En España los ciudadanos soportamos la ineficacia de 160.000 políticos

En España los contrasentidos son frecuentes, lo que hace que los problemas se eternicen y nadie se preste de verdad a resolverlos

Comparte este artículo

¡ Qué buenos ciudadanos seríamos si tuviésemos buenos políticos !, y si no los denunciamos y rechazamos su pusilánime e incompetente actitud, habrá que seguir pensando que cada país tiene el gobierno que se merece.

Es un contrasentido sugerir que en España, cuna de la mínima procreación estadística, se insista haya más nacimientos para que las pensiones de los jubilados se empiecen a amortizar dentro de una escala de edad de pretendido “oro” a corto, medio y largo plazo, para hacer que los “neonatos” del futuro.. o sin rendimiento de ambiciosas profesiones se hagan cargo de las mismas, y a la vez se admita el paso y asentamiento de una incontrolable masa humana muy necesitada de apoyo que irregularmente llega del área subsahariana especialmente de y desde Marruecos, en cayucos, pateras, neumáticas remendadas, buques de pesca, socorro y ayuda, camuflados entre las entrañas mecánicas de camiones de transporte, además de los constantes asaltos a las altas vallas de nuestras fronteras con sangrantes concertinas extremadamente dañinas, a los que hay que recibir, sostener y mantenerlos en custodia con presupuestos costosos en alimentación, vestimenta, sanidad, ayuda monetaria, y ni que decir tiene que los recién llegados, mucho menos los menores de edad, no son expulsados casi ninguno, permitiéndoles su estancia para posteriormente concederles la residencia, y a otros seguir su camino al resto de una Unión Europa cada vez más xenófoba y cuestionada, que ha optado por retornarlos al país que primeramente los recogió en sus mares o llegaron a las playas, incluso en balsas precarias, colchonetas de plástico y un caro tráfico mafioso puesto de moda que es el indeseable en motos de agua, portando tres y cuatro personas.

Dicho lo anterior, parece un dislate que los departamentos de inmigración ubicados en consulados, exijan a quienes desean visitarnos y probablemente buscar una vida laboral mejor a través de un contrato de trabajo de prueba o indefinido, una serie de garantías en las que se establece un estudio cuidadoso de la persona que carezca de antecedentes penales, su liquidez, cuenta corriente bancaria y propiedades si las tuviese, para una permanencia no superior a tres meses, tiempo en el que deberá volver a su país de origen, el pago de un visado adherido al pasaporte con advertencias precisas, un billete de ida y vuelta, seguro de enfermedad y/o accidentes, el justificante de pago de un hotel en donde se hospedará o la carta de invitación de un tercero nacional o afincado en la ciudad en la que va a domiciliarse, que indefectiblemente tendrá que responsabilizarse del interesado, so pena que de no acompañarle agarrado de la mano al aeropuerto, ayudándole a llevar la maleta y los souvenirs que estime repartir a su llegada, cerciorándose del regreso, ya que de lo contrario podrá ser multado por una infracción de gravoso importe, al ser acusado el anfitrión de colaborador necesario por una decisión voluntaria, no reglada en los protocolos de los acuerdos bilaterales sobre extranjería entre España y el segundo y tercer mundo.

En un contrasentido que la educación de los jóvenes en las escuelas, institutos y universidades se vean amenazados por una evidente falta de instrucción y mentalización social que les espera, para asimilar el competitivo “marathon” que les aguarda sin trofeo asegurado, no ejerciendo una mayor atención sobre las consecuencias del significado de lo que se entiende por un nativo digital que vive un mundo superfluo más cercano a lo irreal, ofrecido por una tecnología sofisticada y de prensil aplicación a través de un teléfono móvil que emplean desde su temprano conocimiento los niñ@s, o la desesperación familiar por un colectivo cada vez más abundantes de “nini,s que postergan su independencia para formar otro hogar, incluso ya muchos hasta los cincuenta años.

