La agresividad gratuita, injustificable y bochornosa no se tolera ni se perdona en el “cambio” Abinader

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Los manotazos repentinos de personas políticas que no muestran arrepentimiento alguno, se pueden convertir en expulsiones inmediatas en un partido que no admite dislates de cualquier tipo

Sadoki Duarte Suárez, dijo en su defensa reciente “Yo soy incapaz de golpear a una mujer”, lo que quiere decir, suponemos con extrañeza y dudando de la afirmación, que la dama miente y usted sigue con su chulería, pues a buen seguro, y por los datos anteriores cuentan de su incompatibilidad con los agentes del orden público allá en el año 2005, en los que hechos violentos con testigos pudieron verificar que tiene usted la altanería algo subida.

Al respecto del incidente, usted dejó de ser un caballero intentando desmentir a una femenina policía raso de reciente ingreso en el cuerpo, que al menos ha tenido la decencia y valentía de denunciarle por una agresión intolerable, que mejor hubiese podido ejercerla su señoría con otro varón que no va alardeando de diputado que es usted de la provincia Sánchez Ramírez de la República Dominicana, ahora en cambio constante que seguro le va a pasar factura, en principio de expulsión nos tememos que no le vendrá de susto y raro, dado que el PRM (Partido Revolucionario Moderno) esas cositas ariscas y salidas de tono hacen que no se les encasquille la decisión de prescindir cuantos antes de personajes que fueron reclutados sin previo examen cívico, que no andan como ciudadanos ejemplares provocando escenas públicas e irrespetuosas a la gente, aunque nunca debería olvidar el señor Sadoki, que hay altercados que pueden dirimirse con cuatro opiniones distintas coloquialmente y en paz, pero de eso a gastárselas crudo y envalentonado con una responsable de la autoridad, a la que le debe el idéntico respeto que a usted le profesa la misma, opta usted después de increparla duramente, obsequiándole con un puñetazo de gimnasio sin ring, arbitro ni campanilla, convirtiendo el espectáculo en una agresión que probablemente duela más por provenir de un fatuo representante del pueblo, que bien se merece que le corten las alas y las uñas, metafóricamente escribiendo, recibiendo la lección correspondiente que le dará la nota triste de insuficiente.    

Sadoki, si tuviésemos que añadir una identificación de paralelismos por los nombres y apellidos que usted disfruta de poseerlos, eso sí y sin faltarle una pulgada, diríamos que nos recuerda al pirata “Sandokan” llamado el “tigre de Malasia”, y al uso grácil de su nombre la familiaridad tomada en el diminutivo, pero éste era más caballero, más defensor de los justos y más humilde por zanjar la admiración del mismo cuando luchaba por una justa causa, no la de usted por supuesto.

En cuanto al apellido Duarte, llevarlo inherente es un honor, orgullo, satisfacción y un prestigio, y no debería ser pronunciado con perjuicio por no haber razonado sin acaloramientos cuando se trata de recordar a un digno reconocimiento del país, que no merece un epíteto muy distinto al que se le reconoce al libertador, que ciertamente no le hubiese sentado bien verse involucrado en sus ordinarias riñas, y más con jóvenes defensoras de la Ley, protectoras que lo son y serán de su persona llegado el caso, pero no con esa actitud, téngalo en cuenta.

En cuanto a su segundo apellido, Suárez nos hace recordar a un expresidente español, ya fallecido que acostumbraba a decir que antes de cometer un error deberían considerar las consecuencias, pues atado y bien atado deben quedar los actos, quienes coinciden y colaboran en gobernar el Estado. Y como apunta Luis Abinader, presidente de la República Dominicana y líder del partido PRM, nadie está por encima de la Ley.   


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