La corrupción a ritmo de samba, que amenaza, se esparce y apesta

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El caso del culebrón brasileño interminable de Odebrecht en determinados países : Angola, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos de Norteamérica, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela, además por la parte que le toca por el grupo político Podemos, al que también supuestamente se le benefició con una subvención que no otro clásico soborno. Los países citados ​durante los últimos 20 años se dejaron querer todos aquellos que firmaban obra pública, repartiendo el beneficio que a su vez se repercutía en los presupuestos como un añadido consentido para obtener beneficios improcedentes en las contrataciones.

Al observar que todavía no hay sentencias firmes, puesto que la ofensiva defensora del clan brasileño no cesa, y el efecto que entraña el que los prestigiosos abogados ya organizan recursos de amparo desde las primeras citaciones a declarar, y ya fuera del ámbito judicial que está causando crispación y más desorden institucional, todavía nada llega a arreglarse con la claridad deseada, además de las dudas que se suscitan de cómo se debería atajar el procedimiento, sugiriendo que no estaría de más se acordase repetir los defectos con los que nadie está contento y fuese mancomunado la repetición en un solo escenario, al igual que se hizo con el juicio de Nuremberg por crímenes nazis después de la segunda guerra mundial, y así recopilar una acción única y no tan disparatada, sin tantas piezas sueltas que afecten en mayor medida una solapada e intrigante controversia entre las fiscalías y el “sancta sanctorum que consiguió doblegar a la honradez que en teoría para muchos acusados siguen alegando es sagrada y por tanto inocentes son, a los impedimentos y normativas, algo que costará desligarse en los aparentes tiempos de transparencia que vienen, al estar la causa más contagiada de lo que parece, de la misma manera que ha salpicado en profundidad y con mancha a los países citados y una cadena de funcionarios además de políticos en amañada connivencia, convirtiendo el problema en una carrera de fondo y sin final, o en sencillamente una mona de pascua a la que cortejar para no dejar bocado pendiente alguno en la bandeja a fin de no dejar rastro del pastel, lo que redundaría en llegar a la conclusión de que si existen nuevas muestras de olvidarlo todo y “accidentar a algunos testigos”, un caso a evitar con rotundidad de anticiparse policialmente todavía que se está a tiempo de hacerlo, pues si no hay cucharada politizada de intervención rápida, honesta e influenciable poco se conseguirá, para que las estructuras judiciales no contaminadas reciban una mínima prestación para oficializar y responder con sagacidad a un proyecto de borrador robado, que se barajó en un despacho de malhechores con toga a la misma vez, con horas distintas, camelos con figuras esculturales adornadas de lasciva y mucha conspiración para los dudosos y en 12 capitales de ciudades distintas, destacando el Caribe y Cono Sur como un ejemplo del escándalo consentido, en donde los micrófonos se apagaban y los guardaespaldas de los titulares en la terraza tomaban el sol.

Y dicho lo anterior, los suicidios todavía se han producido menos de los esperados a día de hoy, aunque algunos sustos y accidentes de tráfico con decesos lamentables han ocurrido, y engrosado las listas de desaparecidos para la normalización de unas declaraciones, muchas desmentidas y otras negadas, que han dejado de estar bajo prescripción y confinamiento al esperado para el día del juicio final, sin importar demasiado que todavía aparezcan indemnes en una cárcel lejana en donde los más “inocentes” y sospechosos, esperan con resignación un veredicto por lo sucedido, que a lo mejor nunca llegará, y que en plena libertad de los más comprometidos, ya se ocupaban de pertrechar a los indomables de presupuestos sabrosos para ejercer su labor de sicarios, mientras los afortunados e inalcanzables no han sido ni serán molestados por la justicia que se pierde entre papeles y falsificados contratos, pudiendo seguir cada tarde brindando al sol.

Y mientras todo lo anterior ocurre muchos listos componentes de gobiernos amortizados pasados y recientes se aprovechen con descaro del oscuro litigio Oderbrecht, pensando que bien podrían cargar ellos con las culpas del desconcierto y otros desmanes realizados en “petit comité”, creando un sombra de duda y desconfianza a modo de cortina de humo para cargar a los corruptores “brasileiros” a gran escala lo que hacen los desalmados locales, muy cerquita y a flor de piel, que piensan que nadie les va a acusar de llevarse unos buenos cuartos de esos 11.500 millones de pesos por la compra de hormigón asfáltico en la República Dominicana, que bien merece una investigación en profundidad para que el nuevo gobierno de Luis Abinader comience con buen pie.



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