El hombre perfecto de la política se mide.. y se aprecia por su poca intervención en envenenar el ambiente

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De esos infiltrados en la política, que no hacen nada y estorban, también nos acordamos.

Pegar, colgar.. imágenes de personajes que muy pronto se convencerán que el Ayuntamiento, la comunidad o el país es nada más que de su propiedad.. y de sus socios de partido, claro.

La mayor ambición de un político es hacerse notar en su puesta de largo, después de pasar por la prueba de adosar carteles con el pegamento de un engrudo barato o colgando pasquines de las farolas, que seguro habrá tenido que pagárselo el mismo, lo que le conducirá probablemente a ser concejal, asesor o eterno opositor a la alcaldía de la ciudad o pueblo en la que se empadronó hace años. Y durante su recorrido llegará a pensar algún día que se ha hecho necesario, imprescindible y que los votantes que lo hacen a unas siglas que muchas veces no entienden ni las encajan en sus supuestos idearios, ven a su persona inmaculada vestida con un nombre y apellidos en una papeleta de urna excitada cada cierto tiempo, como el más sincero, fiel reflejo de la integridad bendecida por el espíritu santo, o el presidente del partido en el que sin opinión ni responsabilidad todavía hoy milita.

Y cuando el ya recién licenciado abogado o profesión cualificada e inexorable pelagatos del sistema de cisterna averiada, candidato a miembro de pago y cuota reducida, voluntaria u obligatoria, si desea ser compromisario a cargo vacante en la fuerza política, asume compromisos de colaboración para captar de forma piramidal a parientes, amigos, clientes y otras víctimas de su propuesta social, que luchará desde la tumbona silente del hablar mucho y hacer muy poco, por no reunir ninguna causa necesaria ignorada que le pueda afectar al conjunto gregario de la sociedad y bla, bla, bla.. y es finalmente premiado con un laurel en su coronilla, podremos decir que la cultura democrática tiene una senda fácil de una realidad gloriosa y oportunista, que será elogiada hasta por sus vecinos más próximos y cretinos.

Ya con años de experiencia, y sin saber otra cosa, ni tan siquiera freír un huevo frito en una cocina con sartén de infusión de marca pero no tan moderna, que no ha pisado desde que se examinó en las oposiciones como abogado del Estado, el actual, que ya lo es, titular de la cartera o de la comisión de investigación de la que se cobra en nómina un pastón más un plus extraordinario por un tiempo perdido que jamás sirve para algo, se da perfecta cuenta que lo suyo es seguir en la palestra, enredando todo lo que pueda para seguir viviendo del cuento a cuerpo de rey, machacando las dudas de los que presumen que podrá hacer algo su paisano, cuando el tren es del siglo IXX y en ocasiones queda averiado en una vía sin estación reconfortante para no llegar a tiempo de un ingreso hospitalario por accidente de vaquilla malhumorada en las fiestas patronales , mientras la madrugada acecha y su augusta y caballerosa personalidad se debate incomoda en “bussines” en un vuelo de Iberia.

Y así se siguen mirando con sonrisa hámster o de gangster, de aprobación o desencanto los mártires o matarifes del bienestar con carné de afiliado, que se pierde en presupuestos cargados de verdades a medias que controlan las mentiras, reproches, recortes y propuesta de impuestos añadidos para aliviar el gasto público, dejando que haya cada vez más patriotas ridículos, a falta de corbata, que no hacen nada para hacer prevalecer sus derechos, mientras los corruptos que han saqueado al país se van de vacaciones a cárceles de lujo, y la migración excesiva es un caso atípico que no cuenta, si no pueda haber ningún celoso contestatario que le llame xenófobo comiéndose un bocadillo de chorizo a lo que responderá finamente tomándose un chocolate caliente con churros.

Y es participativo el tipo con más privilegios de los que imaginó cuando se afilió al grupo parlamentario para el fin de impedir que se envenenase el ambiente, seguir promulgando que la vida de entrega a los demás es una recompensa que no tiene precio, y que lo duro es pensar que no pueden llegar a modificar o emitir más leyes que puedan equilibrar la equidad y la felicidad de la gente.. y bla, bla, bla.


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