En Haití Marc-Aurel Bonne-Année es el candidato predilecto para mediar entre el paroxismo y la dejadez

Comparte este artículo

El esfuerzo de hacerse entender por aquellos que pretenden no oír ni tan siquiera las voces sonoras de la desesperación y las “soluciones” que a título personal tanto reclamaban en su apología política y por desear prevalecer su protagonismo creyendo estar en posesión de la verdad absoluta, es sin duda baldío e intrascendente para todos quiénes se hallan inmersos en la responsabilidad de nadar obligados a contracorriente de las adversas circunstancias, en ese tormentoso mar cuya tempestad ahogará esfuerzos e intenciones, las mismas que hoy impiden por falta de interés tocar un fondo de solidaridad que rescate promesas incumplidas, convertidas en un perpetuo caos y una desorientación indeseada por todos.

Por edificar el futuro debemos unirnos todos para conseguir que Haití despierte de ese sueño de los injustos, que parece un eterno letargo impuesto por nuestros propios y constantes fracasos, lo que hace imperioso eliminar del camino los guijarros que nos hacen sangrar y que obstaculizan el paso firme y seguro de quienes se postulan, para que mucho cambie y se haga en su justa medida y tránsito, venciendo al miedo y a los sobornados imponderables que se cosechan en un mundo todavía primitivo e inmaduro.

Es fundamental cambiar la ineptitud, el aprovechamiento ajeno y sin cordura por un principio de actitud transparente y perseverante, haciendo caso omiso a quienes pretenden  romper la imprescindible unión para alcanzar otro tipo de fuerza basada en un convencimiento, que justificará que el imperio de la Ley se aplique y con retroceso a todos y por igual, sin distinción, medallas ni prebendas hechas a la medida de quienes contradicen un código de ética basado en un gobierno ejemplar y su lucha a ultranza contra la corrupción.

Haití existe, vive y vivirá.. y Marc-Aurel Bonne-Année, Vicepresidente de la Liga Haitiana Internacional ( LIHAITI ) es el candidato predilecto, inteligente y capaz para mediar como eje clave del funcionamiento entre el paroxismo y la dejadez evidenciada de los actuales dirigentes de un Haití sumido en la penumbra y corroídos sus responsables por el virus de una ambición desmedida y la mágica solución que la da la razón ciudadana y la evolución tecnológica necesaria para actualizar oportunidades. Si el pueblo haitiano no se vuelca en respaldar a quiénes se oponen a evitar las acciones de investigación que se perpetran en comisiones de favores que dan facilidad a saquear las instituciones, podría llegar a pensarse que cada pueblo tiene lo que se merece. Y llegar a esa conclusión.. nunca, jamás, mientras haya personas capaces de responder a un reto de características tan delicadas como peligrosas.

Ya es hora de moverse, de hacerlo pacíficamente y con rotundidad exigir explicaciones y que la Ley intervenga como fuente de inspiración a imitar y modelo de denuncia a fiscalizar. No habrá paz para los que han creído que dentro o fuera no van a pagar por la premeditación de sus errores.

Ahora los personajes malignos de un mal sueño, tienen una ocasión para huir de un escenario abierto a la interpretación del conjunto de la sociedad, no sin antes devolver lo incautado y emigrar a donde el respeto empiece tarde o temprano con una orden de deportación que haga purgar felonías y escándalos.

Una vez desenmascarados los falsos profetas que nos han llevado a esta deriva, la propuesta que se hace es fácil de determinar e implementar y muy difícil de desunir si el pueblo es el primero que debe opinar por si mismo o a través de sus representantes políticos, que en cualquier caso deberán ejercer una trayectoria limpia y ejemplar, ejerciendo el derecho indiscutible de elegir un cambio de rumbo para llegar a un puerto seguro y con las únicas coordenadas que no sean aquellas que contemplen la tenacidad cooperante de consolidar la libertad, dejando que la elección del máximo cabeza visible lo sea por la ilusión de darle un voto de confianza sin exigirle hacerlo en cautividad, para realizar lo que se promete, sin presiones, sin imposibles y sin condiciones de doblegarse a otros intereses que no sean los gregarios y generales, y con la demostración de un espíritu renovado para enterrar un pasado tan doloroso como traumático para el pueblo haitiano, que desde hace años se asemejan a esos marineros que nunca aprendieron a salir a flote de ese enorme cascarón por miedo a ser devorados por los tiburones corruptores de una cruel economía y la insistencia de morder permanentemente sin limitaciones el expolio que se sufre, dañando además otros sectores vitales, sin excluir a la educación y el fracaso de una cultura olvidada, que mucho debe cambiar para aprender que la renovación es inexorable y es la única opción para bogar con remos de acero y un esfuerzo sobrenatural, que impulsen el mejor destino de una embarcación que si no se remedia irá a la deriva, dándola por pérdida en las caribeñas t transparentes aguas, a la que se le debe impedir naufragar o encallar en la solitaria playa de piedra y arenas del arrepentimiento.

Haití ha tenido desde su independencia una amalgama de dirigentes, libre pensadores y poetas que bien merecerían tener un capítulo aparte en su historia. Introducir es este memorándum profético de intenciones a la figura de José Julián Martí Pérez (1853-1895) político republicano, filósofo, periodista y poeta cubano, que también vivió en Cabo Haitiano durante un tiempo en uno de sus forzados exilios, no es un oportunidad baladí para añadir que la revolución y la independencia de Cuba empieza por transmitir la voluntad de hacerlo aderezándola de la cultura y un sentido patrio, lo que nos incita a recordar que bien podríamos añadir sus manifiestos a la cruzada de reforma que se espera de Haití de hombres y mujeres plenamente identificados con el éxito de la misma, dirigidos por Marc-Aurel Bonne-Année. sin duda un líder carismático comprometido con unos ideales versados en motivar al pueblo para recuperar un orgullo en vías de extinción, focalizar sus actos de transparencia absoluta y predicar que la Justicia existe también en Haití, único eslabón que no puede sucumbir al caos generalizado que reina en el país.

Sólo a través de un interés general y una demostración de una política democrática veraz se logrará el crédito perdido ante los organismos internacionales, impidiendo así que la posterioridad juzgue lo que una gota cargada de ácido ha hecho desbordar el vaso de la confianza y la tolerancia.

Citas de José Martí, adecuadas a cualquier país con signos de libertad o resurgimiento social, tal sería el caso de Haití.

En revolución, los métodos han de ser callados; y los fines, públicos “. 

Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad “. 

El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras ”

Hacer es la mejor manera de decir “. 

Haga hombres, quien quiera hacer pueblos “. 

Haga cada uno su parte de deber, y nada podrá vencernos “. 

Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene “. 

La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar a la ignorancia “. 

Pueblo que se somete, perece “. 

“Yo también fui criado con prejuicios pero decidí crecer”

Jean Jacques Pierre-Paul, poeta haitiano


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*