Khashoggi, geopolítica y geopoder en estado puro de ansiedad

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Se pueden sacar conclusiones de un hecho dramático empeñado en convertirse en un film de intriga, suspense y asesinato por la tortura y muerte, después disuelto en ácido, del crítico periodista Jamal Khashoggi, que estaba reuniendo pruebas en contra de su país, la Arabia Saudita, por el empleo indiscriminado de armas químicas en la guerra del Yemen, motivo por el que según todos los indicios y la investigación del gobierno turco, ya que el horrible crimen se produjo en Estambul, concretamente en el consulado árabe aludido.

Yemen tiene un área rica en yacimientos petrolíferos y es el más pobre del mundo árabe, lo que ha hecho que la ambición de Arabia Saudita organice una trifulca entre ellos mismos, ayudando a la coalición más sumisa que durante cerca de cuatro años hostiga endiabladamente a la oposición cortando los suministros más imperiosos en cuanto a alimentación y medicinas, lo que ha producido una hambruna entre la población civil de considerables consecuencias. Todo bajo un estricto, moderado y silencioso programa de exterminio que las Naciones Unidas ha sido incapaz de paralizar, y en el que Derechos Humanos tampoco, por alguna extraña razón, no hace más para denunciarlo.

Existen suposiciones muy contradictorias que eximen al príncipe heredero Muhamadbin Salman de haber ordenado la ejecución del periodista saudí, pero no es menos cierto que el que será rey de Arabia Saudita es lo suficientemente inteligente para no llegar a un proceso de depuración que podría perjudicar su figura, dada su formación que le conduce a saber que cualquier opinión en contra en los medios de comunicación puede ser contrarrestada con el poder “crematístico” más útil y práctico de otro desmentido a nivel internacional más potente y a una escala de difusión incomparable, dejando la obviedad de no necesitar mancharse él las manos de sangre por haber ordenado la ejecución de Khashoggi.

El secuestro, descuartizamiento y evaporación de los restos del periodista que recaba manifiestos y material para un documental probatorio de empleo de fósforo en Yemen, es una chapuza de una dimensión macerada en la ignorancia de quienes se emplearon a fondo con la víctima, y puede ser atribuido a una mala interpretación de las órdenes o en cualquier caso a intentar por parte de los servicios secretos saudíes hacerle un regalo, hoy demostrado envenenado y muy poco aceptado, a la Casa Al Saud, dueña y señora del imperio financiero que produce el oro negro, pues esa sería nuestra opinión, ejercitándose los autores en un macabro ritual de venganza en la que intervinieron el cónsul y quince hombres, sin tener en cuenta cámaras de vigilancia otomanas que registraron la entrada numerosa de “funcionarios” árabes en el aeropuerto internacional Atatürk, como si se tratase de simpatizantes que concurren a un partido de fútbol, además de la bochornosa puesta en escena de un doble de Khashoggi con barba postiza y panza, para justificar la salida del citado consulado al que hay que reconocer como el de la casa de los horrores. Sin duda es despreciar el grado de profesionalidad de la inteligencia turca ( El Milli Istihbarat Teskilati (MIT) o Organización Nacional de Inteligencia ) para no aprovechar el error, y así tener una excusa para desligarse de la dependencia de proveedores indirectos en el suministro energético y decantarse por el crudo de Venezuela.

Se dice en los círculos de las breves noticias que reciben los analistas, mal llamados espías, que el MI6, al que los saudíes le consultan cualquier paso que dan, que la operación para neutralizar definitivamente el secuestro de Khashoggi no era un brillante plan, desaconsejando la acción y muchos menos, dado los muchos testigos que podrían aparecer a posteriori, no crear una secuela de dudas del interés excesivo que podría tener la casa real de Arabia Saudita en zanjar un tema que puede ser tratado como muchos otros en los que la información se contradice con la desinformación, dejando que el tiempo haga desaparecer una autenticidad relevante hasta cierto punto.

Otra hipótesis, que en solitarios invisibles tenemos, es que en el alud del caos con una oportunidad de sembrar descrédito con el asesinato de un chivo expiatorio, el Istakhbarat, la General Intelligence Directorate (GID) recibiese una llamada directa suplantada sin oportunidad de ser contrastada por la inmediatez que se requería por el órgano supremo que no admitía vacilaciones, orquestada por los magníficos profesionales de la intoxicación rusa, para poner en un brete a un país que comulga con los intereses occidentales, provocando un problema de proporciones como las que se han derivado.

Lo cierto es que en el juego de la geopolítica contra el geopoder monumental no se tienen demasiado en cuenta a las personas que mueren, incluso de inanición, en un Yemen infestado de bombas de fósforo, otras de racimo, los impactos de bala y morteros, que matan y diezman a un enemigo que en teoría duraría menos que en la olvidada guerra de las Malvinas, lo cuál quiere decir que si nadie interviene en parar la matanza, el caso Khashoggi no supone darle tanta importancia para quienes deberían velar por la seguridad internacional, a menos que unos y otros quieran desviar la atención sobre otros previsibles escenarios, como podrían ser que tras una guerra comercial se prepare otra más belicosa, por lo que no es de extrañar que los países más austeros y pacíficos como los nórdicos mantengan la obligatoriedad de un servicio militar o la vuelvan a instaurar, como ya lo está diseñando Alemania, Francia e Italia, mientras que en España, que todo queda para el día después, se dice que no es necesaria tal medida “desfasada” y costosa para las arcas de un Estado que bastante tiene con aprobar los presupuestos y los escándalos de Villarejo versus Khashoggi en versión humorística.

Los despropósitos mundiales para unos son de primordial magnitud aplicar serias medidas para lo que pueda acontecer, y para otros, los de naturaleza brava ibérica, sencillamente consiste en seguir mirando hacia la luna de un espejo en el que todos se ven muy apolíneos, para no ver en realidad que cuando “las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar” sean una premonición en la que por ahora no vamos a entrar por el temor que representa lo que en un capítulo anterior ya hemos pronosticado podría suceder.


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