embajada de Haití, en varias ocasiones sin recibir respuesta alguna, dejando bien claro que ante un problema de crueles consecuencias humanitarias y una magnitud social irreflexiva desperdigada, la teoría de la conspiración si es que cabe todavía una duda irrazonable de las intenciones de ayudar cuanto antes, incluso desde la óptica dominicana que debe resolver un conflicto migratorio al que de alguna manera de deportaciones masivas le quedará por emprender y muy a pesar de que pueda reconocerse como un mal vecino, evitaría así que el último banano de la desesperación y el atropello no se convierta en un inmenso plátano de acero, fabricado con sofisticada tecnología más allá de las haitianas aguas territoriales, y al que para evitar inesperadas sorpresas, si logra localizarse a tiempo, habría que quitarle la piel que protege una espoleta con rapidez, en silencio y con mucho cuidado para que no explote y mande toda la isla La Hispaniola al malsonante carajo.


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