Haití, la isla de las hogueras.. podrían apagarse con algo de fe y sin bayonetas caladas para silenciar las protestas

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Aparecía una información en los medios especializados en defensa en la que se realzaba el inicio de un novedoso contingente de las fuerzas armadas haitianas, integrado por 15 oficiales de rango escalado, 50 suboficiales y 250 hombres y mujeres divididos en pelotones, que habían sido adiestrados por mexicanos, y éstos a su vez por israelíes, especialmente en tiro de precisión y lucha cuerpo a cuerpo “krav maga”.

Los oficiales de mando tienen una demostrada experiencia, y concretamente algunos de los mismos en la respuesta y represión urbana, los suboficiales ya fueron distinguidos con sus galones y así lo celebraron en meses pasados en Tijuana (México) con una gran fiesta de hermanamiento en la que tequila y sonrisas femeninas tuvieron mucho protagonismo. En cuanto a la clase de tropa compuesta por 250 soldados de ambos sexos, el ministro de defensa Enold Joseph, ha sido precavido al no indisponer a Naciones Unidas con la aparición de un batallón, del que supondría pensar que fuesen alistados de 300 a 1500 reclutas, dejando por el momento la impresión de que se seguirán las normas de infantería sin llamar excesivamente la atención, es decir, formaciones de nueve infantes/as mandados por un sargento y divididos en dos equipos bajo la tutela cada uno de ellos por un cabo. Cuatro escuadras constituyen en un pelotón supervisado por un sargento segundo, y a su vez tres pelotones forman una Compañía comandada por un sargento primero.

Todo lo anterior nos hace pensar que así no se contradicen las sugerencias de la comunidad internacional para evitar que Haití forme un ejército, cuando a nuestro entender y conocimiento, ya se desea en un principio que el presidente de la república Jovenel Moïse, cuente con 750 efectivos a la mayor brevedad posible, y cerca de los 100 se convertirán en una guardia de corps altamente cualificada para responder a cualquier intento de agresión, entre los que se encontrarán algunos líderes de bandas armadas con mando y reconvertidas tras un proceso de negociación y supuesta “pacificación” del país.

El Teniente General Jodel Lesage, sin duda es un hombre de confianza con un gran sagacidad y capacidad para la política de altura, el cuál ostenta el difícil empleo de ser el comandante en jefe de las fuerzas armadas haitianas, que sin duda empleará sus esfuerzos en dar una visión distinta de lo que fue un error en el pasado, cuando se desmilitarizó el ejército en 1996 y por orden del entonces presidente Jean-Bertrand Aristide, volviéndose a crear en 2011 el ministerio de defensa y en 2017 el paso adelante más arriesgado para pertrechar el contingente inicial previsto humano.

Se apunta que el actual embrión militar generará confianza en la población, sumida hoy en un caos generalizado, persiguiendo el restablecimiento de los derechos humanos, la problemática de abandono familiar, la busca, caza y captura de incontrolados malhechores y la protección civil de recursos e infraestructuras, quedando la corrupción como un asunto pendiente para ser saldado por la Justicia, que bien merecería un repaso.

Jovenel Moïse lejos de convocar elecciones, restablecer el juego de la democracia y la renuncia por demostrarse sus supuestos errores, se aleja de permitir ser cuestionado con la ayuda de terceros colaboradores que le harán un flaco favor, si empieza a realizar concesiones más allá de sus atribuciones, lo que provocaría un nuevo y distante desafío con el pueblo que espera sea capaz de dimitir una vez haga públicas sus promesas de demostrar su inocencia en los escándalos de corrupción, sin omitir la connivencia con determinados enlaces financieros dominicanos.

Escudarse tras un ejército que poco a poco se mimetizará y no llegará a conocerse hasta el número de integrantes y el armamento disponible, a utilizar por sus leales no es la solución a una causa que raya y hastía el descontento social y el empobrecimiento de una nueva generación de jóvenes desalentados e incrédulos, que no servirá para apaciguar la ira contenida del pueblo que está padeciendo un “rigor mortis” indescriptible, en donde el hambre está presente y la falta de medicamentos vuelve a ser un triste recuerdo, cuestiones de alta urgencia que resolver y que no pueden ser paliadas con el resurgir de la disuasión “pacífica” de un reciente cuerpo de ejército que no sustituye y si se amplía a los 15.000 policías existentes, que han sido incapaces o no han querido enfrentarse a una demanda popular justa y evidente, que sigue haciendo creer al mundo que Haití es un país fallido y sin remisión sangrado y prontamente fallecido, sino se acuerdan posturas de reactivación económica que eviten una pandemia de desordenes multitudinarios en todo el territorio, algunos provocados por muchos representantes legislativos de los que decir siguen vertiendo ríos de oscurantismo para encubrir sus delitos, pues ya se sabe que “ a río revuelto, ganancia de pescadores “.

En Haití no está todo perdido, nos queda un retazo de tranquilidad al comprobar que hay instituciones de plena transparencia, predispuestas a convertirse en un puente equilibrado para alcanzar una equidad política, que estreche las posturas de sanear el país con el único arma capaz de lograr la superación que se espera, entiéndase la paz, la inevitable unión que hace la fuerza para alcanzar una luz de esperanza. La Liga Haitiana Internacional es una organización capaz y un vínculo en el que no se segrega ninguna postura política, que trabaja sin descanso y se agota en el día a día por demostrar que existe un Haití que vive y vivirá para un pueblo castigado por las inclemencias naturales y unos gobernantes, desde el primero hasta el último, a los que se les requiere una seria reflexión sobre el futuro, hoy incierto y tormentoso en el que únicamente se advierten hogueras ardiendo de desencanto y odio, sensaciones desgraciadamente difíciles de erradicar por la amenaza y consistencia de intereses espurios en los que bajo de ninguna manera y forma, pueden aparecer las bayonetas para rechazar el inicio de un diálogo sin matices ni limitaciones.

Haití no puede convertirse en una hoguera que se enciende constantemente por la multitudinaria presencia en las calles de una corriente humana, desesperada, hambrienta..


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