Es un contrasentido que los ciudadanos tengamos que seguir soportando la ineficacia y el cómo se acicalan antes de prometer lo que no van a cumplir, los algo más de 160.000 políticos en España, más preocupados en sacarse los colores, que ya es difícil, lanzar soflamas barriobajeras, frases acuñadas de humanistas y otros brujos de la comunicación, bulos, insultos, escupitajos verbales de unos a otros, y protegerse de sus actos inconfesables por sobresalir en los telediarios o pasar desapercibidos en los hemiciclos para pegarle un mordisco a la oportunidad de llevarse algo de “chicha” corruptiva, o el mismísimo gato al agua, entreteniéndose en cuestiones nimias que no sirven para el bienestar y la seguridad que se puede esperar de una legislación que siempre queda olvidada para ser tratada únicamente en una cena de gala o conmemorativa, que ya son demasiadas.

“Las leyes “ah hoc” son como las túpidas y a la vez filtrantes telas de araña, por las que a través de las mismas pasan libremente los insectos grandes y quedan enredados los pequeños.”  

Y esos “mozalbetes” y “mayorcetes” de voto inútil cosechado en las urnas compartidas por los partidos políticos que desde el primer instante en el que se afilian les tienen atados, no se atrevan a presentarse en listas abiertas, para sin deber nada a nadie fortalecer su voluntad y personalidad propia, interviniendo con conciencia determinante para discutir y aprobar : La Justicia que se asoma a la ventana de las influencias sin separación de poderes claramente y con la toga ajada, la duración de las penas demasiado flexibles y blandas para quienes las provocan, la proliferación de sicarios que matan por el exceso de un narco-tráfico considerado mayorista, impidiendo muchas veces que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado se sientan recompensados por el apoyo que no se evidencia en sus detenciones cuando se juegan la piel en un servicio bien planeado, el aforamiento que seguirá sine die, los temas interminables de educación en la pública y en la privada, sanidad, pensiones, inmigración, la carestía de la electricidad, la vivienda y la ocupación ajena que no puede ser legitimada, los impuestos, la otra pobreza más que la energética que se da de bruces con la dignidad en el día a día por no llegar a final de mes por un salario de cebolla, aceptado sin remedio con una sonrisa cínica que pueda desaparecer de sus labios de hoy para mañana, aflorando de los ojos tímidas lagrimas cuando se observa que todos los productos y servicios suben y la nómina se queda fija, la responsabilidad mal entendida en la tributación fiscal de los socorridos autónomos, las empresas que se llevan sus industrias a otros paraísos de 60 horas a la semana y 400 € mes de paga por operario, más las que se “piran” por las bravas, argumentando motivos engañosos y que fueron subvencionadas, vaciando de trabajadores las fábricas, sin olvidarnos del turismo que se resiente y busca un cocotero más lejano, el problema de la Catalunya independentista que se encuentra en alerta máxima para no crear un drama, etc.etc.etc. Y no vamos a seguir describiendo más asuntos pendientes para calificar de infortunio el escaso papel que juegan quienes en teoría deberían dedicarse a resolver los problemas que nos amenazan y afligen de forma desordenada, creándose un puzzle auténtico e imposible, que no servirá para jugar ni dormirse en los cómodos sillones de sus señorías más avezadas en cómo reinventarse en cada legislatura marcada por una desafección democrática, para seguir cobrando ellos y ellas, lo que ya empieza a ser un escándalo generalizado, ejerciendo de protagonistas de un consentido “tocomocho” cuando sin experimentar recriminación alguna se les es segura la percepción y el finiquito, si llegase el caso, de acceder a la puerta giratoria de otros destinos de mejor retribuidos, y muchos con carácter vitalicio.

Es un contrasentido que sigamos como un rebaño de ganado alborotado, rechistando con un balar ahogado, consintiendo ser ninguneados y sin necesitar un pastor que nos guie como debería hacerlo un buen presidente de gobierno y una honorable oposición que debería corregir excesos, lo que nos hace recordar la leyenda del Cid Campeador, cuando el llamado así Don Rodrigo Díaz de Vivar, hizo jurar al rey Alfonso VI, que nada tuvo que ver con la muerte de su hermano Sancho II, lo que condujo al destierro, y a su paso escuchaba como el pueblo le decía con gratitud : ¡ Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor !


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*