“Hambre y esperar, hacen rabiar.”

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UN PROYECTO QUE COMO “APAGA-FUEGOS” Y REARME ECONÓMICO TODAVÍA SE DEMORA EN LA LÍNEA FRONTERIZA ENTRE LAS REPÚBLICAS DE HAITÍ Y DOMINICANA

Raro es el día en que no sucedan incidentes tras una línea de 376 km entre Haití y República Dominicana y en el más allá de su extensión territorial, ya sea por un incontrolado éxodo permanente filtrado desde la pobreza más enriquecida de lo que significa su definición indecente, y desde cualquier agujero fronterizo en dónde lo visible y detectado de un ser humano ya sea hombre, mujer o niño, se convierta en una triste figura que es compadecida o en un mirar condescendiente hacia otro lado, que deja caer algunos pesos ahorrados para dar ese paso, que se desprenden de una mano trémula que desea trabajo, el suficiente y al precio que sea para paliar la hambruna de la familia, mientras otra los recoge del lado fértil para completar su uniformada nómina mensual de unos paupérrimos 17.450 pesos (300 dólares estadounidenses o 258 euros), que para lograr fidelidad requiere de ser revisable.

Cuesta manifestar la contrariedad que se palpa por parte de quienes presencian y más en estos tiempos de malsana pandemia, como se vive con hacinamiento en los bateys, los hoyos, en los extrarradios de las grandes poblaciones y en esos pueblos internos de carácter ganadero y agrícola que son absorbidos por los palmerales y que no traducen el llanto silencioso de muchos irregulares haitianos que acobardados, se someten a muchas voluntades esclavistas que les obligan a esconderse por sentirse amenazados. Afortunadamente no son todos los dominicanos que se comportan con tanta discriminación y desprecio, máxime cuando coinciden con algunos extranjeros que como ellos también son testigos diarios de como unos niños harapientos, descalzos entre los vidrios rotos de las botellas de un alcohol infame que nunca sacia la desesperación, intentan jugar con ratas que les parecen gatos, otros se meten en la boca una piedrecita ovalada que la limpian con la boca como si fuera una peladilla, y otros se mueren de la inercia, convertida en la carencia de toda medicina y alimento que con saña produce el diablo.

El problema que puede causar estragos a mayores en la idea de poner cerradura, llave y candado en las puertas que separan el infierno de un limbo hasta hora comprensivo, que en verdad no dará los resultados esperados, no podrá atribuirse al nuevo presidente de la República Dominicana, D. Luis Rodolfo Abinader Corona, quien intentará por todos los medios poner orden en la Ley que hasta el presente se supone ha sido transgredida durante 22 años dentro de una marco de proteger el clientelismo a través del voto oficioso y la tolerancia de una corrupción desmedida que por muchos esfuerzos que tuviese en contenerla el ex-presidente Danilo Medina no cosechó los resultados que reclamaba un pueblo paciente y otro sobornado por la impaciencia de desear un cambio cuanto antes, y todo ello dentro de un eterno preámbulo que favoreció y fortaleció la permisividad de un descontrol laboral en inversión tanto pública como privada, con signos llamativos en la construcción y el turismo, permitiendo que el costo de una mano de obra económica, haitiana principalmente, fuese vinculante a una necesidad imperiosa, y así fuese explotada y aprovechada por empresas provenientes de cualquier parte del mundo, muy concretamente reconocidas españolas, que en connivencia con muchas de las locales fomentasen la llegada de nuevos esclavos sin cadenas, sin contratos o los rotos que no iban más allá de los tres meses para con otro nombre de una documentación inexistente, emplear a los mismos “fortachones”, sin seguridad social y atención médica, a no ser que fuese la gratuita facilitada por la siempre demostrada sensibilidad de un código deontológico seguido por un colectivo de doctores dominicanos que podrían dar ejemplo a los más resabiados directores de clínicas y hospitales de una factura privada que no atienden a nadie si previamente no pasan por la caja del desplante, aunque estén moribundos y que no considerarán que es un paciente grave que requiere urgente atención, ya sea enfermo o accidentando.

“ Hay quienes esperan que los problemas aparezcan y se solucionen por arte de magia y otros que hacen acopio de esfuerzo y confianza, para que la realidad sea un hecho contrastable y no una mera expresión personal de la entelequia “  

“Las esperas tienen una cita con la urgencia”

Cuando existen viabilidades de resolver situaciones y no se toman decisiones prontas, se agrava el problema y las acciones se difuminan entre las esperas de unas órdenes de actuación que nunca llegan a materializarse, y que si algunas lo hacen es para resolver la adopción de medidas críticas que pudieran ser aplicadas dentro de un indeseado desorden para mitigar valoraciones en una opinión pública general y ocasional, siendo éstas las opciones que recurrentes a última hora sin duda se contraen en su propia dispersión, originándose el caos, el delirio y la preocupación, el hundimiento de un proyecto por la falta de seducción social oficialmente exigible para hacer más país y seguridad en su bienestar, lo que harían dictaminar una suma de inconvenientes infructuosos por la nula predisposición institucional que debería protegerlo, o de la falta de interés por una demostrada vejación de funciones por parte de políticos que piensan más en sacar provecho de sus “carteras” documentales, que en condicionar su respaldo a un tema que implica tomar las riendas cuanto antes, con suficiente tiempo que por cada día que transcurra se agota el éxito del mismo, en la gestión de un conflicto fronterizo que entraña un severo riesgo en el prestigio de la República Dominicana, que bien pudiera ser neutralizado por la eficaz colaboración de personas como el Licenciado D. Ángel Osiris Peralta Uceta, abogado, notario entre otros datos polifacéticos, patriota donde los haya que bien merece la confianza que libere la redacción de su proyecto con la realidad que se espera del mismo, para llevar a buen término poner una pica de confraternidad, entusiasmo, esperanza y creación de más riqueza desperdiciada en los límites fronterizos entre la República de Haití y la dinámica República Dominicana, sugiriéndoles a nuestros lectores se remitan a lo publicado en este mismo blog el 26 de Septiembre bajo el titulo RECESIÓN, PANDEMIA Y UNA IDEA DE REGENERACIÓN : Informe Peralta / Proyecto Zona Fronteriza.      


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