HAITI MON AMOUR, ARDEN INCLUSO TUS CENIZAS

Cuando muere una flor,
dolores de parto recosen las entrañas del bosque.
El riachuelo es carcomido por la anemia falciforme,
abejas y avispas acuden vestidas de solidaridad.
Lo que la tierra preñó con gusto de sus entrañas
ahora amargada, se abre para darlo sepultura.
Gahston Saint-Fleur

HAITÍ NI CON ELECCIONES SE ARREGLA, PERO HAY UNA PROBABILIDAD, SI SE REVIERTE EL PROCESO ANTIDEMOCRÁTICO DE LOS PODEROSOS “ESCLAVISTAS” CON EL MISMO AFÁN DE FUEGO Y SANGRE QUE ELLOS UTILIZAN PARA INTIMIDAR A UNO DE LOS PUEBLOS MÁS OPRIMIDOS DE LA TIERRA.

Lo expresado anteriormente es una realidad demostrable por las que se rasgarán las vestiduras los pacifistas que nada arreglan, salvo seguir contando cada mañana que uno de los países más pobres del mundo, siguen sin ser recordados por quiénes en sus copiosas sobremesas siguen planeando soluciones para un trocito de isla caribeña, de la que algunos gringos, anterior presidente él y aspirante fracasada a serlo ella, siguen explotando minas de pico y pala con muchísima más rentabilidad de la que esperaban.

Es muy fácil dar consejos desde un cómodo sillón de la ONU, argumentando que la violencia no es permisible a los manifestantes que inundan las calles de las ciudades de Haití con protestas a todas horas por el saqueo, el expolio, las mutilaciones, los secuestros, los asaltos a todas horas con muertes y violaciones, el hambre y el ninguneo de un presidente que ya debería haber convocado elecciones, que dicho sea de paso no servirán para nada, y que no calla la boca cuando dice que lo quieren matar.

A esos señores tan maqueados de sonrisa amplía, corteses en las maneras y miradas de sanguijuela, calzado costoso, al parecer para flotar por encima de lo que consideran excrementos, pacificadores de boquilla y mandíbula batiente que parecen estar en manos de ventrílocuos, pertenecen a ese clan de amorfos, fingidos sufridores de las desgracias de los demás, que de nada sirven salvo para visitar de vez en cuando las catástrofes que consideran de difícil recuperación calificándolas de naturales en países que siempre serán fallidos. Y ese gesto lo hacen al desear mostrarse aventureros, tomándose fotografías paseándose por las áreas en conflicto, con una compañía armada hasta la coronilla para darles seguridad en ese tour turístico de ruinas y hotel de 5 estrellas, que ven con el rictus de la preocupación para después alojarse y alimentarse opíparamente antes de echarse a dormir en un espléndido colchón, mientras a pocos metros se hacinan los morenos y “prietos” en rincones de paredes agrietadas sin puertas ni cristales en las ventanas, y al raso para intentar no soñar en lo que harían al día siguiente, si la memoria se nutriese de esperanza para recordar y no de la tristeza que les embarga.

Haití 27.750 km2. Casi 12 millones de habitantes y una diáspora que sufre rechazo. Hace falta de todo y sobra pobreza para nadie

En Haití muchas organizaciones humanitarias alejadas de las facinerosas, gentes de buen hacer que todavía los hay, todavía están esperando los resultados de una auditoria que demostraría que las ayudas tras el dramático terremoto en el año 2010, fueron esquilmadas y no recibidas en su totalidad a excepción de las cuantificadas en dólares que fueron a parar a cuentas cifradas en una isla caribeña con apodo de caimán, con la connivencia de algunos cabestros autóctonos al más puro estilo mafioso, que se pusieron de acuerdo con muchos de esos caballeros de traje gris oscuro costoso y chapa en la solapa con el emblema de ONU, que les sirve de coartada con el que defender sus derechos a recibir comisiones con propina y muy inapropiadas, incluso de menospreciar las súplicas por averiguar que ha sido de la promesa para investigar a los violadores que gestaron seres vivos a mansalva a niñas menores de edad por una lata de comida cuartelera durante la inútil ocupación, que hoy sufren destrozadas las consecuencias de una soldadesca indisciplinada que nada tiene que ver con el honor militar y las órdenes recibidas para ejercer un control eficaz, impidiendo que muchos vehículos se perdiesen repletos de víveres hacia almacenes escondidos para mantener un mercado negro que todavía existe tras 11 años de su “inauguración”, aunque la mercancía hoy llegue por otras vías, concretamente por mar utilizando Jacmel como puerto diurno y nocturno de un contrabando que en su venta se desploma, por la falta de una gorda (gourde moneda de Haití) en los bolsillos agujereados de los haitianos que ya no saben coser sus rotos.  

Jovenel Moïse probablemente es una víctima más del caos premeditado hace años y de su propia provocada ceguera, por desear seguir mamando de la teta de unas partidas que recibe de las coimas internas y los sobornos fronterizos por los impuestos exagerados, que le permiten tener a la familia a buen recaudo en la República Dominicana y no precisamente en El Hoyo de Friusa, en Los Mosquitos o el curioso barrio capitalino de Cristo Rey.

En cualquier caso da igual, ni el Covid 19 terminará con los desalmados y seguirá castigando al pueblo decepcionado y ya sin fósforos, para seguir quemando las barricadas que monta con deshechos de neumáticos rasurados por el uso, de noche y hacen arder durante el día para llamar la atención a una comunidad internacional que sigue de vacaciones o confinada.

Haití no tiene solución o si la tiene, si existiese un atisbo capitaneado en un arranque de cordura organizándose entre ellos mismos en defensa de sus intereses, empleando la estrategia del vaciado de impurezas en la forma de triangulaciones encontradas y defendidas convertidas en zonas limpias de exclusión, sin canticos ni rezos, blasfemias en patwa y una contra tolerancia extrema, resignada hacía los amos y señores que permanecen inmóviles cobrándoles incluso por morir. Y si lo hacen no sería de extrañar que utilizasen los AK47, que los hay y muchos en arsenales bajo tierra procedentes de los antiguos verdugos de los hombres del saco conocidos como los “Tonton Macoutes” sanguinarios, aunque sea obteniéndolos con la llave del machete a sangre y fuego contra las innumerables bandas que les van acosando permanentemente, masacrando y riendo de una ignorancia que les hace convertirse en zombis sin haber experimentado el vudú, pues las promesas tan aireadas embadurnadas con perfume del aerosol oficial se las lleva el viento y las buenas palabras a 2463 km de distancia de los pacificadores, son una farsa en un mundo que sin saberlo todavía no ha roto las cadenas de su esclavitud.

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