La cultura y sus humildes anónimos mecenas

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Piero Aloini vs Fundación América

Probablemente de alguno de los 178 canales que tiene Venecia y de sus profundidades entre 2 y 5 metros de aguas salobres italianas y serenas, aunque en ocasiones aparecen inquietas, surgió un día la voracidad cultural de Piero Aloini por conocer el mundo en todas sus dimensiones intrínsecas y en aquellas facetas relacionadas en una sociedad con la que tratar en cualquier punto geográfico, casi emulando al célebre personaje, tal lo hizo y experimentó Marco Polo en el inició de su ruta de la seda más allá de los años mil doscientos y pico, en el que aprender e implementar el conocimiento de lo ignoto para el ajeno y su intercambio en el saber era una imperiosa necesidad, para así concebir y extender la idea subliminal de que la reflexión en la caja del pensamiento es una tarea imprescindible y obligada para entender el legado de cualquier civilización por muy inaccesible que sea.

Piero Aloini es una persona carismática, educada y con un carácter extremadamente exigente, cuando se defiende vehementemente de si mismo a fin de despejar cualquier duda y contradicción, en la que reserva para él su indómita paciencia por repetir hasta la saciedad lo que puede costar almacenar al interlocutor sobre una información que siempre resultará útil, relevante para quienes tiene la oportunidad de conversar, debatir y puntualizar la opinión más clara o abrupta, de la que siempre podrá extraerse en primera instancia, el voluntarioso esfuerzo que el mismo emplea en trasmitir la sapiencia como un deber personal, llegando más pronto que tarde a posturas y conclusiones afines, que aunque diversas coincidirán siempre en el viejo adagio de que el saber no ocupa lugar.

Piero Aloini es una especie de gladiador del siglo XXI en las arenas paradisíacas del caribe dominicano, compartidas con los millones de litros de hormigón urbano que contornan el área metropolitana de su capital Santo Domingo, y ni que decir tiene con su inquietud arraigada, que se desprende y comparte con la de sus muchos de inquietos moradores, voluntariosos por cada día restar un ápice de la curiosidad que se desprende y trasciende en otras ciudades más allá de los mares que circundan la isla.

Piero es un hombre afable, accesible, cordial, que contagia fiabilidad y denota fidelidad para quienes suman conocimiento, impidiendo tan solo con la mirada, que quienes se duermen en la distracción pueril y pasajera, no tengan un lugar reservado en su demostrada actividad, dedicación en tiempo y lugar que únicamente serviría para retrasar e impedir el desarrollo intelectual que se plantea como premisa y se programa en la cita de un ente laboral modélico y de ejemplar motivación, refiriéndonos a su Fundación América, ubicada en la bella arquitectura de la zona colonial de Santo Domingo Este (República Dominicana), en la calle Salomé Ureña, 59 .

La Fundación América Cristoforo Colombo – Americo Vespucci mantiene una invitación permanente para pensar en GRANDE, despertando y fomentando el interés en la ciudadanía terrenal, utilizando el gesto innato de entrega plausible para desarrollar una conciencia de pertenencia indisoluble a una cultura continental globalizada, no eludiendo ninguna consigna local de la que prescindir y seguir respetando la huella y el distintivo de identidad de quienes cohabitan y se mezclan para hacer de este globo que respira todavía, una unión más justa y menos perecedera en sus comportamientos, muchas veces reprochables y otras rebosantes de un dinamismo convincente para seguir adelante, siempre en pro de una acción cívica que merecerá tenerse muy en cuenta, mientras el intelecto se halle plenamente abierto a cosechar la predisposición humana y su sagacidad para entender desde lo sucinto a lo inimaginable, sea cuál sea su orientación de género, política o religiosa, para lograr revestir al espíritu de una armadura que rechace el acicate del virus de la ignorancia envasada, a través de la incoherencia de muchas prescripciones enfocadas al consumismo y al adoctrinamiento, siempre en aras de mantener por caprichosa perversidad la soberanía en cualquier esfera social y por alinear a todos por igual, obteniendo la nula reacción de quienes tienen talento para añadir una pizca de ilusión en un mundo que todavía debe despertar de su letargo.

Piero Aloini representa la experiencia y una agilidad mental envidiable por la que transmite ilusión, terapia grupal y una avidez por dotar las exposiciones culturales sin apartarlas del verbo de la explicación coherente y para todos quienes se animen a refrescar sus capacidades, intuyendo que probablemente esa catarata de ideas le haya sido otorgada después de haber pertenecido al movimiento internacional Viva la gente (Up With People), una organización nacida en 1965 que a nivel mundial supuso llevar la voz adherida a la educación y al concepto del bien gregario a muchísimos millones de personas, que gracias a sus canciones con letras de vivo y reconocido contenido, supieron recuperar la esperanza por crear un sociedad mejor, aunque todavía en tal sentido hay mucho que hacer.


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